El Blog de J. de Mendizábal

¿Qué botón ha dicho?

Tertulianos de varias tendencias se escandalizan habitualmente de la absoluta falta de independencia del Poder Judicial respecto al Ejecutivo. Sin duda, tienen razón. Ya anunció Alfonso Guerra en el 85 que Montesquieu había muerto hacía mucho. En este sentido, ahora no sólo está muerto y bien muerto, sino que ha sido hábilmente rematado por el PP apoyado por el PSOE. En connivencia con CiU y PNV. En buena lógica, por otra parte, dada la insolente multitud de casos de corrupción que acumulan unos y otros. Casi cabría decir que habría que ser anormal para no tratar de controlar a quien, con muchas probabilidades, ha de juzgarte en unos años.

De lo que nadie habla, o casi nadie, es del tercer poder en cuestión del que hablaba Montesquieu: el Legislativo. Para entendernos, el Congreso de los Diputados de España. Único poder nacional elegido directamente por los ciudadanos, por cierto. Pues bien, eso sí que funciona como un ejército alemán. No se mueve ni El Tato. Todos conocemos casos de gente que, en un partido o en otro, no está de acuerdo con lo que acaba de votar. Casos flagrantes serían, por ejemplo, los del propio Alfonso Guerra votando sí al Estatut Catalán (siendo presidente de la mesa del constitucional del Congreso) o el de Joaquín Leguina, también votando sí a algo que le repugnaba la conciencia (cosa que, incluso, ha declarado en alguno de sus libros y repite en Onda Cero con Carlos Herrera cada vez que le deja Calleja). Cómplices, al fin y al cabo, de la situación que vivimos y no sólo en referencia al aburridísimo soberanismo pujoliano.

En el otro lado, no es que no se mueva ni El Tato, es que no se mueve ni Dios. Y nunca mejor dicho. Las razones las sabemos también casi todos. Guerra, en el fondo, entendió perfectamente lo que venía: el que se mueva, no sale en la foto. Quicir, no va en las listas. No come del asunto, para entendernos. Obediencia, fidelidad y, sobre todo, mucha atención a lo que se manda votar desde el partido desde la segunda fila del hemiciclo. Es más, si se puede, aprieta el botón del de al lado que -el cabrón- no ha venido hoy. Incluso con el pie, si es menester.

¿Independencia del poder Legislativo?

Esto es un chiste. Malo, pero un chiste. Votan y votan sin parar, la mayor parte de las veces sin saber exactamente ni de lo que se está tratando o las consecuencias que pueda tener para múltiples sectores. Pero ha dicho el portavoz que es el 1. Punto pelota, el botón 1, aunque alguno esté de acuerdo con el 3. En la mayoría de las ocasiones, no pueden estar de acuerdo ni en desacuerdo, porque no saben ni lo que están votando, pero, en realidad, ¿qué importa? Chico, la disciplina de partido, es así. Asín, cabría decir.

En el Parlamento alemán, acerca del acuerdo de Merkel con los socialdemócratas, una parte de "sus" parlamentarios han votado en contra del acuerdo por lo que supone de renuncia a sus postulados. En el Parlamento británico, el asunto de referencia no es una noticia, es lo habitual. Votan lo que creen. Si me apuran, lo que creen que conviene a sus particulares intereses locales (electorales), pero no se avienen como un sargento de la Legión a lo que dice Valenciano, Alonso o el que toque. ¡Al acantilado! ¡Vamos! Alegres e ilusionados: ¡al acantilado!

Desde el Ejecutivo de Soraya el asunto está claro: el grupo que vote y se calle. Esto va bien, estamos gobernando, estamos reformando el país y punto. Punto es punto. En el PSOE, a trancas y barrancas, se logra mantener la misma disciplina (mira CAT, el partido hermano no lo tiene del todo claro y así les va).

¿Regeneración? ¿Reforma desde dentro? ¿Desde las instituciones? Tuvo mucho mérito el harakiri de las Cortes franquistas. Mucho. No lo veremos más: no había jefes de grupo/portavoces. Ni botones.


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