El Blog de J. de Mendizábal

El consenso que nos ha traído hasta aquí

No hay prácticamente nadie que cuestione que el Estado español (central, autonómico, local) no funciona. Es un Estado fallido. Además de ser económicamente inviable, es que no funciona la Justicia, lo cual es absolutamente crítico en un supuesto Estado de Derecho. No hay seguridad jurídica en múltiples campos, no se cumple la ley y no pasa nada, se conceden indultos inexplicables, las leyes autonómicas sobrepasan o directamente contradicen las leyes estatales o la propia Constitución y tampoco pasa nada o pasa tropecientos años después, que es como si no pasase nada. En definitiva, somos el país de Europa -del mundo, cabría decir- con más leyes y reglamentos de todos los rangos y nada funciona correctamente. El Estado (en sus diferentes formas) ha llegado al paroxismo socialista, legisla, regula y controla las vidas de empresas y particulares hasta los detalles más absurdos, pero no ha sido capaz de articular una sociedad libre e igual en toda España. Para más inri, el Tribunal Constitucional, presidido por un socialista de pro, dicta sus sentencias por votaciones que parecen un set, siete contra cinco, algunas de ellas en contra de sentencias del propio Tribunal Supremo.

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Pues básicamente porque la base sobre la que se sustenta todo el entramado montado hasta ahora descansa en una Constitución producto de un pacto fraudulento y en el sobrevalorado "consenso de la Transición". Incluso desde el punto de vista de la convivencia, de la paz, serían bastante cuestionables esos maravillosos años, teniendo en cuenta que casi hay mil muertos enterrados en casi todos los puntos de España. Pero al margen de ello, que ya es dejar al margen, el hecho de que la propia Constitución del 78 fuese la que instauró la desigualdad de los españoles ante la Ley es uno de los puntos críticos que hace comprensible lo que está pasando. Sí, la Constitución hizo desiguales desde el minuto 1 a los vascos y a los navarros del resto de los españoles al consagrar sus regímenes forales. Esa es la madre del cordero. Luego ya vino el título VIII, donde se consumó el caos en el que nos vemos envueltos. El café para todos, las transferencias de justicia, educación y sanidad, y de ahí pasamos a mi aeropuerto, a mi palacio de congresos, a mi AVE, a mi parque temático, a mi policía, a mi caja (mi propio banquito local que me financia todos mis excesos), a mis empresas públicas, a mis fundaciones, a mi, a mi, a mi... hasta la quiebra final.

Todo ello, y mucho más, ha sido producto del consenso. Primero con los nacionalistas vascos y catalanes y, luego, producto del 'qué hay de lo mío' y 'no voy a ser yo menos', con todos los demás. En 1978, casi finales del siglo, en España se repartieron los territorios como si del África colonial se tratase. ¿Qué hacemos con León? ¿Qué hacemos con Santander? ¿Y con Murcia? ¿Dónde ponemos La Rioja? A partir de ahí, todo muy consensuado porque daba lugar a la creación de miles de cargos políticos y públicos, se hizo la historia hacia atrás y se redactaron los absurdos estatutos en los que sólo hace falta leerse los preámbulos para ver el tamaño de la fechoría (en este sentido les recomiendo el libro de Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era sólido, ed. Seix Barral). El sagrado consenso, el acuerdo, el pacto. Culminado todo el desaguisado en los 80 con la sentencia del ahora en parte arrepentido D. Alfonso Guerra: "Montesquieu ha muerto" (de lo que, encima, parece que ha tomado buena nota el actual Ministro de Justicia).

Y hasta aquí hemos llegado. ¿Y qué vamos a hacer? Pues parece que vamos a aplicar esa norma no escrita que parece regir la política española: entre bomberos, no nos pisemos la manguera. ¡Viva el pacto! ¡Viva el consenso! Uno de los mejores ejemplos es la Ley de Transparencia, cuyo asesinato en la práctica se produjo el mismo jueves pasado al modificar el artículo 28 del proyecto de ley al tragar con las reivindicaciones de CiU y PNV. La transparencia versión autonómica. Transparencia vasca, transparencia catalana y así. Es bastante significativo al respecto, leer los editoriales de El País (muy a favor) en contraposición a los de El MundoABC (muy en contra del pastiche) del viernes 30.

Pero parece que no va a quedar ahí la cosa y van a pactar un frente común "económico" para enfrentarnos a las peticiones de Europa. ¿Tendrá que ver con las reuniones del presidente con Felipe González, Rubalcaba o con las que ha mantenido con Cebrián y Hollande en París? ¿Tendrá que ver con la supuesta aparición de Telefónica en Prisa? La agenda "privada" del presidente es ciertamente curiosa (se inició, que sepamos, con Artur Mas y Urkullu). Todo muy asimétrico, todo muy consensuado.

Y, mientras tanto, la casa sin barrer: de la imprescindible reforma de la Constitución, de las autonomías y ayuntamientos, ya hablaremos. "Es que es muy difícil". ¿Aunque no podamos pagarlo? "Ya, tal vez haya que hacer algún ajuste fiscal". Traducción: subirán más los impuestos. Un país en destrucción. Destrucción asimétrica y consensuada, eso sí.


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