El Blog de J. de Mendizábal

¿Un pingüino en mi ascensor?

En los años 80 proliferaron los grupos musicales en nuestro país. Ciertamente, la mayoría de ellos dejó para la historia una (o ninguna) canción, pero lo que no se puede negar es la creatividad premonitoria de los nombres de sus grupos y la situación que vivimos 30 años después. Sin ánimo de ser exhaustivo, a continuación miren algunos ejemplos: "Cómplices", "Siniestro Total", "La Dama se esconde", "Toreros Muertos", "Golpes Bajos", "Zombies", "Derribos Arias", "Parálisis Permanente", "Seguridad Social", "Alarma", "Los Ilegales", "Los Cardiacos", "091", "Desperados", "Os Resentidos", "Peor Imposible", "Burning" y tantos, tantos otros, con mención especial para "Presuntos Implicados".

Es evidente que la situación del país no era especialmente boyante en los 80; es más, era lamentable (no es el momento de aburrir con cifras y datos) y supongo que de ahí nacieron buena parte de los nombres de aquéllos grupos. Hoy, 2013, parece que fue ayer y, si no fuese porque internet -y la crisis- también se ha llevado por delante la industria discográfica, supongo que habría una nueva hornada de grupos con nombres igualmente llamativos y descriptivos de la situación.

Los títulos de las canciones no tenían tampoco desperdicio (les recomiendo el recopilatorio "La Edad de Oro del Pop Español 1978-1990") y, dadas las circunstancias, cabe destacar "Espiando a mi vecina" del grupo que da título a este artículo. A cuenta del mismo, "Un Pingüino En Mi Ascensor", y como estamos en fase de instrucción judicial -toda España está en fase de instrucción judicial- me atrevería a sugerir a los jueces y fiscales de los innumerables casos que incluyesen en sus interrogatorios una pregunta similar:

    P: ¿Ud. no se dio cuenta que había un pingüino en su ascensor?

    R: Un pingüino. Pues no me fijé, la verdad. En cualquier caso, no me consta.

    P: Ajá, entonces de las casas en Pedralbes, Baqueira, Guadalmina, Sotogrande, Velázquez y demás casas de recreo... y de los coches y las propiedades y cuentas en el extranjero, mejor ni hablamos. Y del tren de vida diario, tampoco, claro.

Al margen de las gracietas, es simplemente un insulto a la inteligencia más mediana que el entorno familiar, social y profesional de todos los implicados en los infinitos casos de enriquecimientos súbitos y anormales no se diesen cuenta de nada, siendo partícipes del escándalo, al menos a nivel usufructuario. Y aquí viene el quid de la cuestión. En el hipotético caso de que no puedan ser ni imputados todos esos compañeros de viaje por diversos motivos (prescripción, falta de pruebas, exoneración por parte de los que sí han sido imputados) existe una cosa que se llama moral (en contraposición a inmoral). Y, precisamente, esa moral es la que debe inhabilitarles para desempeñar o seguir desempeñando cualquier cargo público en representación de los ciudadanos. Por supuesto, sin que haga falta dar nombres, la lista es inmensa, pues hablamos de todo el arco parlamentario nacional, comunidades autónomas y ayuntamientos incluidos.

Sin pingüino en el ascensor, sin imputación de por medio, una ministra alemana acaba de dimitir por copiar una tesis hace años. Todo un ejemplo a seguir.


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