El blog de Eguiar Lizundia

Líneas rojas

Este mes la revista norteamericana The Atlantic publica un artículo imprescindible para aquellos interesados en la política exterior del presidente Obama. Su autor,  Jeffrey Goldberg, un reputado experto estadounidense en la materia, hace un muy lúcido análisis de lo que se ha venido en llamar la "doctrina Obama", es decir, la visión que tiene del mundo y de las relaciones internacionales el actual presidente de EEUU. Goldberg recopila una serie de extractos de las entrevistas que ha tenido oportunidad de hacerle a Obama en los últimos años, todas ellas centradas en el rol de Estados Unidos como superpotencia y las difíciles decisiones que como presidente ha tenido que tomar el todavía inquilino de la Casa Blanca.

Se trata del relato de cómo Obama decidió no hacer valer las líneas rojas que había demarcado en Siria a propósito del uso de armas químicas

La pieza, fascinante de principio a fin, contiene un pasaje que quizá sobresalga sobre las muchas confesiones de primera mano de Obama y las interpretaciones que de estas hace el mismo Goldberg. Se trata del relato de cómo el presidente decidió no hacer valer las líneas rojas que había demarcado en Siria a propósito del uso de armas químicas contra población civil. Como se recordará, Obama había anunciado públicamente que en el caso de que Bashar al-Asad utilizara armamento prohibido por el derecho internacional para atacar a la oposición al régimen que aún encabeza "cambiaría su ecuación" en Siria. De lo que se colegía que el presidente norteamericano estaba dispuesto a intervenir con el ejército de su país en caso de que su advertencia no fuera observada.

Sin embargo, todos sabemos que Asad desoyó la amenaza de Obama sin recibir ninguna represalia. Es cierto que hoy en día los arsenales sirios han sido prácticamente desmantelados, pero esto ha sido el resultado del trabajo de los inspectores de la ONU y de una acción concertada con potencias rivales en la región como Rusia. Desde entonces el Pentágono se ha limitado a llevar a cabo el adiestramiento de algunos grupos opositores y a prestar apoyo logístico a las operaciones de otros ejércitos, haciendo un uso directo de la fuerza en contadas ocasiones y sólo sobre posiciones del Estado Islámico lejos de las zonas dominadas por los leales a Asad.

Obama se granjeó numerosas críticas por lo que en su momento fue percibido por muchos analistas como un gran error estratégico. El presidente habría puesto en peligro la credibilidad de Estados Unidos, un capital invaluable del que siempre ha dispuesto la primera potencia del mundo. Las quejas le llegaron entonces incluso desde sus aliados en Europa y algunos destacados dirigentes demócratas, incluidos los dos últimos secretarios de estado. Un consenso transversal censuró la jugada del presidente más popular internacionalmente desde los tiempos de Clinton.

Ahora sabemos que Obama se sintió "liberado" al resistirse a lo que se refiere de forma despectiva como el "manual de Washington"

Hasta la publicación del relato de Goldberg, la versión del acusado no había sido conocida. Y he aquí la contribución más interesante de su escrito. Porque ahora sabemos que Obama se sintió "liberado" al resistirse a lo que se refiere de forma despectiva como el "manual (playbook) de Washington", es decir, el libro de recetas escrito a varias manos entre la comunidad de inteligencia, el departamento de estado y los think tanks de la capital estadounidense. Unos actores por lo general partidarios de que Estados Unidos juegue un papel muy activo en la escena internacional (léase ponga pocos reparos a las intervenciones militares sobre el terreno) y obsesionados con intangibles como la credibilidad. Al reafirmarse frente a las presiones de estos grupos Obama no sólo rompió con una inercia histórica, sino que imprimió a la política exterior su visión del rol de su país en el mundo y de las prioridades estratégicas de su administración. La suya es una perspectiva basada en la evidencia que limita el activismo bélico frontal a situaciones que ponen en riesgo la seguridad nacional (entre las que se encontraría un Irán nuclear pero no la guerra civil siria) y que ha incorporado las lecciones aprendidas de la historia reciente, de Vietnam a Iraq.

Ahora que España se habla tanto de líneas rojas, convendría tener muy presente como estas muchas veces son producto de impulsos inerciales y no la derivada de juicios racionales.  Los líderes de los principales partidos no deberían tardar en emular a Obama y liberarse de las presiones del contubernio político-mediático español (porque en Madrid no hay manual pero sí hay corte) para dejar la retórica de los principios de lado y negociar un futuro gobierno con base en intereses concretos compartidos.


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