Educación a fondo

Compro mito nacionalista: ¿a cuánto está el catedrático?

Antes de que se me olvide: la agenda política de Rajoy ha helado la sangre a EsperanzaAguirre. A mediados de abril de 2012 publiqué: “Harás cosas que nos helarán la sangre, Mariano”. Pues, al ver el plan de Mariano, como digo, a Esperanza ya se le ha helado la sangre. Aunque de eso no quería hablar hoy.

El catalanismo de hoy es más español que nunca

El régimen de gobierno catalanista es la hodierna versión del vetusto caciquismo español. En Andalucía toma forma de ERE; de traje, en Valencia; de el árbol y las nueces y la miseria moral en el PaísVasco; de todo-bien-atado con tampón de consejero y sello judicial en Murcia —que Murcia es Andalucía, con menos salero—,… y en Cataluña ha tomado cuerpo de “cinismoilustrado”, siendo la universidad y la academia catalana clave para entender la manía colectiva que vemos brotar de hora en hora.

Cierto que la TV3 vive del cuento de que lo primero que hace un español cuando se levanta es pensar cómo puede fastidiar a Cataluña. Y seguro que los gobernantes que acaudillan el régimen negocian con Madrid usando la esquizofrénica táctica de poli-bueno/poli-malo, que no es más que la secularizada táctica eclesial de la “casta meretriz”, eso de la Ramoneta y su vecina. Pero no es la paranoia ni la esquizofrenia lo que caracteriza ese régimen.

El cinismo ilustrado es lo que ha definido, desde la Transición, al régimen de gobierno catalanista: empezando en Barcelona —quiero decir, en Banca Catalana— y pasando por Moncloa, con parada en Zarzuela; y que no se me olvide Aznarín. Y si nos remontamos más lejos, también: antaño la burguesía catalana consiguió el despegue económico gracias a la explotación de la mano de obra del sur de España; hogaño, el régimen califal alimenta su mastodóntica clientela burocrática a golpe de chantaje al fisco —con mucho de sentimiento, pero pela a pela—.

La universidad y los mitos nacionalistas

Los caciques locales de Cataluña apostaron, desde la Transición, por la ficción y la suplantación de la realidad: la historia, la raza, la lengua… y, ofcourse, Banca Catalana. Sin esa cuidada faena, el régimen de gobierno catalán no hubiera gozado de legitimidadsocial. De ahí que las tres estructuras básicas del catalanismo —las tres joyas de la Corona de Jordi— han sido la Escuela, la Universidad y las Tevetrés. Todo ello financiado por España y Aznarín (¿he nombrado ya a Aznarín?).

Mucho se ha hablado de la televisión y la educación en Cataluña; casi nada sobre la universidad. Y sin embargo la universidadcatalana —con sus honrosas excepciones— ha jugado —está jugando— un papel decisivo: ha sido la fábrica de construcción de mitos, la institución que ha dado lustre intelectual a la cosa nacionalista, la que ha difundido a nivel internacional “la marca Catalonia” y ha cantado —preferentemente en inglés— las saetas de la opresión imperialista de España, la que ha yacido en gozo con los políticos del régimen,... Y todo ello financiado con la pela española, Jordi.

Y con la pela española, los altos cargos de las universidades catalanas se han ido a Harvard, Princeton y por ahí, a comprar, a golpe de talonario, profesores de renombre y abultado currículo, para luego decir, en catalán, que ese profesor —y su abultado currículo— es fruto de “la universidad catalana”. Cataluña está comprando, así: a golpe de talonario, su ascenso en los puestos de los rankings internacionales sobre universidades. Unos profesores —y unos historiales investigadores— comprados a golpe de talonario… Y claro, ahora que hay que echar una mano a los gobernantes que tanto han hecho por ellos —y por su cuenta bancaria—, ¿cómo no se van a sentir solidarios de ellos, sus gobernantes, los que le pagan la nómica?

Marketing de humo de intelectuales

Puro marketing político: sacar a relucir el humo de prestigio de académicos y supuestos intelectuales; comprarlos para dar lustre ilustrado a la agenda política. Un poco de cosquillitas en su ego, unos cuantos talones en la cuenta bancaria, y un profesor de Harvard —ya con el bucho bien forrado de pienso— canta Els Segadors a coro.¡Y qué fácil y sencillo es comprar a un académico! ¡Y cuánto más a los de las “top universities”, a los que tienen su negocio en su currículo, a los que entienden la universidad como una empresa! Aunque de esto tendremos que hablar otro día.

La técnica de marketing para dar un pulidoilustrado a la agenda política ya la introdujera ZP. Ese aficionado de la magia social se fue a Princeton para dar a sus proyectos de ingeniería social una de cal; a través de un profesor universitario de Cataluña contactó con Ph. Pettit y su teoría de “civismo republicano”. El académico de Princeton, creyendo vivir el sueño dorado de los filósofos, aceptó encantado a que fotografiaran su ego. Tan contento y pettit sigue todavía Pettit que ha publicado un libro dejando constancia de la hazaña. Seis millones de parados, la mayor crisis de la historia reciente de España,… y, pettit, se considera orgulloso de la gesta. Eso es un académico de una “top university”: pettit, pettit.

Lo relevante del caso es que quien acoge en España al profesor de Princeton, un profesor catalán de la PompeuFabra, se encarga de escribir sobre el contexto sociopolítico de España. ¿Cómo resumir el contenido de esa exposición? Confieso que nunca antes he visto en un libro tanta falta de rigor académico… ni tanta falsedad junta. El profe de la Pompeu falsea intencionalmente los acontecimientos históricos para realzar el papel del PSOE y la figura “intelectual” de ZP en la promoción del EstatutodeAutonomía, considerada por el profe de la Pompeu como un proceso de “descentralización territorial” de España, una cima de libertad y democracia. Y sí, lo han leído bien: convierte a ZP en un político intelectual: el profe de la Pompeu convierte a ZP en un hombre de ideas que, en la cima de su desarrollo intelectual, culmina abrazando el “civismo republicano” de Pettit. ¡Y viva la crema de la intelectualidad!

Cataluña, la víspera de la locura social de España entera

Así, pues, la locura social que sufre la sociedad catalaña hoy —vísperas de la locura social de España entera— es, en buena medida, el resultado de la mitología de esa clase ilustrada, la cosecha de un vergonzoso ocultamiento de la realidad, de cinismo ilustrado. Un cinismo subvencionado por España, y Aznarín (he nombrado ya a Aznarín: que no se me olviden ni Aznarín ni el regio papel de la Corona). Un cinismo que, para desgracia de males alcanzó su punto de ebullición con el tripartido de Maragall y Montilla, unido al accidente ZP, que es, en último término y por decisión propia, el promotor del presente engendro… Y, ahora, para colmo de mito y cinismo, un tal Carmona —que es a la tertulia lo que Rubalcaba es a la vida política— viene diciendo, en el colmo del cinismo (poco ilustrado, en verdad), que es “la derecha” la que siempre ha impulsado el independentismo.

Sería sumamente interesante para España entera escribir la historia del cinismo ilustrado en Cataluña. Porque en Cataluña, como en España toda y entera, antes que la Economía, antes que la Política, el Estado, la Educación… lo que primero entró en crisis fue la verdad. Es más, la agenda del régimen catalanista desde la Transición es un caso paradigmático de lo que ocurre en la España toda y entera: ocultar la realidad, producir mitos, cortinas de humo, cuentos que interesan a los caciques locales… y persecución de la verdad.


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