El Blog de David Eads

«Fue una decisión difícil, pero fue la correcta»

Fue una decisión difícil, pero fue la correcta. Ocho palabras de DavidCameron, que venían a señalar que las relaciones que Inglaterra mantiene con el resto de sus socios europeos no volverán a ser jamás lo que eran. Al rechazar la oportunidad de moverse al unísono con -probablemente- todos los demás países de la Unión, Inglaterra no dejó lugar a dudas sobre sus intenciones: no sólo está feliz de estar fuera de la moneda única, sino que lo más probable es que no entre en la misma jamás.

A pesar de que valora hasta cierto punto la utilidad de pertenecer a la UE, no está dispuesta a ceder a la misma ni un ápice de control fiscal y menos en un momento en el que la presión popular pide una menor implicación en Europa. En palabras de la baronesa Thatcher, "seguid adelante si queréis, pero esta nación sigue sin estar dispuesta a cambiar de idea". Vamos, que aun desde la cuneta del euro David Cameron ha sido capaz de devolver a Inglaterra su reputación de país problemático, de niño malcriado y de especialista en estropearlo todo. ¡Cielos, ni siquiera estamos en la moneda única y a pesar de todo somos el foco de todos los enfados!

La novedad es que esta vez no ha habido una negociación al uso, marcada por trueques y regateos. 

Esta vez, sin embargo, es diferente. Las negociaciones no tomaron la forma tradicional de regateo o trueque, de dar un poco y coger otro poco. Esta vez fue un todo, una petición para que el régimen de servicios financieros ingleses experimentase algún cambio o imposición fiscal de acuerdo con todos los demás. Y eso no iba a ser aceptado nunca.

Entonces, ¿dónde está Europa en la política británica hoy, y dónde figura Gran Bretaña en Europa? No importa todo lo que se dice sobre destacar en Europa. Los británicos esencialmente no confían en la UE y creo que nunca lo harán. No es de extrañar. Edward Heath, primer ministro británico en 1975, el hombre que guió nuestra entrada en la Comunidad Europea, nos dijo “no hay peligro de una moneda única”. Sucesivos primeros ministros reivindicaron que el país estaba en el corazón de la UE, o liderándola desde el frente, pero ningún otro país de la UE lo vea desde esta perspectiva. Cuando los líderes europeos hablan sobre intereses nacionales e intereses europeos, generalmente señalan que ambos son lo mismo. Para el Reino Unido, es habitual insistir en los intereses nacionales porque no son los intereses europeos.

En Gran Bretaña aún es importante para los líderes políticos ser vistos para liderar, especialmente en épocas difíciles. Y ahora, como se demostrará durante los próximos meses y años, es en los márgenes donde debemos sentirnos más seguros - como el exprimer ministro Harold MacMillan lo describió, “el lugar donde discutimos sobre pescado, patatas, leche… en la periferia”.

Intriga saber cómo otros líderes europeos deben sentirse ahora respecto a Cameron. Sí, es un dolor, porque cuanto mayor sea sentido de unidad en esta etapa, más convencidos estarán los mercados de que este club destrozado y poco respetuoso con las reglas está conminado a retractarse. Una nueva ley tumba el acuerdo de un caballero cada día.

De hecho, el británico elige vigilar los límites de la eurozona igual que el proyecto más ambicioso en tiempos de paz en Europa fue anunciado con fanfarrias y los dedos cruzados. El Reino Unido optó por no hacerlo. Entonces, no esperen que ahora el Reino Unido haga lo imposible para ayudar. ¿Y cuántos líderes deben de haber deseado tener la misma libertad de movimientos que Gran Bretaña tiene ahora sobre sus propios asuntos presupuestarios? Cuando tu economía está en caída libre pero tú ya tienes la mano sobre las palancas más importantes del poder para corregir cualquier caída, simplemente no tienes elección. Simplemente tienes que marcharte con el resto.

