Educación a fondo

Harás cosas que nos helarán la sangre, Mariano

La noche que Mariano ganó las elecciones comencé la serie de entregas en este portal. Nunca he escrito por mero placer o entretenimiento; siempre, movido por la necesidad de las cosas. Esa noche muchos españoles abrigaron una extraña esperanza: de un lado, quedaría atrás esa cosa que se ha llamado Zapatero; y, de otro, España emprendería el camino cierto y seguro de las reformas que la sacarían del pozo (y ya camino de un pozo de 6 millones). La noche que daba comienzo al Marianazgo me senté para escribir que no, que tal esperanza no se ajustaba a la realidad.

En primer lugar, porque Zapatero no se entiende sin la sociedad vigente. Zapatero ha sido posible sólo gracias a un sistemático silencio, una metódica complicidad en el uso del poder y en el abuso del dinero público; una planificada connivencia de todas las autoridades académicas en la mentira; en suma, un acuerdo tácito, y plácido, de que “el Rey está desnudo” (valga la redundancia).

Dicho en términos filosóficos: ese ente que recorrió España durante 7 años no era ni cosa, ni persona, sino estructura. Joseph Pla lo decía a su modo: «Entre los que no tienen nunca un no y los que no dicen nunca que sí, no sabría a quién elegir. Son las dos máximas creaciones del energumenismo espontáneo de este país». Porque hoy todos sabemos que el caso Nóos es la metáfora de la nube de Consejerías y Ayuntamientos que corona España. Pero, recordemos, hasta hace apenas un año el soberano pueblo todavía aplaudía con dientes sudorosos cuando la trituradora tertuliana machacaba a quien osaba criticar las iniciativas de La CejaCorporation, la locura del gasto público, etc.

Mariano, padrino de un partido

En segundo lugar, las esperanzas eran infundadas porque Mariano es simplemente el padrino de una hornada de novicios sin experiencia pero con ambiciones de emperador, que eso es el nuevo PP. Y la cuita de Mariano iba a ser —está siendo—colocar a todos los miembros de su partido, para tener contentos a todos, para tenerlos amarrados a todos, y, así, tener el control del partido. Por ello nunca me he creído esa colosal estupidez que tanto han repetido tantos: “Mariano es un mal jefe de la oposición, pero será un buen jefe de Gobierno”.

El único objetivo de la política de Mariano iba a ser —está siendo— tener bien sentados a todos los suyos y resistir en el poder. En consecuencia, no iba a afrontar los verdaderos problemas que han llevado a España a tal situación, ni iba a acometer las necesarias reformas en Justicia, Economía, Educación, Finanzas y Administraciones. Porque todo eso implica desgaste político. Y desde la misma noche que ganó Mariano, lo he dicho en este portal; ahí están los artículos para verlos. (Y hubo no pocos que me acusaron de desvariar, de resentido, amén de otras pías lindeces propias de democra-cristianos).

Sin embargo, estoy viendo que me quedé corto con esas previsiones. Tal es el desprecio que esta gente tiene al pueblo de España —excepto, eso sí, a la clase premier—. Porque si, para intentar beneficiar a los de su partido, tiene que desesperar a Europa, las entidades de calificación y a los mercados, lo hace: dijo que aplicaría los recortes esenciales desde el día uno de mandato. Si tiene que perjudicar a sus votantes —y conste que yo no le voté—, lo hace: dijo que no subiría los impuestos. Si tiene que mentir al pueblo, miente: dijo que no subiría el IVA. Y todo ello única y exclusivamente por no molestar al aparato del chupópteros, los que lo mantienen en el poder.

Por haber mantenencia en el poder, prefiere machacar a recortes a la clase media, y someterla a un auténtico expolio, en lugar de meter la tijera donde tiene que meterla: un millón de funcionarios sin oposición, puestos “a deo” por la clase política; la tropa de cientos de miles de amigos y familias que, en puestos de asesores, rodea los cargos políticos (y ahora JaimeGarcíaLegaz —y no pierdan de vista a este escalador político— ha nombrado asesor al hijo de Esperanza Aguirre, por aquello del liberalismo); televisiones autonómicas, diputaciones, Senado, Ayuntamientos innecesarios, Consorcios, subvenciones sindicales —incluido el sindicato de la sotana—, subvenciones en nombre de “la cultura”, etc., etc., etc. Y Mariano no tocará nada, nada, nada. Prefiere expoliar a la clase media.

El giro anti-terrorista o de la genuflexión ante Cebrián

Ahora bien, el expolio está pasando factura a Mariano y empieza a ver que no llega como Presidente a enero de 2015. La política callejera de la izquierda y sus guallominis está sacando buen rendimiento de la situación. El globo ha perdido altura de modo dramático y se le han encendido las luces de alarma. Por tanto, tiene que aligerar peso para tomar altura. ¿Y qué hará un político cuyo único objetivo es el padrinazgo y la mantenencia en el poder? Pues lo que ha hecho Mariano: deshacerse de los principios, que, al parecer, para él no son más lastre.

Ese es el giro en la política anti-terrorista de Mariano. Se trata no más que un gesto de genuflexión ante Cebrián, para hacerle ver que es “de los suyos”, para que le eche una mano, ahora que Cebrián tampoco pasa por su mejor momento. Ese es el significado del giro en la política anti-terrorista: una inclinación de cerviz para que Cebrián se digne a hacerle la política de comunicación mediática que ni él ni los suyos son capaces de hacer. Porque para Mariano y los suyos, eso de explicar al vulgo las medidas es considerado trabajo poco noble, ossea. Y mejor que lo haga Cebrián, que además ya tiene montado el mejor aparato de propaganda. Y, para ello, Mariano no ha dudado un momento a la hora de despreciar lo poco de valor que tiene ese partido, que es al apoyo a las víctimas del terrorismo.

 Por tanto, la deriva de España —ahora sí—es impredecible. ¿El acuerdo Mariano/Cebrián implicará que Mariano va a llevar a cabo la política nacional que Zapatero/Cebrián ha dejado sin terminar?

Veredes, amigo. Veredes cosas


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