Educación a fondo

Un cheque para una escuela sin fondos

A los padres españoles les quieren dar un cheque para que lo inviertan en una escuela sin fondos. Les dicen que Finlandia o Suecia lo tienen, pero les ocultan que allí gozan de una extraordinaria escuela pública y, por tanto, allí los padres tienen posibilidades reales a la hora de elegir escuela. Pero si damos un cheque para que se invierta en un desierto —que eso es el solar de la educación pública en España— ¿qué posibilidad “real” tienen los padres a la hora de ejercitar su libertad? La única libertad real será para el mercado, con el consiguiente fortalecimiento de la escuela privada. La introducción de las reglas del libre mercado en la educación, eso es el cheque escolar, lema que hoy están vendiendo al PP los acomodados de clase premier con discursos pseudo-liberales y pseudo-conservadores; en otras palabras, Pedro Schwartz y su escuela. Como ya dijera en un post anterior [No es la economía Mariano: es la formación]: «El PSOE ha destruido la escuela pública en nombre de la “igualdad”. Y el PP va a dejar que se hunda en nombre de la “libertad”.»

En verdad, lo que enseña Finlandia y Suecia es que la calidad de la educación depende de la calidad de su profesorado. Esa es una pauta que a nivel internacional registran todos los países que han mejorado su sistema educativo. «¿Quiere formación de calidad? Elija a los mejores profesores». Sin embargo, esa clave se está ocultando en España, porque requiere una considerable inversión pública, y una inversión que no dará frutos en esta legislatura.

Desde el punto de vista electoral —horizonte que limita el campo de visión de la política, de la política miope— es más rentable ofrecer un cheque, aunque se sepa que no se tiene fondos.Ese parece ser el panorama educativo de esta legislatura: un cheque a los padres, para su halago y contento, y otro a los sindicatos, para que no hagan ruido en la calle ni se indignen en Sol. Pese a todo, un país competente y competitivo depende de la competencia y competitividad de sus profesores. La calidad de la fuerza laboral depende de ello. La investigación superior depende ello. La innovación empresarial depende de ello. Es decir, la viabilidad de la estructura económica depende de ello.

En este momento, el desarrollo de España depende, en concreto, de la mejora de la formación del profesorado y, en particular, de su formación inicial. De la escuela pública, se entiende, que es la escuela de todos. Durante los próximos diez años España necesita 200.000 nuevos profesores, un tercio de su plantilla, y es una oportunidad única para seleccionar a los mejores. Dentro de diez años, el nivel del sistema educativo español no será superior al nivel de su profesorado. Por tanto, sería deseable que las dos tardes que la nueva Ministra de Educación va a dedicar al tema sean bien aprovechadas. Una preocupación central de los países más avanzados en materia educativa es la siguiente: ¿cuántos Ministros y Secretarios de Educación ha tenido el país durante los últimos años? ¿Todos ellos saben lo que realmente ocurre en las escuelas? Esas cuestiones son indiferentes para la clase política española, muy acostumbrada a otorgar carteras como se otorgan favores y “por ser vos esposa que quien sos”. A pesar de todo, a la Ministra habrá que enseñarle en esas dos tardes lo básico:

Primero. En los sistemas más avanzados hay un principio muy claro: la formación inicial del profesorado tiene su centro en el instituto y está guiada por el profesor del instituto. Esos países lo aplicaron ya en la década de 1980, con experiencias que se remontan a 1960. El conocimiento profesional del profesor (la pedagogía) es fundamentalmente conocimiento práctico, se adquiere en la práctica (en la escuela) y esta guiado por el profesional (el profesor de instituto). Ese es el corazón de la descentralización y la autonomía escolar. Pero esa realidad se ha ocultado intencional e interesadamente. La política educativa made-in-Logse (1990) utilizó tales conceptos para hacer justo lo contrario: la pedagogía (que es un conocimiento práctico) la enseñan de modo teórico, alejados de la escuela (esto es, en la universidad), y dirigida por unos “teóricos”. Y así creó una clase de supuestos expertos, los pedagogos universitarios, que desde despachos con aire acondicionado se han dedicado durante dos décadas a pulir y dar brillo a las elucubraciones ideológicas del dogma pseudo-progresista Logse, o lo que es lo mismo: revista Cuadernos de Pedagogía, semanal Escuelaespañola y diario El País.

SegundoEl mayor potencial de cambio del sistema educativo español es el descontento, la frustración, el desamparo y la quemaera que tiene el actual profesorado de Instituto, unido a las ganas de abandonar las aulas que la mayoría siente. Ahí hay, en efecto, una ingente energía de cambio. Porque si a esos profesores se les dice que en unos 3 años, vg., pueden promocionar y adquirir la categoría de “mentores” (formadores de aprendices de profesores), con una considerable reducción de su docencia en el aula, pero para dedicar más tiempo a la formación y a investigar cómo resolver problemas concretos del aula y la escuela; y si además se les dice que en 6 años, vg., pueden promocionar y adquirir la categoría de “formadores” de profesores, con otra más que considerable reducción de docencia en las aulas del instituto y más tiempo para formarse e investigar qué se hace en otros lugares, cómo resolver problemas de la educación, etc.; como digo, si se le ofrece esa promoción, aunque sólo sea por el ansia de abandonar y huir del aula, un alto porcentaje de los profesores actuales se lanzaría a estudiar y a matarse a trabajar en serio para producir buenos resultados y poder promocionar. Poder promocionar: esa es la clave. Eso elevaría la calidad del profesorado y mejoraría considerablemente los resultados escolares. Los mejores profesores tendrían espacios y posibilidades reales de avanzar, desarrollarse, crecer, mejorar. Y ello incentivaría no sólo la motivación personal, sino también la competitividad dentro del cuerpo profesional, claves ambas para la mejora de los resultados escolares. En cambio, el sistema educativo actual se caracteriza por quemar a los mejores profesores, que terminan por tirar la toalla, estrangulando, pues, la posibilidad de mejora de resultados del sistema. Y que hablen los profesores y digan si es cierto o no.

Tercero. Para garantizar la calidad del sistema educativo en toda la nación española —y garantizar así la igualdad en todas las regiones—, la selección y formación del profesorado debería ser una competencia educativa nacional. Ese Centro Nacional de Formación de Profesores tendría un claustro de profesorado de la máxima calidad profesional, calidad regida por tres requisitos: currículum académico, experiencia práctica-docente, y formación sobre el sistema educativo. Al claustro se accedería mediante un fuerte sistema de oposiciones públicas. El sistema de oposiciones sería de la máxima transparencia pública, pudiendo ser objeto de supervisión, revisión y crítica por parte de cualquier instancia u organismo nacional e internacional. Además, el tribunal de examinadores estaría compuesto por reconocidas autoridades en la materia a nivel internacional, y seleccionado de tal modo que se garantice la independencia —especialmente de los políticos y de los pedagogos universitarios

Y, después, que se den a los padres todos los cheques que se quieran.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba