Economista ciudadano

Los socialistas de Montoro en la Agencia Tributaria

La Agencia Tributaria pasaba por ser una de las instituciones más prestigiadas de toda la Administración Pública, al menos en el ideario colectivo. El funcionamiento orgánico para con el común del contribuyente parecía que se adornaba con dosis suficientes de eficiencia, aunque siempre sobrevolaba la duda de la equidad de trato.

Los episodios acaecidos durante los últimos días han destapado uno de las grandes lagunas en transparencia que asola la Administración Pública. Qué ocurre en la unidad de grandes contribuyentes, una superestructura en la que se dilucidan los expedientes de las grandes empresas y fortunas del país.  En este punto, ha saltado la noticia de que una inspectora ha sido cesada de forma fulminante por desatender instrucciones para con un expediente de sanción contra una multinacional cementera mexicana. A continuación se han producido dimisiones en cadena, del número 2 de la Agencia Tributaria, personas ya nombradas con el actual directorio del Partido Popular en el Gobierno.

Una de las grandes lagunas en materia de transparencia es la unidad de grandes contribuyentes

Estas informaciones, que se conocen gracias a la bondad de algunos de los interesados que son capaces de contarlo, no porque la institución sea transparente, minan cada vez más la credibilidad de la acción política y en esencia socavan la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Todo ello gracias a que al frente de todo el equipo está una persona como Cristobal Montoro, persona que en sus ratos libres cuando no es Ministro gusta de asesorar en la optimización fiscal de los grandes contribuyentes desde su despacho profesional.

Las continuas denuncias de malas praxis por parte del colectivo de Gestha son ya un clásico, palabrerías según el Ministro, pero la realidad de los números es tozuda. En España tenemos apenas 27.000 inspectores, por 100.000 en Francia o Reino Unido y nuestro gasto per cápita es ridículo comparado con  las grandes cifras de nuestros vecinos, donde la fiscalidad equitativa está impregnado en el ADN, especialmente en el mundo anglosajón y protestante. Ante estos acontecimientos, surge la gran pregunta. ¿Existe de verdad una vocación de la Agencia Tributaria por perseguir a los grandes defraudadores?  o dicho de otra forma, ¿hay directrices políticas por parte del Ministro y alrededores para con según qué contribuyentes? Lo que se va conociendo del caso Noos o la posible imputación de la Infanta nos llevaría a que algo hay, porque no es de recibo el episodio de las propiedades a nombre de la Infanta o la resistencia a contestar y a aportar la documentación que pide sistemáticamente el juez.

La administración de Hacienda cuenta con muchos medios que los homónimos europeos

Con este nuevo rifirrafe entre el poder político y la inspección de Hacienda cobra fuerza la teoría que detrás están los grandes despachos de fiscalistas que en su publicidad presumen de tener muchos inspectores de carrera que dejan la Administración para enseñar y guiar a los grandes contribuyentes a soslayar, de forma aparentemente legal, sus obligaciones tributarias. Este mecanismo de puertas giratorias, con tanta impunidad y falta de ética, es lo que está terminando con la paciencia de los contribuyentes y podría ser el germen de una gran revuelta fiscal, si se sabe canalizar con inteligencia. Si fuésemos un país transparente, se dejaría ver la huella legislativa que van dejando estos grandes despachos fiscalistas y en manos de quién se deja esta negociación. Los resultados serían demoledores para la credibilidad de las autoridades políticas, no solo las del Gobierno actual, sino las del anterior y otros también.

Detrás de los últimos escándalos de la Agencia Tributaria está la presión del lobby de despachos fiscalistas

Dejo para el final la broma que ha dejado caer el Ministro de Hacienda, el catedrático que no querían en Madrid y se tuvo que ir a Cantabria, sobre la ideología socialista de la cúpula de la Agencia Tributaria. Si algo de bueno tiene pasar por la Administración, no siendo funcionario, es poder observar de cerca cómo son y cómo piensan los cuerpos de élite de la Administración Pública. En este punto, mi experiencia en el Ministerio de Economía desde 2004 al 2008 fue muy ilustrativa. La primera conclusión que saqué es que la gran mayoría de estos cuerpos son profundamente conservadores en sus varias acepciones. Conservadores en el sentido literal, queriendo preservar todos sus privilegios y sobre todo la forma de acceso a la función pública. Pero también conservadores en lo doctrinario y político. Esta es la gran diferencia entre la izquierda y la derecha de este país. Cuando llega al Gobierno, que no al poder, la izquierda, o supuesta izquierda, tiene serias dificultades para nutrirse de personas fines o de confianza, no ya militantes, para conformar equipos. De hecho, en 2004 cuando se configuró el primer equipo económico de Zapatero apenas había dos militantes entre la cúpula del Ministerio, que no incluía al Ministro, y solo a un Secretario de Estado.

Es grotesco que se acuse de socialista a un cuerpo como el de Inspección de Hacienda, muy profesional pero ideológicamente más próximo al PP

Por tanto, la pertenencia al cuerpo doctrinario del socialismo en la inspección de Hacienda, o en los TECOS o Abogados del Estado es simplemente una broma. No hay que olvidar el extracto social de origen que permite a una persona, salvo seres privilegiados, poder estudiar una de las grandes oposiciones y eso se deja notar al observar las grandes sagas y grandes familias que se suceden en dichos cuerpos de elite. Para ello, tanto el PP como el PSOE pactaron una ley, la LOFAGE que imposibilita el acceso a dichos puestos políticos a personas ajenas a la Administración, y eso se deja notar cuando la izquierda ha intentado gobernar.

En conclusión, Montoro cree que puede engañar a alguien pintando los relevos o dimisiones como una purga ideológica, cuando lo que realmente es el triunfo de los grandes lobbys de los despachos fiscalistas molestos con algunos inspectores díscolos que se creen su profesión, aunque sean políticamente conservadores.    


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