Economista ciudadano

La reforma laboral que viene

Las elecciones generales que se celebrarán en diciembre en España, probablemente las más disputadas de la reciente historia, no van a ser inocuas en materia laboral. Los tres partidos que se disputan la victoria, según los últimos sondeos, PP, PSOE y Ciudadanos tienen en la recámara una vuelta de tuerca más sobre el ya depauperado derecho laboral, muy mermado tras el RDL de 2012 que consagraba, casi de forma definitiva, el fin de las relaciones laborales, tal y como las habíamos contemplado desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores.

Con el cambio del paradigma de las empresas productivas por el de las empresas rentables, hemos optado por engordar las arcas de los accionistas y consejeros delegados

La próxima legislatura alumbrará nuevos recortes en derechos laborales

El primer aspecto que no explica claramente a la sociedad española es que el factor trabajo es un bien cada vez más escaso y más restringido. Si uno observa las tasas de inversión a nivel global puede corroborar esta apreciación, y así se deja notar en las principales economías del mundo desarrollado. Con el cambio del paradigma de las empresas productivas, por el de las empresas rentables, hemos optado por engordar las arcas, principalmente, de los accionistas y consejeros delegados, eso sí en las grandes empresas cotizadas. El gran problema es que estas empresas, especialmente en España, son las responsables de gran parte del empleo indirecto que se genera alrededor de las empresas de componentes y/o auxiliares. Hay comarcas enteras que están sufriendo la progresiva desinversión de las grandes empresas que utilizan sus filiales como moneda de cambio en sus estrategias de acumular más valor para el accionista, que en su mayoría desprecia los daños colaterales en forma de despido y pobreza que van dejando por el camino.

La falta de inversión global explica la pérdida paulatina del peso del factor trabajo

Este reguero de damnificados, que esta semana pasada he podido ver de primera mano en Asturias con el ERE parcial de Arcelor Mittal, muestra la tendencia del empleo a medio y largo plazo. La sociedad tiene que prepararse para que colectivos enteros de personas prácticamente no tengan ocupación remunerada a partir de cierta edad, el umbral de los 45 años es crucial, pero también que por la parte baja de la pirámide de población, tengamos que exportar mano de obra o soportar estoicamente entradas y salidas de los más jóvenes sin ninguna expectativa de futuro. Aquí surge siempre la discusión, desde mi punto de vista ya estéril, de cómo modificando los aspectos institucionales del mercado laboral, negociación colectiva, contratación o flexibilidad, unido al coste del despido, solucionaría completamente el desastre al no está abocando el modelo productivo globalizado sin reglas.

Resulta desolador comprobar que por cada euro que se invierte en autocartera, se deja de invertir 0,3 euros en la empresa, lo que da idea de la magnitud del problema

Hay que contar a la sociedad que grandes colectivos serán desempleados crónicos

Por tanto, parece inútil discutir qué tipo de contrato puedo tener, si las expectativas de inversión son tan ridículas como las que se vienen publicando. Si la inversión es una variable que dependen esencialmente de los fondos propios, y estos se invierten mayoritariamente por parte de muchas empresas, en compras de sus propias acciones, estamos abocados a un mercado laboral cada vez más pequeño, y con peores condiciones laborales. Resulta desolador comprobar que por cada euro que se invierte en autocartera, se deja de invertir 0,3 euros en la empresa, lo que da idea de la magnitud del problema y también el cambio en la gerencia de las grandes corporaciones, que se ha impregnado ya, incluso, entre empresas de distinto tamaño.

Mientras prime la rentabilidad a la productividad seguiremos siendo la caída del empleo a nivel global

El drama social que se está viviendo ya no se ha internalizado en los discursos políticos, pero tampoco en los empresariales y sindicales. Por un lado, la era de la negociación colectiva en España, tal y como la conocíamos, ha terminado, salvo que se derogue completamente la reforma aprobada por el Gobierno de Rajoy. Pero los agentes políticos y sociales siguen pensando que con los cambios que cada uno propone, el empleo se recuperará y los derechos laborales también. Esto no deja de ser una irresponsabilidad por su parte. Hay que decir alto y claro a la sociedad, que vamos hacia un modelo mixto en materia laboral. Por un lado, la competencia asiática provoca, de facto, una devaluación salarial sin que medie nada, ni nadie en el sector exportador. Esto se deja notar en el sector textil en el que ya hace años que los salarios y las condiciones laborales se parecen mucho, salvando las barreras legales, a las de China. Solo les frena a las empresas de este sector los impedimentos legales que les obligan a pagar un salario mínimo de 648€ y los descansos semanales, las vacaciones y las bajas laborales.

El fin de las vacaciones, bajas laborales y subsidios de desempleo serán las próximas conquistas de las empresas

En el otro lado, el modelo anglosajón es también un espejo en el que algunos se quieren mirar. Ese modelo en el que no hay apenas subsidio de desempleo, no hay vacaciones pagadas, ni tampoco permisos retribuidos por maternidad/paternidad o por baja laboral. Esta parte de la reforma laboral es lo que echan de menos los grandes empresarios de este país, pero también la pueden compartir partidos como el PP, Ciudadanos y una rama liberal muy arraigada del PSOE que siempre acaba imponiéndose cuando gobierna dicha formación.

La sociedad tendrá que acostumbrarse a largos periodos de desempleo, rentas de inserción para grandes colectivos y derechos laborales históricos revocados

En suma, cuando apenas va quedando industria en España, cuando los fondos de inversión especulativos van tomando posiciones en grandes corporaciones industriales, sin ninguna vocación industrial, las expectativas sobre el empleo de calidad, cualificado y bien pagado se van esfumando. No hay tampoco debate público sobre si se debería legislar o no sobre la conveniencia de permitir este tipo de inversiones especulativas. Las próximas generaciones en el mundo, pero también en España, verán cómo se trabajarán pocos años, habrá grandes colectivos expulsados de la cohesión social, la negociación colectiva será una rémora que apenas tendrá sitio en unas relaciones laborales completamente individualizadas y sin ningún poder de negociación por parte del trabajador. Ello va a conllevar que la sociedad tendrá que acostumbrarse a largos periodos de desempleo, rentas de inserción para grandes colectivos y derechos laborales históricos revocados sin ninguna resistencia. No es descartable que empecemos en la próxima legislatura por un recorte aún mayor del subsidio de desempleo, progresiva supresión de las vacaciones pagadas y de las bajas maternales. Al tiempo.


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