Economista ciudadano

El “susanismo” y la gestión de la formación para el empleo

La economía española está inmersa en una profunda crisis económica que se manifiesta en altísimas tasas de paro, baja actividad y exclusión social creciente de un gran número de hogares. La política de austeridad pública, el drama del monocultivo industrial que supuso la burbuja inmobiliaria y la propia estructura productiva del país son algunas de las principales causas de esta situación, en la que si nadie lo remedia, una parte no desdeñable se quedarán fuera del sistema y abocados a la marginalidad.

El paro de larga duración es el problema más grave de la economía española, sin apenas atención mediática

El problema de la empleabilidad es uno de los más graves, y sin embargo es el gran olvidado por las autoridades políticas, pero también sindicales y empresariales. El foco de la acción pública se ha desviado hacia las tradicionales políticas de oferta, reducción de salarios, reducción del coste de despido, facilidades para el despido, esperando que la tibia reactivación estadística del crecimiento, pudiera absorber una parte de este colectivo en desempleo. El gran problema es que el fenómeno de la histéresis, el desempleo de larga duración, ya afecta a más de 1,7 millones de personas y su probabilidad de ser empleado, tras más de tres años de desempleo, tiene a cero. Esta situación deja al aire uno de los grandes problemas del mercado laboral español, la escasa formación de un porcentaje muy elevado de trabajadores en España. Aproximadamente un 57% de los hogares en España tiene una formación igual o inferior al bachillerato, según los datos del Banco de España en la última encuesta financiera. Esto implica que los shocks de demanda en España afectan de forma muy superior a otros países con un nivel formativo superior, lo que junto a la propia estructura productiva, explicaría una parte significativa de la oscilación tan brusca del mercado laboral en España.

La escasa cualificación de una gran parte de la población parada explica las bruscas oscilaciones ante shocks de demanda

La falta de cualificación en España apenas aparece entre los problemas del mercado laboral, como se ha puesto de manifiesto en las últimas reformas laborales ya que todo se fía a que los sectores con bajo nivel añadido e intensivos en factor trabajo para matizar las dramáticas cifras de desempleo. Ni los partidos políticos de gobierno, ni tampoco los agentes sociales se han puesto de acuerdo para un diseño de recualificación profesional, como han hecho otros países como Suecia, Finlandia o Francia,  que permita poder emplear, o tener mayor probabilidad, a esa gran bolsa de parados que pueden quedar excluidos para siempre.

Más allá de los casos de corrupción detectados en algunas Comunidades Autónomas, como es el caso de Madrid o Andalucía, un ejemplo muy claro de esta incompetencia política es la situación en Andalucía. Con una tasa de paro superior al 30%, y con una bolsa de desempleados de larga duración muy elevado, la Junta de Andalucía lleva casi tres años sin convocar planes de formación, a pesar de tener los fondos finalistas que llegan desde el Fondo Social Europeo. Esta situación de bloqueo tiene mucho que ver con la ocurrencia de transferir una parte de las competencias de empleo a educación, con el consiguiente freno a las políticas activas de empleo. Esta gestión tan negativa para los parados de larga duración, se complementa con el retraso atávico de las homologaciones de centros de formación, a lo que hay que unir la deuda que tiene la Junta de Andalucía con muchas empresas que en su día impartieron cursos de formación para activos y desempleados. El desprecio de la institución autonómica para con los profesionales de la formación, pero especialmente con los parados choca contra la lógica política que parece está teniendo éxito entre los electores y  entre los que ahora tienen que reconstruir al PSOE.

La Junta de Andalucía es un ejemplo de mala gestión de las políticas activas de empleo, sin convocaría pública desde hace tres años

Los empresarios que nos dedicamos al mundo de la formación desde el rigor y la calidad, nos encontramos con el freno que supone tener que tratar con la autoridad autonómica andaluza, también en otros territorios como Madrid, y mide la liquidez del pensamiento y de lo que asoma a los medios de comunicación. Por ello, parece un sarcasmo que la actual Presidenta de la Junta de Andalucía, que no es la única responsable de esta situación pero apenas lo ha mejorado, se vislumbre como la gran esperanza blanca para el socialismo español. Se nota mucho que estos dirigentes no han pasado por el drama del desempleo, especialmente el de larga duración, pero tampoco han regentado una empresa que se ve abocada al cierre cuando no se pagan las deudas por parte de la Junta de Andalucía en este caso.

La actual Presidenta de la Junta de Andalucía no puede ponerse como ejemplo de buena gestión

Los actuales gestores públicos deberían diseñar y ejecutar un modelo de formación continua que supere el actual marco que ha permitido, por dejación de los encargados de la supervisión pública, pero también por algunas manzanas podridas en los agentes sociales, que se deje de formar realmente y de forma eficiente, a gran cantidad de parados de larga duración. Sólo desde la recualificación de este colectivo, tanto jóvenes, como mayores de 45 años, podrán tener alguna probabilidad de encontrar un empleo y salir de la exclusión social. Pero produce pavor que la actual Presidenta de la Junta de Andalucía y el partido que la apoya esté más preocupada en conspirar para posicionarse en el marasmo orgánico que tiene ante sí el otrora partido que vertebraba este país. Mientras, los centros que tienen que ser homologados seguirán sin la autorización y  los activos y desempleados mantendrán su inacción y su riesgo de marginalidad. Pero la gran esperanza blanca paseará sus resultados electorales como pedigrí para dirigir una organización centenaria, pero los parados de larga duración apenas llenarán dos líneas en los discursos y la atención de medios de comunicación y agentes sociales. Así nos va.


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