El Blog de J. de Mendizábal

El problema no es la Copa de S.M.

Son ganas de engañarse tratar de circunscribir los problemas que sufre España a que la mitad del Manzanares/Calderón (o más, si atendemos a las elecciones) vaya a pitar al Príncipe (al Rey, en su caso), a la bandera o al himno nacional. Este asunto, como muy bien sabe Esperanza y todos los demás, desgraciadamente lleva larvándose durante los últimos 30 años. Nada que ver con la final de football de la Copa del Rey entre el Athletic y el Barça.

1. España tiró la toalla

Sí, España, el Estado Español, tiró la toalla en el País Vasco y Cataluña hace ya muchísimos años. En este sentido, no estoy muy seguro que los niños de 2 a 16 años de esas regiones sepan exactamente las notas del himno español. A no ser por Nadal, los motociclistas o algunas selecciones, no creo que lo hayan oído en su vida. Conste que no he dicho "en su puta vida", porque realmente han vivido bastante bien en comparación con otras regiones de la España de la que reniegan. Si exceptuamos los atentados de ETA (buena parte de los cuales, si no la mayoría, se producían, además, fuera del País Vasco), puta vida, lo que se entiende por "puta vida" no ha sido precisamente. No hay más que darse una vuelta por mi pueblo: en Bilbao, comparativamente con el resto de España, se vive a todo trapo. Y en Cataluña, Carod-Rovira, socio del PSC por cierto, negoció una tregua unilateral hace ya años: "ETA, por favor, no atentéis en nuestra nación; en realidad, vamos con vosotros". ¿El problema es, entonces, que se pite al himno, al Príncipe o a nuestra bandera en el Calderón?

2. ¿Qué hizo la Corona por estar presente en aquéllos territorios bajo su tutela?

Desde aquella vez que el Rey tuvo lo que hay que tener para ir al Parlamento Vasco y hacer un discurso institucional, constitucional, patriótico y todo lo demás, han pasado demasiado años. Nunca después, al margen de inauguraciones y visitas guiadas por empresas, ha aparecido por allí. Missing in action. Dejación de funciones, podría llamarsele. Sólo el Príncipe, arropado por un clamor popular de indignación sin precedentes, se atrevió a ir al funeral de Miguel Angel Blanco en Ermua. Luego ¿qué mas? ¿Cuántas veces han ido allí que no sea, otra vez, a inauguraciones o visitas guiadas? En 34 años ¿no ha habido alguna ocasión de darse un paseo por la zona? ¿Tal vez tomarse unos "pinchos" de vez en cuando? O, mejor, ¿dar un discurso en Guernica, en el Parlamento Vasco...? En mi opinión, a eso se le llama dejación de funciones de los garantes de la unidad de España, según relata la Constitución.

 3. La Educación. Que lo lleven ellos, total...

La frase resignada que se oye por doquier: "total, como hemos cedido todo, ¡qué más da!" Pues sí que da, a pesar de los 34 años que han pasado desde que se transfirieron las competencias en Educación. Da tanto como que hay gente de 30 años en Cataluña o el País Vasco que la única noción que tiene de España es que ellos, ricos, productivos y formados, subvencionan con sus impuestos a la banda de anormales, vagos y maleantes que viven de Madrid para abajo. ¿Le extraña a alguien que piten en el Calderón?

 4. Un enfrentamiento visceral

Llevo años viendo a mi equipo, el Athletic de Bilbao, en muchos sitios fuera de San Mamés. Casi siempre fuera de San Mamés, porque vivo en Madrid. Los gritos que más oigo: "no son leones, son maricones" y "que viva España" de Escobar (todo un síntoma). Sólo por hablar de lo último, cuando hace dos semanas abordaba en Madrid el avión camino de Bucarest, rodeado de gente del Aleti de Madrid, como es lógico, un anormal profundo de los que abundan por todo el país me gritó "¡España, España!". Me paré, cosa que, en general, no suelo hacer: "Perdone, pero me está ofendiendo; yo soy igual de español que usted sino más, porque yo sí sé quiénes son mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos y mis tatarabuelos, por no seguir: todos vascos y españoles. No sé si Ud. puede decir lo mismo". Es decir, las ofensas las sufrimos todos.

Dicho esto, un reconocimiento: me pareció espectacular la pasión de la afición del Aleti. Espectacular. Desgraciadamente viví el partido entre ellos. ¡Cómo animan!. Me quito el sombrero. ¡Qué entrega! Y ni el más mínimo problema entre ellos. Lo que quiere decir, entre otras cosas, que el del "¡España!¡España!" era un gilipollas más, de los que abundan en todas partes, en el Aleti, en el Athletic, en el Barça o en el Madrí. Esperemos que la enfermedad no se extienda. Más, quiero decir.

¡Aúpa Athletic y, claro, Viva España!


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