El Blog de J. de Mendizábal

¿Islamofobia? Pues sí, mire usted por dónde

Mi peluquero se llama Manolo. Mejor dicho, se hace llamar Manolo. Es un tipo encantador. Maneja con arte las tijeras y la navaja. Es rápido, eficiente y limpio. Estaba hace ya muchos años en la mítica barbería Benítez, en la calle Serrano esquina Lista de Madrid. Era el elegido por muchos de los clientes habituales de Benítez por su destreza, su cumplimiento de las órdenes –¿cómo siempre?... Sí, como siempre– y, sobre todo, porque no te hablaba más allá del educado buenos días, buenas tardes. En quince minutos, solucionado el petardo de cortarse el pelo.

Benítez se jubiló. Mustafá o Alí –o como se llame en realidad–, Manolo para sus clientes, se buscó la vida. Primero en un sitio, luego en otro, te venía a cortar a casa y, finalmente, abrió su propia barbería no muy lejos de sus inicios en Serrano. Me da la impresión que le va como un tiro. ¡Hay que pedir hora! Eficiencia, rapidez, trato educado. Eso sí, es absolutamente imposible que aprenda el “usted”, pero su trato de "tu" es mucho más respetuoso que muchos "usted". 

Españoles enfermos por el virus islamista y, por qué no decirlo, muy probablemente alentados por el virus antiespañol que vende mucho en CAT

Rompiendo una máxima le comenté a Mustafá (Alí) Manolo que estaba impresionado por los sucesos de París, y el buen hombre me soltó: "Esta gente ha enloquecido, es muy malo llevar a los niños a las mezquitas. No sé dónde vamos a llegar."

A sensu contrario, Antonio Sáez, originario de Cartagena, peluquero en Cataluña, conocido ahora como "Aali, el peluquero" ha sido absorbido por la Yihad mundial "contra cruzados y judíos", según sus propias palabras. Uno de sus socios, curiosamente llamado Jacob (Orellana), le decía por e-mail que "morir por Alá no duele. Es como un pellizquito". Españoles enfermos por el virus islamista y, por qué no decirlo, muy probablemente alentados por el virus antiespañol que vende mucho en CAT.

Dos peluqueros

Ciertamente, nunca he tenido la sensación de que Manolo –mi peluquero– me fuese a rebanar el cuello en algún momento. Sigo y seguiré siendo fiel a un tipo que hace su trabajo francamente bien. Ahora bien, imagínense, caer en manos de Antonio Sáez –Aali– y que te preguntase ¿le hago la barba? Sí, muy bien, Antonio... ¡arrás!

La historia de dos peluqueros, uno de allí, otro de aquí. Uno enfermo, otro no. Y la enfermedad se llama Islamismo. No nos preocupa en exceso (a no ser que se trate de 200 niñas secuestradas y, entonces, la mujer de Obama deja de bailar lambadas y se hace un selfi que ha sido tremendamente eficiente: parece que ya han muerto todas). Cuando se matan entre ellos tampoco preocupa mucho (los chiítas, suníes, turcos, persas, árabes, yemeníes, saudíes, iraníes, irakís). Pero el asunto se complica cuando el terror, la muerte, está aquí al lado. Tan al lado como su peluquería.

Pues bien, ante semejante atrocidad, no valen las habituales gilipolleces modo alianza de civilizaciones, el Islam es muy respetable, podemos entendernos, es cuestión de hablar y tal. NO.

Antes o después tendremos que luchar. No sé si tanto como calle por calle, colina por colina. Pero habrá que luchar

Sólo una vez hubo que luchar contra gente dispuesta a morir sin obtener nada a cambio. Los kamikazes japoneses se suicidaban por su Emperador y su religión. Los USA lo tuvieron claro en su momento: Nagasaki, Hiroshima. Ahora, según parece, esa solución ya no es posible.

Antes o después tendremos que luchar. No sé si tanto como calle por calle, colina por colina. Pero habrá que luchar. Y liquidarlos. O ellos o nosotros. Su religión, el islamismo, alienta que nos maten a los infieles. Pues, eso, elijan.

Yo soy islamófobo.


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