Economista ciudadano

Los reformólogos y la jornada laboral

Uno de los vicios ocultos en los que basa toda acción política en las supuestas reformas estructurales es pontificar sobre las bondades de elevar la jornada laboral. La Reforma laboral ha consagrado esta aberración, y además gratis y de forma unilateral sin negociación. Dichos expertos apuestan, y acaban imponiendo su criterio sobre los débiles políticos que nos han tocado en la lotería ibérica, en que los trabajadores permanezcan en el puesto de trabajo, que no trabajando, las horas que disponga el empleador, sin elevar, por supuesto, la remuneración.

Las recomendaciones de los expertos de elevar la jornada laboral en España supone una autentica aberración

El argumento economicista de estos reformólogos esconde un profundo desconocimiento de aspectos psicológicos, médicos, sociológicos e incluso nociones básicas de biología. Por un lado, desconocen que los ritmos circadianos de los humanos son decrecientes a partir de un determinado número de horas de esfuerzo, por lo que los rendimientos son claramente decrecientes, máxime si encima no está remunerado ese esfuerzo extra. Por otro lado, la gestión de recursos humanos sobre la base de la cantidad de horas presenciales, solo esconde una dirección empresarial mediocre, anticuada y alejada de la realidad. Curiosamente esta tendencia está muy instalada en la corriente liberal, la que decide e influye en materia laboral en el gobierno de Rajoy.

Los reformólogos no entienden que los rendimientos son decrecientes a partir de jornada laboral lógica

Otro factor que desconoce el mantra liberal del aumento de jornada laboral es el riesgo sobre el estrés, fatiga crónica y falta de sueño que asolan a los trabajadores españoles. Los últimos datos de la OCDE apuntan a que la jornada media en España, la declarada y oficial, es de 1699 horas/año, frente a las 1362 horas en Alemania o 1489 en Francia. Como es bien plausible, se puede ser más productivo con jornadas más cortas, algo que algunos partidos no hegemónicos, ya han propuesto, con una reacción furibunda de la clase política tradicional, la CEOE y medios obsoletos como El País. El tema del sueño es particularmente relevante, ya que dormimos en España una media de 53 minutos menos que los ciudadanos europeos, lo que incide notablemente en la siniestralidad laboral, bajo rendimiento laboral y escolar, irritabilidad y menor productividad. Estos factores, curiosamente, no los introducen en sus modelos los virtuosos de las reformas estructurales y nunca apelan a esta faceta tan hispánica, que ni siquiera Portugal practica. Como bien apunta Anton Costas, los economistas metidos a reformólogos no tienen en consideran la equidad a la hora de formular sus recomendaciones.

Las jornadas maratonianas perjudican principalmente a la mujer e influyen en la maternidad

El trabajador medio en España, especialmente el asalariado y las rentas más bajas, sufre este problema como nadie. Además, este desequilibrio recae fundamentalmente sobre la mujer que es quien tiene que soportar la falta de tiempo para hacer una serie de tareas que, desgraciadamente, no son compartidas todavía en España por el varón. Estas jornadas de trabajo irracionales, fomentadas desde la patronal, sólo engordan los bolsillos de las empresas energéticas, el gasto de luz, calefacción o aire acondicionado es manifiestamente mayor que en el caso de nuestros homónimos europeos, y también la hostelería que vé cómo se desayuna, se come, y se bebe al finalizar la jornada laboral fuera de casa, reduciendo la renta disponible de los hogares, y por tanto tratan de perpetuar esta mala praxis.

Este desequilibrio horario también influye en el rendimiento escolar de nuestros menores, en su madurez neurológica debido a su falta de sueño. Además, los largos y rígidos horarios laborales no se traducen en un liderazgo creativo y productivo, sino todo lo contrario. Esta lógica nos lleva a un bucle muy negativo, como es el hecho de que vivimos para trabajar y no al revés, lo que condiciona las relaciones personales, la maternidad, la demografía, y en una palabra la capacidad de producir y trabajar en un entorno mucho más saludable y productivo.  

El rendimiento laboral y  el escolar se ven afectados por las largas jornadas laborales

Lo más curioso de este aspecto es que se sabe cuál es el problema, pero las barreras para que nada cambie son terribles. El miedo al cambio en España es uno de los factores que tampoco estudian los economistas reformólogos, citando la costumbre y la inercia como elementos disuasorios. Como señala Victoria Sau, creemos que aquello que ha permanecido inalterable durante muchos años es un fenómeno natural, lo cual es un gran error. Los horarios que organizan nuestra sociedad no son innatos, ni debidos al clima, ni a la idiosincrasia española, por lo que no son inmutables.

Es urgente una conjura social contra la práctica laboral en España y equipararnos a Europa

Por todo ello, urge una conjura social y política para favorecer un cambio estructural y no cosmético. Los británicos, nada sospechosos de marxistas o bolivarianos, promulgaron una Ley de Flexibilidad del Tiempo de Trabajo (2003) en el que el trabajador tiene el derecho a organizar el tiempo de trabajo, siempre con unos parámetros lógicos, tanto de entrada o salida del puesto de trabajo, que mejoró sustancialmente la calidad del empleo, la conciliación y redujo el absentismo laboral. Cuando algo similar se planteó al Gobierno socialista, con Caldera de Ministro, la respuesta fue que eso se tiene que negociar en los convenios colectivos, quitándose de en medio para no tener que legislar y acarrear el coste político de perjudicar a algunos de los lobbys que financian sus campañas electorales.

Algunos lobbys, partidos políticos y el miedo al cambio en España retrasan el cambio estructural que necesita este país

En resumen, hasta que no se cambie la hora, y se retrase una hora para igualarnos a Greenwich, se instaura la jornada continua y se tomen en serio las largas jornadas laborales como enfermedad profesional, retrasando el prime time televisivo y se acorten los horarios comerciales, nada tendrá sentido y continuaremos siendo un país muy gracioso para vivir siendo jubilado, pero inhóspito para trabajar. Ningún partido lleva en su programa un cambio radical. Todo son declaraciones y dejarlo todo a la autorregulación. Vamos muy mal. 


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