Economista ciudadano

Otro regalo fiscal a la gran banca

El ministro Montoro sigue ávido de notoriedad tras el apaño fiscal que parió su departamento la semana anterior. Conforme se va conociendo la letra más pequeña, se van encontrando las huellas de los diferentes lobbys, pero también las fobias que esconde este gobierno.

La lectura sosegada de la reforma fiscal va aflorando las influencias de los grandes lobbys

La máxima dificultad a la hora de analizar el anteproyecto de reforma fiscal, muy mal llamado así, es alumbrar si realmente Hacienda, o este Gobierno en particular, tienen un plan económico trazado a medio plazo, o simplemente se va moviendo a espasmos intentando taponar las fugas electorales. La realidad muestra que son las elecciones, y no los problemas reales del país, lo que moviliza los esfuerzos del ejecutivo, lo que sin duda augura un desplome electoral en las próximas contiendas, porque la espita del cambio, y la pérdida  del miedo,  son una realidad.

Ahondando en la reforma fiscal, ha pasado algo desaparecido el nuevo regalo fiscal a la gran banca, a cuenta de los activos fiscales diferidos. Esta dádiva que permite compensar pérdidas pasadas, con beneficios futuros, que estaba acotado en el tiempo, 18 años, ahora sufre una nueva modificación ventajosa. A partir de ahora el Estado se convierte en deudor de todos los bancos que han incurrido en pérdidas o que, en el futuro, puedan perder dinero, sin límite de cantidad, sin límite de tiempo y sin ningún matiz.

La reforma esconde otro gran regalo fiscal a la banca con los activos fiscales diferidos

Con la modificación del artículo 130 de este impuesto, la Agencia Tributaria no solo permite generar los denominados Activos Fiscales Diferidos, sino que convierte al Estado en deudor de los bancos que tengan pérdidas. Estos bancos podrán exigir a la Agencia Tributaria el pago de una cantidad equivalente a la aplicación de un tipo del 0,30% sobre sus pérdidas. Ahora se explica por qué se ha congelado el tipo nominal del Impuesto de Sociedades a la banca en el 30%, con el peregrino argumento se salvaguardar sus ratios de capital.

El Estado se convierte en deudor de los bancos en pérdidas, por un porcentaje del 0,3% de las pérdidas anotadas

En cifras, esto va a suponer un notable alivio fiscal  para los dos grandes bancos del país. En el caso del Banco de Santander, la cantidad de 19.757 millones de euros anotados será tamizada por el porcentaje citado del 0,30%. Es decir, unos 5.927 millones €. El BBVA, el otro gigante financiero, se prepara para beneficiarse en sus 9.871 millones de pérdidas anotadas, lo que supondrá un ahorro de 2.691millones €. En conjunto, parece que podríamos estar ante un trasvase de renta del conjunto de los españoles a estas entidades tan necesitadas, de más de 8.000 millones €, algo que ya ha denunciado el sindicato de técnicos de Hacienda, Gestha.

Sólo los dos grandes bancos podrían embolsarse casi 8.000 millones €

Frente a estas dádivas fiscales, choca la beligerancia del ejecutivo contra los residentes no habituales que, en muchos casos, podrían generar empleo y riqueza en zonas específicas del Levante o Andalucía. La no inclusión de las propuestas sobre fiscalidad para residentes no habituales que compren, construyan o inviertan en el sector de la construcción está favoreciendo la desviación de gran parte de la inversión extranjera hacia Portugal, con el consiguiente daño para algunas zonas muy necesitadas del único sector que podría crear empleo de forma masiva y así aliviar la situación de muchas familias. La generosidad para con la banca  y para con los asalariados que vienen a trabajar aquí, solo se explica por la fuerte influencia que tiene el lobby de las grandes empresas y el sector financiero en el ejecutivo actual, el mismo que tenía con el anterior Presidente del Gobierno.

Pero los pensionistas o inversores extranjeros serán penalizados a la hora de invertir en el sector de la construcción

Es muy curioso que se siga ayudando a un sector como el bancario que sigue destruyendo empleo, que mantiene una política crediticia errónea y que apenas crea valor a la sociedad española. Todos estos ingresos que se pierden, podrían beneficiar a los posibles motores de creación de empleo, la energía renovable, servicios de atención a la ciudadanía e investigación. O también mejorar la financiación a la sanidad y educación públicas. Pero eso no tiene nadie tan cerca para susurrárselo a  Montoro, y especialmente que lo entienda. 


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