El blog de Josep Prats

Invertir a largo plazo

Mientras escribo estas líneas, la rentabilidad ofrecida para el comprador de deuda pública del Reino de España, del bono soberano a 10 años, baja del 2%. La del alemán sigue anclada por debajo del 0,8% y la de la mayoría de países de la zona euro oscila entre el 1% y el 2%. A plazos menores de cinco años no hay deuda soberana de ningún país de la región, salvo los intervenidos, que ofrezca rentabilidades que alcancen el punto porcentual.

Siendo el objetivo de inflación de la zona euro, a medio y largo plazo, del 2%, parece estrictamente imposible conseguir rentabilidades reales positivas invirtiendo en deuda soberana para todo aquel que compre los bonos y los mantenga hasta vencimiento. Para el especulador a corto, para aquel que piense que las rentabilidades ofrecidas pueden bajar, aunque solo sea coyunturalmente, solo invirtiendo en bonos periféricos, a muy largo plazo, y asumiendo prácticamente escenarios de deflación, hay alguna expectativa de rentabilidad marginalmente positiva.

Paralelamente, las grandes compañías cotizadas de la zona euro, las representadas en el índice Euro Stoxx 50, están pagando a sus accionistas, en concepto de dividendo, una cantidad que equivale a algo más del 3,5% del precio de mercado de las acciones. Si cumplen con las promesas y expectativas de dividendo para 2015, dicha rentabilidad se elevaría hasta niveles próximos al 4%.

Esta situación es francamente anormal. La rentabilidad por dividendo de las grandes empresas suele situarse en un nivel intermedio entre la que ofrece la deuda pública a corto plazo y la que nos proporciona a largo. En un escenario normal, con una expectativa de inflación a largo plazo del 2%, estaríamos hablando de una deuda a un año que ofrece el 2%, una deuda a 10 años que proporciona el 4% y una cesta de acciones de grandes compañías genera una rentabilidad por dividendo del 3%.

El 3,5% de rentabilidad por dividendo actual es ligeramente superior al que cabría esperar en un escenario normalizado de tipos de interés. Y es una rentabilidad excepcionalmente elevada si la comparamos con los tipos actuales.

Solo en una hipótesis de clara deflación, de inflaciones no bajas, sino claramente de signo negativo, podríamos considerar que el rendimiento de los bonos es adecuado. Tal hipótesis sería solo posible en caso de vuelta a la recesión en Europa. Pero incluso en dicho caso, el de crecimientos próximos a cero con tasas de inflación cercanas a cero en el Viejo Continente, la inmensa mayoría de las grandes empresas europeas no tendrían necesariamente que recortar su dividendo. Sobre todo si el crecimiento y la inflación en el resto del mundo siguieran marcando signo positivo, puesto que dos tercios de su actividad tienen lugar fuera de Europa.


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