Educación a fondo

Si vas a Granada, pregunta por Calatayud

Me dicen que anda por ahí un juez que va dando lecciones de Pedagogía y Educación al vulgo. ¿Cómo no? Cualquiera puede hoy impartir instrucciones pedagógicas a maestros y profesores: ¡cuánto más un juez! Y si es de conferencia en conferencia, tanto mejor para “el meu bolsillo”. Ahora bien, se puede preguntar un simple plebeyo tributario: ¿qué pasaría si un profesor se atreviera a impartir lecciones de Justicia entre los jueces, esos faraones?

¿Qué pasaría si, por ejemplo, un profesor común le dijera al juez pedagogo que se dedique a barrer en casa, que porquería de sobra hay en cada uno de los juzgados de España, que lo están dejando peor que el palo de un gallinero; o que emplee sus conferencias para hablar de aquellos jueces que, por amiguismo y otras corruptelas, dictan sentencia siempre en contra de la parte débil; o que se dedique a enumerar los argumentos totalmente arbitrarios que usan sus colegas, avalados, claro, por un sistema de total impunidad; o que gaste su tiempo libre intentando mejorar esa cosa que se llama CGPJ, sacando a la luz pública, por ejemplo, los juegos de intereses corporativos, las denuncias que no se investigan, etc.? Así no se gana la promoción profesional, ni las correspondientes sinecuras, ¿verdad, zeñorjué?

¿Y qué pasa, que en Andalucía —do mora zu zeñoría— no hay preocupaciones más interesantes, ni de más valor para la cosa pública? ¿Las clases directoras de tan salerosa Región no merecen la atención de este oficiante de la Justicia? Y que conste en acta que lo mismo se puede decir de otras regiones de España, como la última que visitó el juez pedagogo para impartir otra de sus pedagógicas lecciones: la CCAA de Murcia, que es lo mismito que Andalucía, pero con menos salero. ¿No sabe vd., zeñor jué, que ahí mora otro juez que durante dos años dejó en el cajón, sin investigar, una denuncia contra el rector de esa universidad, y que la cerró, sin investigar, justo al día siguiente de que se enterara de que fue denunciado ante el CGPJ por ese retraso, y que el CGPJ no hizo nada? ¿No merecía siquiera decir que cómo un juez puede dejar en el cajón 24 meses una denuncia y que, al mismo tiempo, el juez Calamita fue expulsado de la judicatura por un retraso de 6 meses? ¿Esos casos no son objeto de sus cuitas, zeñoría? Así no se gana popularidad, ni las correspondientes invitaciones para dar conferencias, ¿verdad, zeñorjué?

El fin justifica losgarzones

Porque, vamos a ver: a este juez que nos viene a dar lecciones de pedagogía a los profesores, ¿quién le ha oído decir una palabra cuando el Constitucional —en el mayor acto de bajeza que se pueda conocer en la historia reciente de España— legalizó a Bildu, contra el dictamen del Supremo? ¿Cuándo se le ha oído hablar de las miles de corruptelas judiciales y de la necesidad de garantizar la independencia del poder judicial, ese mito? ¿Quién ha visto que sacara los colores a esos sus colegas, esos faraones, a quienes se les ha puesto la carne de gallina cuando algún súbdito ha cuestionado el mito y ha dicho que el “Rey está desnudo” (valga la redundancia)? ¿No es importante para un Estado, más que las lecciones de pedagogía, el hecho de que el pueblo no pierda la confianza en la Justicia ni en sus Oficiantes, ¿zeñorjué?

Vamos a ver si me aclaro: que el sistema judicial español es una ruleta rusa; ruleta que, por cierto, siempre falla en contra del débil; y, además, el ciudadano corriente y moliente no tiene ni derecho a rechistar; que los jueces, cual faraones, pueden actuar, y actúan, con total arbitrariedad, a su libre voluntad, con poder absoluto; y, por su arbitrariedad y carácter absoluto, España está lejos, muy lejos de eso que se llama Estado de Derecho, que en España no se conoce de ello más que el nombre;

Que España está rodeada de jueces que impune y miserablemente dictan siempre sentencia a favor del fuerte y poderoso, para no buscarse problemas con los caciques locales, o para que no se vea mermada su promoción profesional, o simplemente por pura gandulería; Que hoy el español decente no puede confiar en los tribunales, que es donde el ciudadano civilizado tiene ir a hacer pie para no hundirse en el pantano del vértigo, la desesperación, la injusticia social;… Y, a pesar de todo, ¿me dice usted que hay un juez que va de pedagogo y que se le ocurre dar lecciones de educación a los profesores?

Puee, no, zeñoría, no.

Dezo ni hablá, quillo.


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