Educación a fondo

Labor de alta pedagogía y real regeneración

El Rubalcaba de los tertulianos dice que ha muerto un señor de 97 años que ayudó a traer la Democracia a España… y qué afición a inventar el pasado y desvirtuar la realidad tienen los blablablá. Más allá de la espuma de los partidos políticos y del ruido de los escaños, fue la masa oceánica de la sociedad española la que trajo la Democracia.Cómo y quiénes organizaron su forma jurídica y la estructura del Estado —e instauran el clientelismo en la vida pública— es una cuestión distinta; importante para entender el actual colapso del Estado, pero distinta de qué hizo posible la Democracia en España.

Plantear bien estas cuestiones es de suma importancia para el momento presente. Y no sólo por los problemas de la estructura del Estado, sino también, y sobre todo, porque mucho que temo que aquello que verdaderamente hizo posible la Democracia en la Transición —esto es, el profundo deseo de libertad del conjunto de la sociedad española— se ha desvanecido hoy. Los fenómenos sociales a los que estamos asistiendo en el presente ponen de relieve quelo que quiere la gente es un dictador. La gente quiere que “el que manda” —sea quien sea— haga “lo que sea” para salir de la crisis y para que no le toquen su sueldo y su pesebre,… y que lo haga como sea, y ya. La seguridad del pesebre, pues, prima hoy sobre la libertad y la dignidad; y eso es precisamente lo que define una vida a-política. Y las hordas de camisas camiseras manifestada y manifestando día tras día en la calle, presiona en esa dirección, aunque escorando a babor.

Y, por cierto, las últimas declaraciones públicas del señor que murió durante la siesta, emitidas por la caenasectera, fueron para instigar a la revuelta social a esa masa de camisas camiseras. Durante el mandato de esa cosa que fue ZP —que desató el colapso actual de España— no levantó el puro para señalar ni una crítica. Y “ahora que manda el enemigo”, a la revuelta social. ¡Y estos son los llamados “protagonistas de la Democracia”!

¿Dónde dices que estabas el 20 de noviembre de 1975?

Nadie adelantó un segundo el fin del régimen. El caimán murió de muerte natural. El 20 de noviembre de 1975 terminó un régimen “por muerte natural de su titular”; como ese régimen se apoyaba sobre el poder de una sola persona, a su muerte, el régimen es incapaz de seguir adelante. En ese momento, y sólo en ese momento, la sociedad española reacciona contra aquel estado: propaganda, persecución de la verdad, imperio del “hay que definirse”, depuraciones, adhesión al régimen para ocupar un cargo público, servilismo político, domesticación intelectual…

La inmensa mayoría del pueblo reacciona contra una forma de vida basada en la falsedad y el encanallamiento, y grita libertad, y clama por la Democracia. La inmensa mayoría de la sociedad española desea vivir en Democracia y, por tanto, la Democracia fue posible en España por ser la única forma de gobierno que gozaba de legitimidadsocial. El verdadero protagonista de la Transición fue, pues, la sociedad española, la intrahistoria (que diría Unamuno).

La sociedad reaccionó, y con asco, contra esa “ausencia de política” en la vida social. Bien es cierto que hubo un amplio sector jóvenes que estaban más allá de cualquier interés político. Unos, por ejemplo, ajenos a cualquier ideal de vida, se arrojaron de cabeza a una drogadicción destructiva —y todavía está por estudiar ese fenómeno juvenil de la década de 1980—. Otros jóvenes querían vivir y disfrutar la vida, sin el menor interés por la política; eso fue el fenómeno de lamovidamadrileña, y esa fue, por ejemplo, la actitud de PedroAlmodóvar durante la Transición, como él mismo declaró en más de una ocasión, y ahí están las videotecas para recordarlo: su único propósito durante su juventud —decía una y otra vez— era disfrutar al máximo de la vida, gozar cada minuto del día… hasta que, más tarde, encontró otro modo mejor de disfrutar la vida y de anunciar Golpes de Estado del PP.

