El blog de Josep Prats

Crimen y castigo

Empezamos el mes de julio con España en la portada del Financial Times. El presidente de Gowex admite haber falseado la contabilidad durante varios años y este desgraciado incidente sirve para poner en jaque la fiabilidad del mercado bursátil español. Estafadores los hay en todo el mundo. Fraudes contables en empresas cotizadas, también. Y los más grandes suelen tener lugar en los mercados anglosajones. Aunque también es cierto que en esas jurisdicciones los estafadores suelen dar con sus huesos en la cárcel.

Es lamentable que Madoff pudiera engañar durante tanto tiempo a tantas almas cándidas, a tantos creyentes en la posibilidad de mantener rentabilidades de dos dígitos con volatilidades próximas a cero. Pero es reconfortante verlo entre rejas. No se puede impedir el delito, pero cuando el criminal es descubierto tiene su castigo.

En el mundo de la delincuencia económica hay pocos Raskólnikov. Los criminales societarios solo confiesan tras el descubrimiento de pruebas irrefutables. Parece que falsear contabilidades provoca pocos remordimientos. No es un crimen violento, no hay lesiones corporales aparentes. O no los hay de forma directa, evidente. Porque provocar la ruina de millares de personas, hacer desaparecer los ahorros acumulados tras años de trabajo, puede llevar al hundimiento psicológico de muchas de ellas.

Las empresas cotizadas en la bolsa española, tanto las que lo hacen en el mercado continuo como las del MAB (Mercado Alternativo Bursátil) están auditadas y obligadas a proporcionar periódicamente información sobre sus estados contables y la evolución de sus negocios. Podemos criticar todo lo que queramos la regulación o la supervisión. Podría exigirse mayor detalle o mayor frecuencia en la provisión de información o en la comprobación de la misma. Pero hay mentirosos con el desparpajo suficiente para engañar continuamente con todo lujo de detalles. Una buena regulación y una buena supervisión de nada sirven si no van acompañadas de un buen régimen sancionador. Sin la amenaza de cárcel, los delincuentes se ríen de los policías, de los jueces, de los legisladores y, por ende, del pueblo soberano.

La contabilidad no es una ciencia exacta. Hay temas opinables, como cuánto y cuándo se amortiza una inversión o un fondo de comercio, cuándo y cuánto se tiene que dotar una provisión por insolvencias, qué es ordinario y qué es extraordinario… Y mil cosas más. No todo lo que al final resulte estar “mal contabilizado” tiene que ser representativo de una voluntad de fraude o estafa. Pero inventarse la cifra de ventas, decir que has vendido lo que no has vendido y que la diferencia entre los números publicados y los reales sea de varias veces, no es una discrepancia contable. Es, simple y llanamente, una estafa.

Si no pagan los pecadores, pagan los justos.


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