Educación a fondo

Los chiringuitos universitarios entre bastidores

La crisis económica de España está influida por un sistema educativo incapaz de generar profesionales competentes y conocimiento innovador. El sistema educativo genera el 50% de paro juvenil y la universidad expulsa a los profesores e investigadores mejores preparados. En consecuencia, difícilmente se podrá superar la crisis sin una reforma seria de escuela y universidad.

Sin embargo, la reforma universitaria anunciada por Wert va a ser mero maquillaje; como pintar de colorines un edificio en ruinas. Quedará intacta e inmaculada la causa de fondo de la muerte de la universidad: su politización. En efecto, desde la reforma universitaria de 1983 (LRU), la estructura de la universidad es la siguiente:

Primero, para que un profesor sea contratado se necesita padrino: o bien te mete un Catedrático o Titular, o no entrarás. El tribunal de selección de profesorado —ese paripé— consta de 5 miembros, pero el departamento que solicita la plaza nombra "a dedo" a 3 de ellos. Por tanto, el catedrático-titular que controla el departamento, controla el acceso. Es decir, quien tiene en su redil más fieles serviles, controla la puerta de acceso. De ahí que el entretenimiento favorito en la universidad sea, más que la investigación, la lucha intestina por el poder.

Dicho en Román Paladino: eres aceptado si eres del partido, o del sindicato, o si muestras pleitesía (esto es: si presentas un Master cursado en la Lewinsky Business School). Si te atreves a criticar la estructura desde dentro, el rector tiene poder para echarte con la mayor facilidad del mundo —sirviéndose de su Servicio de Inspección, esa máquina represora que no tiene nada que envidiar a aquellas de las depuraciones franquistas—. Véase el casoJorgeLirola en Almería, expulsado durante 4.5 años por atreverse a criticar a su rector; expulsado ante el silencio cobarde y cómplice de eso que se llama “comunidad universitaria”.

Segundo, a nivel nacional un área de conocimiento (Teoría de la Educación, por ejemplo) está controlada por unos pocos catedráticos y titulares. La cuadrilla de amiguetes se ayuda mutuamente para meter a los suyos en la universidad: "hoy metes tú a mi mujer, mañana meto a tu amigo o a tu hijo,…" Además, también se usan las revistas del área para publicar sólo a "los suyos" (a eso se le llama en España “producción científica”); no sacan la plaza a concurso hasta que "su pupilo" no está listo para presentarse, etc. Es voz pópuli. Todo el profesorado universitario lo sabe.

Tercero, una universidad no es más que la suma de sus padrinos. El jefe de los padrinos locales es el rector. Los padrinos, en cónclave —en eso que se llama Consejo de Gobierno—, controlan el acceso. Y así se explica que el 98% del profesorado que contrata la universidad ya sea miembro de esa universidad. Y, por ello,los profesores e investigadores mejor preparados tienen que abandonar España. Ahí está el meollo: la corrupción endogámica.

La red de la araña

En resumen, los departamentos universitarios son meros cortijos de intereses de grupos, de partidos, de sindicatos. Y el rectorado es un mero trampolín de carreras políticas (y viceversa). Esa es la causa de la muerte de la universidad española y una de las razones centrales de que la crisis económica de España sea estructural: la politización de la institución y el consiguiente servilismo intelectual. Y porque la causa del problema es la politización, ni hay, ni habrá voluntad política para el cambio. Esto es obvio.

Por tanto, para conocer el estado de la universidad de la España de las CCAA, hay que estudiar su relación con el conjunto de instituciones públicas. Porque toda la estructura institucional de una región aletea y flirtea en torno al pastel universitario. Desde la LRU de 1983, la universidad es una máquina expendedora de cafelitos, plantada en medio de la plaza, para que la clase política administre sus favores. Toda la estructura institucional de una región participa de ese juego de intereses. Y toda significa toda, toda, toda. Todos son favores a cambio de favores: 

—   el rector que machaca y expulsa a los profesores que se atreven a destapar sus corruptelas, ante el silencio cómplice de todas y cada una de las instituciones públicas

—   la bandada de políticos locales de todos los colores que tapan al rector y a su cuadrilla para que, cuando dejen de ser concejales, se les permita pasar a ocupar un puestecito en su universidad

—   el director de periódico local que oculta las corruptelas de su universidad porque ésta paga buena parte de la nómina del periódico en concepto de publicidad; estos periódicos son la verdad, pero del que manda; la opinión, del poderoso

—   el Presidente de la CCAA que paga las deudas negras del gasto desaforado del rector (y su clientela), a cambio de que su profesorado no cuestione la gestión política del Presidente; y si el rector ha sido Decano de la Facultad de Derecho, para que sus ex alumnos no imputen a los Concejales de Urbanismo de esa CCAA

—   aquellos jueces que impune y miserablemente nunca dictarán sentencia contra las fechorías de un rector, para no buscarse problemas con los poderosos, o para que no se vea mermada su promoción profesional, o por pura gandulería.

Esos últimos, esos faraones, desde mi punto de vista, son los peores, porque convierten la Justicia en el órgano represor del sistema democrático.

El problema de fondo: la corrupción de las clases directoras

El problema no es nuevo. Es el cáncer que arrastra la España contemporánea, y que repercute también en la institución universitaria. Jovellanos —vivo ejemplo de intelectual íntegro condenado al ostracismo— afirmaba en 1798 lo siguiente:

"¿Hay por ventura otra Nación que nos gane en el número de establecimientos literarios? Ninguna tiene más cátedras de primeras letras y Latinidad; ninguna, tantas de Filosofía, Medicina, Teología y Jurisprudencia; ninguna tantas Universidades, Colegios, Seminarios y Casas de enseñanza; ninguna, en fin, tantos establecimientos, tantas fundaciones, tantos recursos, dirigidos al grande objeto de la Instrucción pública. La causa, pues, de nuestra ignorancia, no puede estar en el descuido de este objeto, sino en los medios de dirigirle."

La corrupción de las clases directoras. Esa es la historia de la España contemporánea. Ese es el estado de la universidad española hoy.


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