Menos ruido político

Pero lo relevante ahora es señalar que, sobre la corriente oceánica de la querencia social de Democracia, acaece el ruido de los partidos y de los políticos que quieren pillar sillón y moqueta. Un ruido —y esto es lo sustantivo— que acaece en la superficie, en “el piso de arriba”, alejada y al margen de los intereses de la sociedad. Así, y en un primer momento, ese deseo social de Democracia se vio impedido por los que querían que nada cambiara: de un lado, “los vencedores” de la guerra civil; de otro lado, los que creían que, como los vencedores habían llegado a su fin, les tocaba el turno del mando a ellos, los que perdieron la guerra… Por tanto, el primer impedimento para la Democracia vino de aquellos que querían vivir del enfrentamiento, de “la memoria de la guerra civil”: tanto de parte de los que estaban instalados en el sillón, como de aquellos que querían instalarse…

Pero, en 1976, la sociedad española —el conjunto oceánico de la sociedad— rechazó en masa ambos grupos porque sus disputas seguían enfangadas en la falsedad y el encanallamiento social, ¡y eso era precisamente lo que el pueblo rechazaba con asco! El pueblo entero vomitó la forma de vida del régimen del caimán: creencias, lemas, coletillas, valoraciones, costumbres, etc. Durante cuatro décadas se había comido los lemas, las costumbres… pero, muerto el caimán, lo vomitó. Por tanto, fue la sociedad española la que impulsó la llegada de la Democracia. Y sobre esta corriente social oceánica, que es la verdadera base de la Democracia en España, vinieron luego las espumas de los partidos políticos y los ruidos mediáticos de los diarios independientes de la mañana.

De aquellos cebrianes vienen estos lodos

En un segundo momento, los “políticos de profesión” —padres e hijos de esos que hoy posan sus poses en las administraciones de todas las CCAAs— se adaptan camaleónicamente a esa querencia social de libertad y de rechazo de todo lo que sonara al régimen. Es decir, la superficie de la espuma de partidos imita el color del fondo del querer democrático de la sociedad. Y, entonces, magiapotagia, resulta que todos esos candidatos al sillón y la moqueta estaban contra Franco, y, hete aquí, todos tenían un pasado de resistencia: “estábamos luchando contra Franco”, decían los gachós. Ninguno de ellos adelantó el fin del régimen en un segundo, pero resulta que todos acabaron con el régimen, eran fieros luchadores y MayorZaragoza.

Y de ese modo deviene en el ganado de las clases directivas —de esas que hoy habitan todas y cada una de las CCAAs— el cambiodebando: para mostrar su adhesión al nuevo régimen y tener así opción al pesebre público, la gran mayoría de esos personajes se adhieren a la izquierda. Y… a todo aquel que viniera con carné en la boca, de PSOE, UGT y CCOO, era perdonado y tenía mamandurria. Es más, para que se les perdonara realmente su pasado, aquellos que más ligados estaban al régimen del caimán desarrollaron un celodeconverso, pensando que, si se quedaban en una postura moderada respecto al régimen anterior, no se iban a fiar de ellos y no iban a tener suficientes favores para tocar moqueta, Jordi.

Todos, pues, empiezan a aparecer en público cual predicadores, mordidos por el celo del converso, gritando una militancia ideológica. Todos ellos: tanto los que habían formado parte del régimen de Franco, como aquella inmensa mayoría que no había adelantado ni un segundo la muerte de Franco. Así, a golpe de cinismo ilustrado y de diario independiente de la mañana, va cuajando en la sociedad española la vigencia de la “superioridad moral” de la izquierda, el sentimiento de que, en Democracia, sólo la izquierda está legitimada (socialmente, que no jurídicamente) para ejercer el poder. Y lo mismo habría que señalar de los nacionalismos y nacionalistas que, con celo de converso, imponen en la Transición sus condiciones terrestres al conjunto de la estructura del Estado.

Sin ese cambio de bando masivo que acaece en la Transición, unido a los posicionamientos ideológicos postizos y militancias artificiales, el fenómeno de la corrupción masiva que afecta a la generación de cargos del gobierno de Felipe González no es explicable. Hoy, en la España presente, estamos viendo que la corrupción pública no sólo afectaba al ámbito del gobierno, sino que estaba carcomiendo, lenta e implacablemente, a todas “las clases directivas” del país, a todas y cada una de las instituciones que coronan el Reino de España, valga la redundancia.

