Educación a fondo

Vuelven las hordas marginales y el agit prop

¿No va a aprender nunca el pueblo español que un 1% de la sociedad puede marcarle el destino a una España entera? Se repite la historia. Vuelve la juvenilización a la sociedad española. Una minoría política encanallada y bien conectada con los poderes dominantes, una turba como tropa de asalto al poder, y, sobre todo, mentiras a gogó. Para encanallar la sociedad se han de juntar cuatro simples ingredientes 

I. Una minoría política bien conectada

II. Minoría que atiza unas hordas marginales pero sedientas de violencia, de destruir todo lo que su prójimo ha levantado

III. La colaboración de los conglomerados mediáticos en la mentira

IV. Y adulación de la juventud, aprovechándose de su buena voluntad y de su mucha ignorancia 

Eso es lo que ha sucedido esta semana en Valencia y Madrid. En otras palabras: (i) Rubalcabra, (ii) hordasviolentas, (iii) El País y (iv)adulación en forma de “defensa de la educación”. Entre mentira y mentira, la sociedad española —ese enjambre de “ande yo caliente”, “yo no quiero saber nada”, “yo no quiero problemas”…— siempre hundida en el barro. Se repite la historia.

Vuelve la juvenilización a la sociedad española

En la década de 1920 Ortega y Gasset predecía el florecimiento en Europa de la juvenilización. Y acertó, por desgracia, en la predicción. En Italia aparecen los faccios, esto es: i) grupos de jóvenes caracterizados por una gran actividad violenta; 2) un don Benito como líder capaz de embutir el descontento juvenil en camisas bien organizadas, y (3) la propaganda de la mentira (entre ideas socialistas, primero, y nacionalistas después). En Alemania, igualmente, surgen grupos de jóvenes violentos en torno a ideas nacional-socialistas, que llevaron a un trágico líder al poder, entre mucha mentira diligentemente amañada, en ser y tiempo, por el profesorado universitario, y una guerra que dejó 50 millones de muertos. 

En España, el fenómeno se remonta a principios del siglo XIX con la invasión francesa: una sociedad adormecida y de un tajo partida por la tensión de una minoría anclada en el régimen de lo antiguo, y otra, en el régimen de lo nuevo. Pero la juvenilización adquiere sus rasgos más definidos en la segunda mitad del XIX, cuando las minorías rectoras descubren el poder de las turbulencias callejeras de la juventud, incendiadas por principios idealistas de cambio social. No otra cosa es la revolución de septiembre de 1868. Desde entonces, la juventud ha sido una fuerza política latente en España. 

Hasta tal punto es así que la guerra civil española no se puede explicar sin el fenómeno de la juvenilización: una violencia juvenil estratégicamente instigada por una minoría de políticos radicales. Recuérdese que, antes de la guerra, las fuerzas extremas de izquierda y de derecha apenas representaban un 1% del electorado. Unas turbas de uniformadas camisas negras; otras turbas, con camisas rojas. Y todas ellas, unas y otras, dirigidas por una pequeña minoría política y por una gran cantidad de mentiras machaconamente repetidas por los altavoces mediáticos.

¿Y no va a aprender nunca el pueblo español que un 1% de la sociedad puede marcar el destino de una España entera? 

Alimentando al Bulldog 

El fenómeno de la juvenilización se acalló tras el desastre de la guerra civil y la posterior represión. Después de la dictadura se instala en la sociedad española la supremacía moral de la izquierda y la consiguiente equiparación entre Democracia y legitimidad del Gobierno de izquierda. Por tanto, en aquel período histórico “la legitimidad del poder” ya no es problema y, por consiguiente, no se requieren fuerzas de cambio social, sino de consolidación y mantenerse en el poder. 

De ese modo, la década de 1980 con el Gobierno socialista se caracterizó por una sistemática destrucción de la sociedad civil (movimientos vecinales, asociaciones culturales, etc.), politización de las instituciones públicas (especialmente la Justicia, hasta que han dejado el Constitucional y el CGPJ como el palo de un gallinero), convertir los sindicatos en correas de transmisión política (y de fondos públicos), etc. En ese estado, la juventud sufrió un planeado adormecimiento; no de otro modo se explica el fenómeno auto-destructivo de la expansión de la droga entre la juventud en la década de 1980 (fenómeno, por cierto, ya olvidado).

