El Blog de J. de Mendizábal

Torrente presidente

Como ya sabemos, España no es Grecia, no es Uganda y, desde hace dos semanas, tampoco es Italia. Creo que sería más conveniente decir que España no quiere ser como Grecia, Uganda e Italia... aunque esto sea más discutible desde algunos puntos de vista, porque ya nos gustaría tener la potencia industrial del norte de este último país. En cualquier caso, para descartar nuestro parecido con esos países, se resalta la mayoría absoluta con la que cuenta el Partido Popular, que faltan casi tres años para que haya elecciones generales y, como consecuencia, que hay una estabilidad gubernamental que hace que el país pueda seguir profundizando en las reformas (sic) y avanzando hacia un futuro de crecimiento y prosperidad (también sic).

Ahora bien, ¿España no quiere ser como Austria? ¿Austria? ¿Qué pasa en Austria? Pues pasa que el domingo pasado, en las elecciones de dos de sus estados federales -Baja Austria y Carintia- ha aparecido un personaje llamado Frank Stronach. Nada parecido a Beppe Grillo. Un multimillonario emigrado a Canadá, que con 80 años fundó su partido hace sólo seis meses y ha alcanzado unos resultados sorprendentes: 4 representantes en Carintia y 5 en Baja Austria. Conservador, nacionalista y profundamente euroescéptico con un lema bien sencillo: "Salvar al país". Es cierto, sin embargo, que en Baja Austria, el Partido Popular gobernará cómodamente (50% de los votos), pero en Carintia el FPK, que tenía el 44,8% del electorado, ha perdido más de la mitad de su apoyo, envuelto en procesos judiciales y acusado de malversación y financiación ilegal del partido. Corrupción, en fin. Nos suena, ¿no?

Cabrían bastantes más ejemplos, como el crecimiento de la extrema derecha ¡en Inglaterra! o el Partido Pirata en los países del norte de Europa, por no hablar de Samaras o Amanecer Dorado o partidos rojiverdes y antisistema que surgen por doquier, aunque es cierto que se notan menos en los sistemas mayoritarios, como Francia. Y bien, ¿nada de esto tiene que ver con España? El presidente del Gobierno dijo hace unas semanas que aquí no había partidos "estrafalarios" y que la democracia se asentaba sobre un bipartidismo que daba estabilidad al sistema. Comprendiendo perfectamente que lo diga (no va a decir que el sistema se está desmoronando y que puede pasar cualquier cosa), lo cierto es que no es cierto. O, mejor dicho, no va a ser cierto... si seguimos así.

Al margen de que ya es, digamos, peculiar no considerar "estrafalario" un partido como IU, perfectamente instalado en el sistema, pero que cuenta entre sus filas con un asaltador de fincas y supermercados (al que, de paso, un juez de partido considera casi un héroe) y cuya ideología responde más al castrismo cubano o al chavismo venezolano y que considera ilegítimo al Gobierno y legítimo "hacer oposición en las calles"; al margen de ello, decíamos, que ya es dejar al margen, es que van a surgir más movimientos "estrafalarios" sin ninguna de las dudas. Lo que hará de un país, de por sí difícilmente gobernable, ingobernable directamente. El estado de descomposición de los partidos "serios" (PP, PSOE, CiU) envueltos en un caos de corrupción que no admite ya el consabido "casos aislados", no deja lugar a dudas de que estamos abocados a un escenario estrafalario. Diría incluso que, estrafalario ¡en el mejor de los casos!

El hecho de que, por ejemplo, Santiago Segura tenga, sin dedicarse nada a ello, 1.600.000 seguidores en Twitter, debería hacer pensar a más de uno. A poco que se lo tomase en serio, siendo inteligente y divertido, en tres años vemos a Torrente de Presidente. Y no es del todo broma. Vamos muy mal. Lean la última encuesta del CIS. Problemas del país: 1. Paro. 2. Corrupción 3. Economía. 4. Partidos Políticos. Se pueden resumir en uno: la gente está hasta el moño. En media Europa. Aquí, igual o más.


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