El blog de Josep Prats

Gracias, Syriza

Finalmente Syriza ha ganado las elecciones griegas. No saben qué alivio he sentido. Durante unas semanas los profetas de la catástrofe, los sepultureros del euro, tendrán sus momentos de gloria. Un día el ministro de economía griego le hará un desplante al presidente del Eurogrupo, otro día decretarán el aumento del salario mínimo (que no afecta directamente a las arcas públicas, puesto que todos los funcionarios cobran más), al cabo de una semana dirán que no quieren hablar con la troika y al cabo de dos que quieren una quita, una espera, una quita y espera o, por lo menos, una rebaja de intereses. Y dentro de un mes, o de dos, dirán que bueno, que si les dan algunos fondos estructurales, alguna ayuda al desempleo juvenil, algo de financiación para infraestructuras, un poco más de tiempo para rebajar el déficit, y ciertos plazos de acomodación para el pago de la deuda, ya les vale. Lo que no les vale es salir del euro y, por ello, no saldrán.

De momento están de tournée por los países en los que creen tener gobiernos más o menos afines, comprensivos con su causa, la de primar el crecimiento sobre la austeridad (la de seguir gastando lo que no tienen…). Cuando ya estén un poco más maduros y vean que las palmaditas en la espalda y las muestras de comprensión no pagan las facturas, tendrán que vérselas con la jefa. Algún día Tsipras hablará con Merkel y la canciller le hará ver que para pertenecer a un club hay que cumplir las normas de comportamiento y pagar la cuota de socio. Y que si se rebajan las cuotas temporalmente es porque el resto de socios quieren ser generosos, una concesión graciosa, nunca un derecho del incumplidor.

Y cuando eso pase, dentro de unas semanas, o quizás algún mes, habremos resulto de una vez por todas la gran incógnita, la de la continuidad del euro. Y la respuesta es obvia. Sí, el euro seguirá, porque habiendo sido puesto a prueba en el país más incumplidor con el gobierno con mayor voluntad de incumplir, al final nada se romperá. Porque los griegos son tan malos recaudadores de impuestos como buenos captadores de subvenciones europeas.  Y aunque adoran su independencia y odian a los burócratas de Bruselas, están completamente enamorados del euro y la sola mención del dracma les produce pesadillas.

Grecia seguirá en el euro, los estados soberanos periféricos no dejarán de pagar su deuda, los bancos de la eurozona volverán a prestar y la economía de la zona, ayudada por un tipo de cambio favorable y un petróleo bajo, crecerá más de lo previsto. Y con ella, los precios de las acciones de grandes compañías de la eurozona.

Lo siento por los columnistas anglosajones, por los intermediarios de acciones y bonos y por tantos que, por convicción o por interés, predicaban la muerte del euro. Si hubiera ganado Samaras seguirían teniendo la oportunidad de decir que lo de Grecia seguía pendiente. Ya no.

Gracias, Syriza.


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