En la segunda mitad de la década 1990, con una izquierda que está perdiendo legitimidad por la escandalosa corrupción económica y política, y ante la previsión de perder las elecciones, elGobierno de FelipeGonzález—en cuyo núcleo duro estaba Rubalcabra— vuelve a alimentar lajuvenilización, sacando la imagen del Bulldog en plena campaña electoral. Así, posteriormente, durante la segunda legislatura de Aznar (años 2000-2004), la fuerza de oposición se hizo gracias a:

I. Una minoría de políticos, en torno a Rubalcaba–ZP, bien conectada con el emperador Polanco y su PRISA

II. Unos cuantos grupos radicales que despertaba y aglutinaba las fuerzas juveniles

III. Propagando aduladoramente los valores de moda entre la juventud, como valores ecológicos (caso Prestige), etc.

IV. Y sobre todo, mucha mentira eficazmente transmitida por el diario independiente de la mañana 

El clímax de toda esa estrategia de cambio político (de deslegitimación del Gobierno de la Bestia), los días 11-14 marzo de 2004, o lo que es lo mismo: (i) Rubalcaba, (ii) hordasviolentas (iii) Gabilondo y Carrusel Deportivo de la SER y (iv) el valor de la paz y “un Gobierno que no nos mienta”. Y otra vez, durante los años 2004-2011, el Bulldog a dormir. 

Paseando al Bulldog en Sol

«¿Que me dice usted que hay unos jóvenes indignados; unos jóvenes que no se han indignado con un Gobierno que ha sumido a España en la miseria económica, que ha creado más de 3 millones de nuevos parados,… y que se indignan ahora, en plena campaña electoral, cuando va a entrar en el Gobierno el PP?». Otra vez se repetía la historia: 

i) Una minoría de políticos bien conectados 

ii) Que moviliza unos grupos marginales utilizando a “mayores” procedentes de sectores políticos “comprometidos”, sindicalistas, movimientos asamblearios…

iii) Minoría que alimentó el descontento de una gran cantidad de jóvenes —otra vez la adulación de la juventud

iv) Y, sobre todo, mucho aparato mediático

Tan fashion fue la movida que hasta fue vitoreada con simplezasintereconómicas, lideradas por el intelectual del grupo, Federico Quevedo. Lo que demuestra que es falso el dicho de que en España no cabe un tonto más. 

Y las hordas que hemos visto esta semana en Valencia y Madrid es una repetición de la jugada. Primero fue en la ComunidaddeMurcia, ante los recortes en Sanidad y Educación; luego fue la ComunidaddeMadrid con la excusa de la huelga nacional de los sindicatos; después ha sido en laComunidaddeValencia, en una supuesta defensa de la educación pública; la semana que viene será otra vez la ComunidaddeMadrid, contra la privatización del Canal de Isabel II. Y así sucesivamente. Una estrategia política para deslegitimar el Gobierno de “la derecha”. Un mismo fenómeno:

I. Un grupillo de políticos encanallados

II. Faccios violentos

III. Adulación de la juventud

IV. Mentiras a gogó.

La historia, pues, se repite. Y el pueblo español —esa masa social amaestrada por los telediarios— no aprenderá nunca el modo en que un 1% de la sociedad puede marcar todo el destino de España. Y se volverá a repetir la historia, porque, como afirmaba en 1870, justo en el momento en que se gestaba el fenómeno de los facciosFrancisco Giner de los Ríos:

«En los días críticos en que acentúan el tedio, la vergüenza, el remordimiento de esta vida actual de las “clases directoras”, (...) es más cómodo para muchos pedir alborotados a gritos “una revolución”, “un gobierno”, “cualquier cosa”, que dar en voz baja el alma entera para contribuir a crear lo único que nos hace falta: un pueblo adulto».


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