El blog de Guillermo Gortázar

El PP está a tiempo de evitar 'la tormenta perfecta'

Todo depende de la decisión de Mariano Rajoy. Dado que no hay voluntad ni capacidad de control del grupo parlamentario del PP ni del Comité Ejecutivo sobre la condición de candidato del actual presidente, Rajoy es, hoy por hoy, quien tiene que optar entre hacer cambios cosméticos en el partido y en el Gobierno, o cambiar el rumbo de descenso de apoyo electoral. Descenso continuado que, indefectiblemente, llevará al PP a otros cuatro (u ocho) años de oposición en el Gobierno de la nación. Por favor, de verdad ¿alguien se cree que por cambiar a la secretaria general o nombrar un ministro por otro, se vuelca el estado de opinión?

Fiar la recuperación del PP al bálsamo arriolístico de que viene el populismo y se evidenciará en los próximos meses la inestabilidad de pactos multipartidarios, es desconocer la capacidad movilizadora de la tradición de izquierdas en tiempos de crisis mientras la derecha hace de Don Tancredo. Apelar agónicamente al voto del miedo es  el camino a la perdición.

Por ello, se impone recuperar la iniciativa política y dejar de mirar lo que hace el contrario para reflexionar sobre lo que tiene que hacer el PP. Una de las posibles iniciativas, en términos de regeneración política democrática, es abrir un proceso de cambio interno que, manteniendo la estabilidad en el Gobierno y en la presidencia del partido, afecte a la candidatura a presidente del Gobierno del PP y a las listas de diputados de las próximas elecciones generales. A mi juicio, lo más patriótico desde el centro derecha español es persuadir, convencer, a Mariano Rajoy que dé un paso atrás y acepte renunciar a ser el candidato a presidente en las próximos elecciones generales de noviembre.

No se puede convocar un Congreso del PP por falta de tiempo. El próximo Congreso debe abordar un cambio profundo en la cultura política de la derecha española que ponga fin a la cooptación, a la designación a dedo del sucesor del presidente y a todos los nombramientos de los puestos de responsabilidad, en cascada, de arriba abajo. Sin embargo, sí se puede articular una nueva fórmula  para elegir candidato del PP  a la presidencia. Basta con que el presidente renuncie a serlo y posibilite la elección desde la base, por toda la militancia, e incluso por simpatizantes registrados, en primarias consultivas. Efectivamente, las primarias no están previstas en el PP, pero en los estatutos no se prohíben y, en derecho, lo que no está prohibido está permitido.

El presidente puede anunciar durante el verano que no se presenta y el Comité Ejecutivo puede abrir un proceso de consulta abierto con varios candidatos, que no tienen porqué ser miembros del Comité Ejecutivo, con muy pocos avales, para que se pronuncien los militantes y simpatizantes. El Comité Ejecutivo Nacional, tal y como previene el art. 31.4, propone a la Junta Directiva Nacional al candidato que gane las primarias en primera o segunda vuelta  y ocurre como en 2004, que había un presidente del PP, un presidente del Gobierno (Aznar) y un candidato a presidente del Gobierno distinto, designado por Aznar en el “cuaderno azul” (Rajoy). En otras palabras, hay tiempo para que surja de abajo arriba, democráticamente, sin “el dedo divino”, un nuevo candidato hacia la segunda quincena de septiembre.

Mientras no se cambien los estatutos del PP en un nuevo Congreso, en la dirección contraria que ha venido haciéndose desde 1990, se tiene que seguir el procedimiento formal de lo que aquéllos establecen. Pero este es un resquicio estatutario (determinar por primarias consultivas el nombre del posible sucesor) que conjuga democracia interna y cumplimento de lo previsto en caso de renuncia del presidente a la candidatura en las elecciones generales.

Un proceso de primarias abiertas, durante el inicio del mes de septiembre, con debates, nuevos candidatos, propuestas y practicando la democracia, de verdad, en el seno del PP es el mejor (no me atrevo asegurar que me parece el único) camino para variar dos cosas: un mensaje real de renovación y de haber oído los repetidos mensajes del electorado (en las europeas, en las andaluzas y en las municipales y autonómicas) y de modernización democrática del PP, que adolece de “dedocracia” desde su refundación en 1990.

Por otro lado, una iniciativa de este tipo, liderada por Rajoy, pondría al presidente en la dimensión de generosidad y aceptación de cambio de los tiempos presentes. La abdicación de S.M. el Rey Don Juan Carlos, la renuncia del Papa Benedicto XVI y la sustitución de otros líderes políticos españoles, (Rubalcaba, Cayo Lara, Rosa Díez)  son un clamor de  un tiempo pasado para la generación de líderes del PP instalados desde 1990 y que el electorado, por lo que se ve, está dispuesto a desalojar, ya que no lo ha hecho el partido. Más vale una retirada inteligente, generosa, que abra puertas a nuevas posibilidades, que empecinarse en una deriva que puede llevar no sólo a la pérdida del poder, sino a la emersión de políticas muy radicales de izquierda.

No se trata de discutir el resultado de 2011, de los aciertos o no de las políticas económicas. Se trata de entender el presente y vislumbrar el futuro. Ahora que la vicepresidenta del gobierno tanto pondera el ejemplo británico, habría que seguirlo en otros aspectos, y recordar que los diputados ingleses en la época de Margareth Thatcher, a pesar de su extraordinario liderazgo, se percataron de la caída de la Primera Ministra en la opinión pública y forzaron su dimisión eligiendo a John Mayor. De ese modo, el partido conservador británico mantuvo el poder ocho años más. En el caso del Reino Unido, ese periodo de prolongación de los conservadores en el gobierno permitió consolidar unos valores y principios thatcherianos, que el líder laborista Blair no cuestionó, y que están en la base de la calidad democrática y prosperidad del Reino Unido.

España, en general, y el centro derecha en particular, se encuentra a punto de entrar en 'la tormenta perfecta', de volver a lo peor del zapaterismo, aún más radical y derrochador. Por otra parte, la refundación o redefinición del PP después de las elecciones generales, parece generalmente aceptada. Pero no es  lo mismo hacerlo desde un resultado favorable en las elecciones generales a uno desastroso. Está en la mano del presidente Rajoy tomar la mejor decisión en el presente ante el previsible futuro.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba