El Blog de Ethenea

El consumo, clave en Estados Unidos y Europa

Últimamente hemos escrito profusamente sobre los desequilibrios de la economía, el sistema monetario inter­nacional, la pujanza del dólar estadounidense, la debilidad de los precios y el anémico crecimiento en la economía mundial. Seguimos manteniendo nuestra opinión de que se trata de un peligroso cóctel y por tanto, debemos permanecer cautos.

La recuperación cíclica experimentada por Estados Unidos en los últimos tres años está perdiendo fuelle. El consumo privado, la inversión y las exportaciones netas se mostraron anémicas en los últimos trimestres. Una de las formas más sencillas de entender la dinámica del consumo en el sector privado estriba en la observación del mercado laboral. El principal factor determinante del consu­mo radica en el hecho de que el consumidor estadounidense tenga o no trabajo. El ritmo al que se redujo la tasa de desempleo en 2014 fue vertiginoso, más de un punto porcentual al año. Desde entonces, la velocidad se redujo hasta 0,6 puntos porcentuales anuales en enero, y seguirá experi­mentando una ralentización por la sencilla razón de que, si el desempleo se encuentra rozando el equilibrio, resulta más difícil lograr que siga descendiendo. Como el engranaje de una máquina, cabe esperar que la creación de puestos de trabajo se vaya erosionando este año, y, por ende, también el consumo.

Janet Yellen podría subir los tipos en marzo. Todo depende de la forma en la que pondere el buen estado de la economía estadounidense con su evaluación sobre la trayectoria que seguirá en el futuro.

Ahora bien, en un cambio de signo en el rumbo del desempleo (una recesión, en otras palabras), puede que el consumo siga revelándose pujante en EEUU a pesar de ello, sobre todo si los salarios aumentan y sigue ampliándose el crédito al consumo. En esta fase, la ralentización del consumo refleja un fenómeno cíclico. En el ámbito de la inversión, la caída en la inversión en bienes de equipo se debe casi en exclusiva al sector del petróleo. Sin embargo, la reciente desaceleración económica en el sector manufacturero delata una caída en la inversión. Por último, las exportaciones netas se redujeron los trimestres debido a la débil demanda internacional y la fortaleza del USD.

Con esta situación como telón de fondo, parece poco pro­bable que la Reserva Federal suba los tipos en marzo. Sin embargo, cobra vital importancia tener en cuenta la dualidad del mandato que persigue la Fed: maximizar el empleo y estabilizar los precios. Con un desempleo inferior al 5%, dicen los economistas que el mercado laboral se encuentra en pleno empleo, y según la Reserva Federal, la baja infla­ción publicada actualmente se debe a una serie de efectos temporales, como los precios del petróleo y la pujanza del billete verde. Si nos aferramos a la literalidad de este doble cometido, Janet Yellen podría subir los tipos en marzo. Todo depende de la forma en la que pondere el buen estado de la economía estadounidense con su evaluación sobre la trayectoria que seguirá en el futuro. Según los indicadores adelantados más recientes, la situación está empeorando en el sector manufacturero y de servicios, un acontecimiento que debería inspirarle una postura más acomodaticia. ¿Qué va a hacer? Contestará esta pregunta y planteará muchas otras el 16 de marzo, cuando el FOMC adopte su decisión en torno a la política monetaria.

En la zona euro, el crecimiento económico se ha mudado del norte al sur de Europa. Si bien Alemania, la mayor economía de la Unión Monetaria, desempeñó un papel fundamental en la recuperación tras la crisis del euro, su aportación al crecimiento de la zona euro descendió el año pasado, en gran parte por la caída de las exportaciones netas. Resulta enigmático advertir que uno de los primeros países exportadores, que goza de una moneda débil, no fue capaz de aprovechar el impulso de las exportaciones. Lo que significa es que el lento crecimiento económico mundial incide de forma significativa en la flaqueza de las exportaciones. Cabe mencionar que esta debilidad se observa principalmente en el continente asiático. En el sur de Europa, en España e Italia en particular, el consu­mo privado ha mejorado en consonancia con la creación de puestos de trabajo. Con el desempleo todavía por encima del 20% en España, existe un gran potencial de mayor crecimiento en el consumo. Esta premisa se cumple en todos los países marcados por un elevado desempleo, y el empleo está cobrando impulso.  

La situación del ciclo europeo de inversión se asemeja al estadounidense. El impulso crediticio adopta un cariz neutro. En las cuatro mayores economías de la región (Alemania, Francia, España e Italia), la situación es muy similar. En comparación con el ciclo empresarial estadounidense, el europeo tiene la ventaja de permanecer aún en su fase inicial. La tasa de desempleo es más del doble con respecto a EEUU (10,5%) y se sitúa muy por encima de la tasa de paro de equilibrio. A medida que en el mercado laboral europeo se sigan creando nuevos puestos de trabajo, el consumo debería recuperarse. No obstante, la zona euro es una economía más abierta al mundo que Estados Unidos y un mayor debilita­miento de la demanda mundial, en Asia en particular, lastraría el crecimiento.


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