El Blog de J. de Mendizábal

El 50% es justo. ¿Sí? ¿Dónde lo pone?

Durante muchísimos años a la sociedad española –lo que queda de ella, más bien– resulta que le ha parecido bien que los deportistas de mayor éxito tuvieran una especie de exención fiscal dado que sus carreras se desarrollaban durante un corto periodo de tiempo. El asunto tiene su lógica y, sobre todo, dado que eran (son) personajes muy populares, no ha merecido una atención muy especial por parte de Hacienda. Puede que esto esté también cambiando, pero era así hasta hace bien poco.

Después de años de esfuerzo, todo va sobre ruedas. Pero, de repente, empiezas a ser cuestionado o, sin serlo, empiezas a ganar menos y, en el peor de los casos, incluso, eres despedido

El asunto en cuestión es que si la premisa anterior pudiera ser correcta, no se entiende nada bien por qué la misma no es extensible a cualquier profesión. Pongamos un ejemplo típico. Una persona estudia durante años, empieza a trabajar con un sueldo mínimo y, debido a su mérito, empieza a ganar cada vez más dinero. Llega hasta el punto de ganar con veintitantos o treinta y tantos años, más de 50.000€ anuales e, incluso, a ganar 100.000, 200.000 o 300.000€ al año. Está en el cenit de su carrera. Todo va sobre ruedas (ruedas posiblemente de un BMW, un Audi ó, los más sofisticados, un Range o un Infiniti) pero, de repente, sea por la empresa, el sector, por el empuje de los de atrás, por un cambio en la dirección, porque tuvo un hijo y decidió volcarse en ello, o, también, por su menor capacidad de adaptación a un mundo tan cambiante o una menor dedicación... empieza a ser cuestionado o, sin serlo, empieza a ganar menos y, en el peor de los casos, incluso, es despedido.

Con 45-50 años, en la calle

La persona en cuestión, obviamente dedicado a la actividad privada –en la pública no pasan estas cosas; v.g. Rubalcaba acaba de volver a dar química a la Universidad...; por cierto, o ha hecho un curso acelerado después de 40 años en política o debe estar enseñándoles a manejar el Cheminova– esa persona, tiene algunas posibilidades de encontrar otro trabajo. Pocas. Pero, desde luego, no va a encontrar un sueldo fijo de cien, doscientos mil o más euros anuales. Eso, lo de encontrar trabajo, en el mejor de los casos. Si no, al paro.

Ya. ¿Y quién le devuelve todo lo que ha pagado a Hacienda cuando todo iba sobre el Infiniti? Mucho más del 50%, por cierto. Porque en el hipotético caso de que haya sido una persona previsora (la cigarra y la hormiga) no se librará de Hacienda fácilmente. Los ahorros están fiscalmente fuertemente penalizados, los fondos también, los intereses del capital que legalmente ha ganado, también. Todo. Porque ¿dónde pone que vas a seguir ganando lo mismo o más desde los 30 años de edad a los 65?

¿Dónde está escrito que tengamos que contribuir con más de la mitad de lo que ganamos y que dilapiden nuestro dinero unos cuantos para vivir de ello?

Las clases medias trabajadoras

Y llegamos al periodo electoral. ¿Y a quién se oye hablar de esto? ¿Es esto una cuestión de valores y principios? ¿Es esto un sistema justo? Se les llena la boca a todos o casi todos hablando de las clases medias trabajadoras a las que están esquilmando para seguir pagando la fiesta del despilfarro, del subsidio y de la compra directa de votos. Pero a la persona que le va mal, ¿quién le devuelve su contribución a la orgía de aeropuertos, aves, colocaciones, empresas y fundaciones públicas, cajas quebradas, eres, contribuciones sindicales…? ¿Quién? E, incluso, a la que le sigue yendo bien con esos años, ¿dónde está escrito que tenga que contribuir con más de la mitad de lo que gana y que dilapiden su dinero unos cuantos para vivir de ello?

¡Que paguen más los que más tienen!

Perdonen la expresión pero ¡coño!, ¿y qué pasa desde hace 30 años aquí? ¿No han pagado más lo que han ganado más? ¿Los que tenían más no han pagado más? Y, por cierto, si no lo han hecho, ha sido por la absoluta falta de diligencia de la Administración, tres amnistías incluidas. Pero, desde luego, no será culpa de los que han (hemos) contribuido al mantenimiento de este demencial gasto público. Los que más ganan y tienen llevan pagando más, mucho más, porcentualmente, en bruto y neto, muchísimo más. Desde Fernández Ordóñez. E, insisto, los que no lo han hecho es por culpa de los responsables en vigilar que no ocurriese.

Tiene bastante gracia oír a Floriano desatado en campaña decir que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de cada uno

¿Dónde pone que es justo pagar más del 50% de lo que ganas?

En la Carta de los Derechos Humanos de la ONU no lo pone. En la Constitución Española, tampoco. ¿Por qué se ha institucionalizado en nuestra sociedad el pensamiento de que es lo correcto, que es lo justo? Por la absoluta falta de principios ideológicos del partido que ostenta la mayoría absoluta. De hecho, tiene bastante gracia oír a Floriano desatado en campaña –ese hombre– decir que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de cada uno. ¡Joder! Pues si no llega a pensar eso el estratega, estábamos en Cuba. Por no hablar del PSOE, esa losa que pesa desde hace tantos años sobre nuestras cabezas. Sin ir más lejos, Gabilondo el domingo en Fuenlabrada: "Lo público es más rentable, más eficiente, más sostenible y más barato". ¡Más barato! En fin, quicir... desincentivemos a todo el que quiera mejorar, ganar más de 50.000€. Nos va a ir de muerte.

Y, para terminar. El otro día vi en Telemadrid a un catedrático socialcomunista de economía decir que, claro, que había otra forma de dirigir fábricas y organizar el trabajo. Y puso como ejemplo, Volvo y la economía sueca. Su "contrincante" de la derecha no supo bien qué decir al respecto. Era fácil. Volvo quebró hace unos años. Ahora es de propiedad china. China, ese paraíso del trabajador manual.


Imagen: Béla Lugosi interpretando al Conde Drácula en la película Drácula (1931)


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