El blog de Josep Prats

Corrección bursátil

En el argot bursátil, en la última semana las bolsas han corregido, han sufrido una corrección. Nunca he entendido muy bien la razón que lleva a aplicar el término corrección a las caídas bursátiles y no a las subidas. Corregir es, según el diccionario de la Real Academia, enmendar lo errado. Pensar que, cuando la bolsa cae, está enmendando un error, es propio de un talante pesimista, que cree que solo equivocadamente la bolsa puede subir. Cuando el estado natural de las bolsas no es otro que el de tener un valor cada vez más alto siempre que los beneficios de las compañías que cotizan en ella sean también, cada vez más altos. A largo plazo la economía crece, los beneficios de las empresas crecen y el valor de sus acciones también.

No hay nada de antinatural o de extraño o de incorrecto, en que los grandes índices bursátiles norteamericanos estén cerca de máximos. En máximos están los beneficios de sus empresas, y en máximos tiene que estar su valor. Cuando se produjo una corrección auténtica fue hace cinco o seis años. En 2008 y en 2009 el S&P 500 estaba en niveles claramente incorrectos, claramente erróneos, claramente bajos, que no podían justificarse atendiendo a la capacidad de generación de beneficios de las empresas siempre que dichos beneficios se descontaran a una tasa razonable, coherente con un escenario verosímil de tipos de interés. Poco a poco, la bolsa corrigió dicho error, y ahora ya cotiza a niveles bastante correctos.

La bolsa europea no ha seguido el mismo proceso o, por lo menos, no lo ha completado en la misma medida que lo ha hecho la americana. Todavía no está aplicando tasas de descuento razonables a los beneficios de muchas empresas. La percepción de riesgo sigue siendo incorrecta, excesiva, con rescoldos de la todavía reciente crisis de confianza en la solvencia de la deuda soberana de algunos países de la zona euro que llegó a poner en cuestión la misma supervivencia de la moneda única. Y el sector financiero, en especial el bancario, es el que más padece esta incorrecta percepción de riesgo. En este clima, episodios que deberían ser menores, crisis cuantificables en unidades de millardo de euros, como la del Banco Espirito Santo, pueden despertar, aunque sea temporalmente, algunos fantasmas.

No serán necesarios muchos meses más para que las bolsas corrijan este error. Bastará con que el BCE diga, en noviembre, que las cuentas de los bancos son correctas.


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