El Blog de J. de Mendizábal

Mamá, se ha quemado el fuerte

Una de mis tropecientas hermanas, a la que adoro, se soliviantó conmigo el viernes: "¡Eso es la extrema derecha! ¡Te has vuelto loco!". Y todo por decirle que había estado en la presentación de Vox en un garaje y que había oído cosas que me sonaban muy bien. Porque, efectivamente, la presentación fue en un garaje y, la verdad, no pude evitar recordar tantas y tantas historias de éxito que han nacido en garajes. Mayoritariamente garajes californianos, cierto, pero garajes al fin y al cabo.

Mi querida hermana y madrina olvida que, hasta que empecé a ir a los billares, yo siempre iba con los indios en las particulares guerras domésticas que montaba en casa. Siempre acabábamos tomando el fuerte. Es más, los indios y yo un día incluso lo quemamos (esto disgustó enormemente a mi madre porque también ardieron otras cosas del cuarto; gracias a Dios, como en el fondo también iba con los indios, tuvo a bien no decírselo a mi padre). Como comprenderán, mis películas favoritas del género eran y siguen siendo Soldado Azul y Bailando con Lobos. Historias de perdedores, sí, pero con una causa justa y legítima detrás. Causas minoritarias, pero basadas en principios, historia, familia y tradiciones. Ideas.

Ortega Lara empezó su discurso en el susodicho garaje contando que estaba ahí porque quería mirar a los ojos -frente a frente- a su hijo de 20 años que hacía poco le había espetado: "Menuda España nos estáis dejando". Que un señor como Ortega Lara cuente esto cuando en EEUU, previo libro multimillonario del mismo, habrían hecho ya varias películas sobre su tortura y que, concretamente la protagonizada por Tom Hanks, habría ganado oscars por el asunto, tiene que hacer pensar a la gente. ¡Viven!, la tragedia de los Andes, es un casi un cómic al lado de lo que vivió este hombre, asesinado poco a poco por varios operarios de Fagor (ese mito de la autogestión cooperativista ahora en quiebra). Entre otras cosas, porque estaba solo. Hoy le damos de comer... hoy no, que se nos ha hecho tarde. Como es muy lógico, no entiende que Bolinaga tome libremente potes con la cuadrilla desde hace año y medio. Ni entiende al ministro del Interior, ni al de Justicia, ni al jefe de ambos. Ortega Lara, por tanto, se ha hecho de la extrema derecha.

Previamente, José Luis Quirós, 65 años, otro fanático extremista, el típico filósofo alejado de la realidad, del pragmatismo y de la conveniencia, había comentado que España no funciona. Que la independencia del poder judicial ha quedado definitivamente en entredicho con el reparto del CGPJ (programa, programa, programa y tal) perpetrado por Gallardón&Rubalcaba en comandita con PNV y CiU. Que las autonomías están destruyendo el país a base de impuestos descontrolados, el incumplimiento de las leyes nacionales y no acatamiento de sentencias sin que pase nada, el establecimiento de un sistema insostenible de gasto y corrupción. Que no hay institución del Estado, central, autonómico o local que aguante una auditoría (como, por cierto, corrobora sistemáticamente el Tribunal de Cuentas...cinco años después de ocurridas las fechorías). Como se puede comprobar, Quirós es otro iluminado de la derecha extrema.

Estos y otros quieren representar a toda esa gente sobre informada, toda esa gente que no puede soportar más el insulto permanente a una inteligencia mediana, a toda esa gente que sí cree que hay otra manera de hacer las cosas. Frente a ello, el discurso apocalíptico: o nosotros o el caos, fragmentando el voto vendrá la izquierda radical, Málaga o Malagón y etcétera. Y es francamente posible que consigan, de hecho lo están consiguiendo, que esa percepción se imponga. Rosa Díez es socialista (lo cual, por otra parte, es cierto), Albert Rivera y Ciudatans son una banda de populistas (a lo que contraponen a la estadista Sánchez-Camacho, una persona a la que le cabe el Estado en la cabeza, evidentemente) y, ahora, un grupo de indios sin un duro que se atreven a desafiar al establishment, al orden y al concierto, que se oponen al consenso con los nacionalistas ("tengo que convivir con la peluquera de Herri" como dice el alcalde pepero de Vitoria; convivir, puede, ¿pero eso incluye ir a tomar pinchos?), a no tragar con la corrupción generalizada, a no querer vivir bajo un régimen fiscal opresor de la libertad empresarial y personal. ¿Son la extrema derecha?

Lo más gracioso del caso es que, bastantes de las cosas que se han hecho y de las que no se han hecho, han sido en aras de la "paz social" y el mantenimiento del Estado del Bienestar. "Si hubiéramos cumplido nuestro programa, se hubieran tirado a la calle". Pues bien, ni una cosa, ni la otra. Se están tirando igual. Y el estado es de malestar. Gamonal (amonal, cabría decir), mareas blancas triunfantes (y otras que vendrán), secesión catalana -y, en breve, vasca- lugares de España donde no se cumple ni una ley estatal, Monagos y barones varios a su puta bola, media clase política en fase de instrucción judicial y la Institución Monárquica destruida por sus propios representantes. Esta es la realidad. Sin embargo, elijan: "O el PP o el caos: unidad". Además, ojo, tengo el BOE (en el ámbito empresarial este argumento es imbatible).

Y, sin embargo, a uno le parecen encomiables esos grupos de indios haciendo la guerra por su cuenta, que se resisten, que con arcos y flechas creen que pueden vencer al caballo de hierro y a los winchester de repetición. ¡Pero si tu eres blanco y todos tus amigos son casacas azules! Cierto, ese es el drama. ¿Traicionó Kevin Costner a los suyos en Bailando con lobos? Miren, escuchen, como mínimo es bonito:


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