Educación a fondo

No es la economía, Mariano, es la formación

El problema económico de España es estructural. Cierto que la situación se ha visto agravada por varios factores colaterales: crisis financiera mundial, desmesurado gasto de la administración pública, inadecuada política gubernamental, etc., pero esas coyunturas no han hecho sino acelerar el problema de fondo, a saber: España tiene poca capacidad para competir en el mercado. Así, durante el período de crisis general, mientras los socios comunitarios han aumentado las exportaciones de productos que requieren gran innovación —alta tecnología—, España ha retrocedido.

La estructura económica de España se caracteriza por dos factores fundamentales: primero, se ha apoyado en sectores de escasa innovación y de bajo valor añadido, y, segundo, utiliza mano de obra poco cualificada y temporal. Dicho en otras palabras, España no ha sabido estar a la altura de eso que, desde hace décadas, se ha llamado: sociedad del conocimiento. En consecuencia, el reto que tiene este país es el siguiente: para crecer en competitividad en un mercado global, España necesita aumentar el grupo de empresas innovadoras (investigación propia, innovación, patentes); y, para ello, debe desarrollar uno de los factores determinantes de la productividad y la innovación: el capital humano.

Ahora bien, ¿en qué estado se encuentra el capital humano español? En 2009, el 41% de los empleados españoles tenía nivel de formación inferior a la educación secundaria, frente al 23% de la media de la EU. De igual modo, es difícil que la formación continua dentro de la empresa —esencial para crear innovación— mejore, dado el mercado dual de trabajo del modelo económico español. En la última década el 30% del empleo es temporal —el doble de la media de la EU. Es más, entre 15-24 años, la temporalidad es del 56% —siendo el 40% en la EU. Además, más del 40% de los jóvenes españoles está en paro —cuando la media europea es del 20%—, lo que supone más de un millón de jóvenes en paro. Y coincide que esos jóvenes en paro son los que han fracasado en el sistema educativo. Por tanto, el fracaso educativo conduce al paro. En consecuencia, o se reforma el sistema educativo, o el estancamiento económico de España será endémico.

La crisis económica de España reside en la falta de competitividad de sus empresas. La causa de la falta de competitividad está en la baja calidad del capital humano. De este modo, la salida de la crisis económica pasa necesariamente por la reforma del sistema educativo.

Por si fuera poco, las evaluaciones nacionales e internacionales (Prueba General Diagnóstico 2010, PISA 2010) indican que el sistema educativo español genera desigualdad entre sus Comunidades Autonómicas, de tal modo que si un niño nace en Madrid, Castilla-León o La Rioja, podría tener una calidad educativa similar a los de Noruega, Alemania, o Suiza; si el niño nace en Andalucía, Baleares o Canarias, obtendría una calidad menor incluso a los de Lituania o Turquía; si nace en Ceuta o Melilla tendría una educación inferior a la de Rumania. De ese modo, el despegue económico de España se ve lastrado por el sistema educativo y el diseño Autonómico actual. Existe una relación recíproca entre fracaso del sistema educativo, inviabilidad del actual diseño Autonómico, y colapso económico.

De ello se desprende que, para superar la situación económica, se requieren tres reformas básicas: uno, reforma de la educación pública; dos, reforma de la educación pública y, tres, reforma de la educación pública. Es decir, exactamente lo que no va a hacer Mariano. Todo indica que Mariano se va a dedicar a parchear y maquillar el edificio educativo, a beneficio de tertulianos: que si Loce (un parche más), que si cheque escolar, que si debate en torno a la Educación para la Ciudadanía, que si lenguas co-oficiales…, parches para un edificio que se hunde continua e inexorablemente en el barro. Mariano se dedicará única y exclusivamente a la economía y dejará la cartera y la tarta de la educación a los de su partido auto-considerados liberales, amen de Opusianos y demás liberados del sindicato eclesial. Eso es el cheque escolar: una concesión a la educación privada —a beneficio del sindicato eclesial, con o sin sotana—, y la renuncia a reformar la escuela pública.

Y todo ello se hará en nombre de la “libertad”. El PSOE ha destruido la escuela pública en nombre de la “igualdad”. Y el PP va a dejar que se hunda en nombre de la “libertad”. Y veredes, amigo Cid, tertulianos dedicarse con renovado denuedo a tan noble labor.

De esa forma, dejando vía libre a las grandes empresas y a una minoría de alumnos “excelentes”, España puede tener algún repunte económico a corto plazo. Sin embargo, como no se habrán abordado —otra vez— los problemas de base ni se habrán realizado —otra vez— las reformas estructurales requeridas, el país volverá a caer en picado —otra vez— dentro de 7-10 años. Y es que este país parece no entender que la casa no se empieza a construir por el tejado; que no es la economía, sino la educación; que la creación de trabajo empieza por la reforma del sistema educativo público.


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