Por la acción de esos personajes —esos “protagonistas”—, la vida pública española ha ido girando sobre el Estado y sus redes clientelares, en detrimento de la Sociedad española. Desde la Transición hasta hoy. O tenías padrino y un “mi amigo” en la consejería y el ayuntamiento, o no te comías un torrao. Y para tener un “mi amigo” tenías que presentar un certificado de adhesión al régimen clientelar, como antaño; tenías que comulgar con la nueva propaganda, como antaño… Por tanto, gracias a esos “protagonistas”, la vida pública quedó, otra vez, politizada. En 1976 el pueblo español quería la Democracia porque estaba asqueada de la politización de la vida pública, y lo que sucede tras la Transición es más de lo mismo; de distinto signo ideológico, pero más de lo mismo: otra vez, Estado frente a Sociedad.

El problema de fondo, pues, de la Democracia española es que la vida pública española ha estado, otra vez, dominada por “los de arriba”. Con distinta bandera, con diferentes ideologías (es más, con una ideología opuesta), pero dominada. Y, consiguientemente, la sociedad, “los de abajo”, el conjunto de la sociedad española, ha quedado privada de las dinámicas públicas. Y todo ello se debe a los llamados “protagonistas” de la Transición. La espuma institucional, y sus ruidos superficiales con viajes oficiales a Marbella, ha ido cortando el paso de la luz hacia el fondo, y el fondo social —privado del aire de la vida pública— se ha ido enfangando, lenta e inexorablemente. Hasta que, en el clímax del fango y de ausencia de libertad y dignidad, la sociedad se escandaliza, por ejemplo, cuando el Rey se fotografía junto a un elefante muerto,… y no se escandaliza cuando se fotografía junto al Presidente del Constitucional.

Todo Panzas y nada Quijotes

En consecuencia, el fundamento de la vida democrática —la querencia social de libertad que primó en 1976— ha ido menguando implacablemente. Y esa mengua se debe precisamente a aquellos que organizaron el tinglado institucional, a esos que ahora son llamados “protagonistas” de la Democracia. Gracias a su hacer, la sociedad española se ha ido debilitando progresiva e inexorablemente y la fragmentaciónsocial —eterno problema español— se ha agudizado hasta límites inimaginables. Eso es lo que vemos en las calles hoy: cada día se manifiestan grupos de camisetas de colores pidiendo “lo suyo”, que no le recortes el pesebre, que no le quites liberados, que “los míos” vuelvan a mandar, que nos den la pela o pedimos la independencia… Quieren pesebre asegurado, y lo quieren ya; lo traiga Rajoy o Merkel o Mas, pero que lo traiga ya. Entre ellos, se incluyen los mismos ciudadanos que en 2004 y 2008 votaban alegremente a esa cosa llamada ZP que les prometía pleno empleo y 400 Euros en el morral; y ahora esos mismos quieren que Rajoy, o la Merkel, o un DonNadie, les asegure el pesebre.

El “eterno infante” que es la sociedad española (en términos de Ramón y Cajal), se ha convertido en un “señorito mimado”, un “niño autoritario” que quiere ver satisfecho su deseo de seguridad, cuanto antes y a costa de lo que sea. En semejante estado, en que la libertad no tiene ni peso ni realidad, ¿qué garantías puede tener la vida democrática?Con un Poder Ejecutivo debilitado como nunca antes en la historia de la Democracia, y sin un tronco social resistente, la vida pública es un tejido pendón sometida a las rachas de las presiones callejeras en camiseta de color… Y, en tal situación, cabe esperar cualquier cosa. Y mucho me temo que cuando un Don Nadie cualquiera le meta un grito a esa masa, esas camisetas se pondrán firmes y con el brazo en alto.

Hoy, pues, gozan de toda actualidad las palabras que, en 1905, dijera D. Ramón y Cajal: «Labor de alta pedagogía y de verdadera regeneración es corregir en lo posible los vicios y defectos mentales de la raza española, entre los cuales, acaso el más fértil en funestas consecuencias sociales es la escasez de civismos nobles y desinteresados, de sanos y levantados quijotismos en pro de la cultura, elevación moral y prosperidad duradera de la patria. El quijotismo de buena ley, es decir, el depurado de las roñas de la ignorancia y de las sinrazones de la locura, tiene, pues, en España ancho campo en que ejercitarse.»


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