El blog de Josep Prats

Deuda y ahorro

Desde hace unos años, en especial, a raíz de la todavía reciente última crisis bursátil, son muchas las voces que alertan sobre el alarmante aumento del endeudamiento, tanto público como privado. La suma de lo que deben las administraciones públicas, las empresas y las familias, medida como porcentaje sobre PIB es elevada y creciente en las principales economías desarrolladas. Es cierto, aunque también sea cierto que el importe total de intereses que se paga por dicha deuda no solo no haya crecido sino que incluso ha disminuido en muchos casos si lo medidos, también como porcentaje sobre PIB.

Hay mucha deuda, pero todo lo que se debe se le debe a alguien que lo ha prestado, el ahorrador, que con el banco, o el fondo de inversión como entidad interpuesta se convierte en prestamista. Hay tanta deuda como ahorro, tanto consumo o inversión no autofinanciado de unos (incremento de deuda), como diferencia entre ganancia y consumo (incremento de ahorro) de otros.

Hace un par de generaciones muchos jóvenes no tenían deuda hipotecaria porque sus padres se habían encargado de construirles o pagarles una vivienda. Lo que los padres ahorraban no iba al banco sino a la compra de un terreno y materiales de construcción y pago de salarios de albañiles. Así sigue siendo todavía en los países poco desarrollados, por lo general, poco endeudados, porque nadie se atreve a prestarles.

Ahora los padres ahorran, depositan su dinero en el banco y es éste el que cede el dinero, a cambio de unos intereses en los préstamos que permite cubrir, con un margen de ganancia, los intereses que pagan por los depósitos, a sus hijos. Los padres ya no se mueren unos pocos años después de dejar de trabajar, como antaño, sino que sobreviven un par de décadas largas a la edad de jubilación. Dar dinero a cambio de nada es algo que ya no se pueden permitir. Lo pueden dar temporalmente, y remunerado con intereses, esperan recuperarlo y poder gastarlo cuando llegue la vejez. En contraprestación por no haber recibido la casa gratis, los hijos tampoco se ven en el compromiso de tener que mantener a sus padres durante lo que antes era una corta, y hoy es una larga, ancianidad.

Las cosas funcionan así. En especial en los países más ricos, que son los más endeudados (y, por ende, los más ahorradores). Estados Unidos, Reino Unido, Japón y, poco a poco, la Europa Continental, se sitúan en la cabeza de endeudamiento total. A la cola, obviamente, los países más pobres, que no son los que más deben, sino los que menos ganan.

Una generación presta a la otra en el caso de particulares de renta media y baja. Los particulares de renta alta y algunas, pocas empresas, generan el ahorro necesario para financiar a otras empresas. Y el conjunto de agentes económicos financia al Estado, a cambio de que éste haya invertido antes en escuelas, universidades, hospitales, carreteras, puentes e infraestructuras en general, por las que, en general no cobra o cobra poco.

El endeudamiento es un signo de progreso, porque solo habiendo progresado se puede haber ahorrado para prestar lo prestado.


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