No sientas sin embargo demasiada envidia por Cameron. Los líderes conservadores a menudo caen en los campos de Bruselas. Maggie Thatcher forjó su reputación de dama de hierro asumiendo a Miterrand,Kohl Delors, pero esto ayudó a llevarla a su fin. John Major lideró una “silla vacía” revuelta por la crisis de la encefalopatía espongiforme bovina – esto no le granjeó las simpatías del electorado británico. Llamas a la puerta de los Estados Unidos bajo tu riesgo en la política británica porque siempre hay un movimiento euroescéptico preparado para rugir pidiendo más si le llega un olor a sangre de europea.

Mientras al señor Cameron se le conceda regresar como un héroe por los euroescépticos de su partido, no está bajo las ilusiones de que ellos simplemente se recostarán en sus sillas y disfrutarán el momento. Siguiente paso, ¿un referéndum sobre el retorno de competencias desde Bruselas? Y por qué parar aquí, porque la cuestión sobre la pertenencia a la UE en sí misma nunca se ha ido.

Es una pendiente terriblemente resbaladiza y abrupta, y tiene que volver a la vista en un abrir y cerrar de ojos. Por supuesto, esto sólo explica parcialmente por qué David Cameron ha declinado educadamente la oportunidad de continuar con estas cuestiones en Bruselas. Él espera evitar las peticiones de referéndum. ¿Pero lo conseguirá? Al mismo tiempo, esos que no quieren un papel central para Reino Unido en Europa –principalmente sus compañeros liberal-demócratas de la coalición de gobierno– están atacando al primer ministro para anteponer las políticas de su partido a los intereses nacionales y dejar a Gran Bretaña aislada.

Mientras tanto, el resto del club tiene que salir de su estupor de una vez por todas. Como los alcohólicos, que se han convencido a sí mismos de que están bien y es lo que hay a su alrededor lo que está inclinado, han pasado mucho tiempo engañándose a sí mismos sobre su verdadera adicción al préstamo y el consumo. Ahora, cuando miran tristes y con los ojos enrojecidos dentro de los vasos vacíos de cerveza de sus futuros, ¿están preparados para aceptar cuánto esfuerzo es necesario para estar sobrio? Y para convencer a quien los conoce de que esta vez va en serio, es de verdad – ¿quieren ellos reglas para asegurar que nunca caerán al vacío de nuevo en su propio abismo?

Seamos honestos: incluso la sobria Alemania, la única que reivindica nunca haber bebido porque siempre es la única que conduce, ha empinado el codo unas pocas demasiadas veces, excediendo los criterios de convergencia y aflojando las regulaciones de las sanciones para los países sinvergüenzas.

Romano Prodi, exprimer ministro italiano y expresidente de la Comisión Europea, describió el Pacto de Estabilidad y Crecimiento como estúpido. En efecto, el Pacto de Estupidez, como algunos lo han llamado, podría haber permanecido con este nombre: estúpido si no proporciona estabilidad o crecimiento; estúpido si falla al asegurar que la economía juegue según las reglas; estúpido si significa multas pesadas para países cortos de dinero. ¿Estará, en estos momentos, a la altura de su nombre real y contribuirá a la estabilidad y el crecimiento? Quizás.

Hace diez años, cuando la moneda única llegó a este mundo feliz, Romano Prodi también declaró: “estoy seguro de que el euro nos obligará a introducir un nuevo conjunto de instrumentos económicos. Es políticamente imposible proponerlo ahora. Pero algún día habrá una crisis y se crearán estos nuevos instrumentos”. Parece que ese día ha llegado. Y si el euro sobrevive, seguramente éste es el paso pedido tan desesperadamente.

“Nadie hubiera cruzado el océano si hubiera podido bajarse del barco en mitad de una tormenta”, dijo el inventor americano Charles Kettering. Éste es indudablemente el momento de poner estas palabras a prueba. Conducir la tormenta –o no– es todo lo que hay.


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