OPINIÓN

El populismo de las bajadas de impuestos

El corolario para los supuestos perceptores de esta limosna fiscal es que los servicios públicos seguirán empeorando, habrá menos recursos para el desempleo y la dependencia, aunque la ilusión monetaria a lo mejor nos permita salir a cenar una vez al mes a un chino.

José Manuel Villegas, número dos de Ciudadanos.
José Manuel Villegas, número dos de Ciudadanos. EFE

El partido que más critica el supuesto populismo que llevan a cabo otras formaciones políticas, Ciudadanos, ha dado una lección magistral esta semana al introducir una supuesta bajada de impuestos para los más pobres. El partido de Albert Rivera ha vendido como gran logro que restar 2.000 millones € de recaudación es lo mejor para las clases populares, es decir para los desheredados del sistema. Por supuesto, y dado el mecanismo que tiene la ley de Estabilidad Presupuestaria, cualquier medida que incremente el gasto o reduzca ingresos debe tener una contrapartida, algo que todavía no se ha explicado.

La batalla por el liderazgo populista se ha puesto difícil tras el anuncio de la bajada de impuestos para las rentas más bajas

El argumento político para presionar con esta pequeña limosna a la parte de la población más castigada por las políticas de austeridad en el gasto, y la apropiación de rentas en materia salarial es que es necesario liberar renta para el consumo. Tal vez en esto coincidan con el complemento salarial del que poco se ha vuelto a hablar, y que parece tendrá fondos europeos, es decir pagaremos todos a escote.

La propaganda sobre la supuesta bondad y la cuantificación del ahorro para los contribuyentes hay que tomarlo con cautela y escepticismo

En cualquier caso, como quedan muchas incógnitas por saber, y teniendo en cuenta que los datos disponibles para llevar a cabo simulaciones no son muy actuales, la propaganda sobre la supuesta bondad y la cuantificación del ahorro para los contribuyentes hay que tomarlo con cautela y escepticismo. En el fondo todo es una estrategia política de señalización hacia una parte del electorado de Ciudadanos que estaría volviendo a la casa madre, el PP, donde hace menos frio.

La batalla por el voto joven urbano de clase media-alta mileurista estaría detrás de la medida

El drama aparece en el campo estructural, es decir aquel en el que hay consenso y es en el depauperado y obsoleto modelo fiscal español. Aquí no hay una sola línea de análisis para cambiar y mejorar la equidad de la imposición directa y agrandar la potencia recaudatoria, ampliando bases imponibles. Probablemente esto no da rédito electoral inmediato, ni titulares de prensa, precisamente lo que le gusta a Rivera y compañía. Continuando con el populismo barato se vende que la rebaja es para las clases bajas, cuando la anterior rebaja se ha demostrado, eso sí tarde, que benefició mayoritariamente a los percentiles más altos, pero se olvida de una premisa esencial.

Son precisamente las clases populares las que más utilizan los servicios públicos y las transferencias de rentas, por lo que el impacto marginal de cualquier merma o deterioro del servicio público se amplifica para este colectivo

Son precisamente las clases populares las que más utilizan los servicios públicos y las transferencias de rentas, por lo que el impacto marginal de cualquier merma o deterioro del servicio público se amplifica para este colectivo, salvo que los destinatarios últimos de esta forma de populismo sean población urbana con rentas familiares elevadas, sospechosamente los destinatarios electorales de Ciudadanos. Por supuesto, este aspecto queda fuera del análisis económico y político de este chalaneo político entre PP y Ciudadanos.

En ningún momento Ciudadanos se ha planteado cambiar la dinámica fiscal de forma estructural

El resultado esperable de una economía poco productiva, con salarios muy bajos, es que la merma de ingresos públicos, dejo al margen la creencia divina de la teoría de Laffer, dejará muy dañados a los usuarios naturales de los servicios de salud, educación y dependencia. Eso sí, dejando salvaguardados los incentivos negativos que suponen las subvenciones como declaraba esta semana, en un alarde de desconocimiento, el ingeniero social Garicano. Probablemente le interese más experimentar con teorías de riesgo moral o incentivos que con el drama social que supone tener personas dependientes a su cargo. La carga de la prueba de esta desidia social por los percentiles más bajos es que en ningún momento se plantea obtener recursos públicos por otras vías fiscales, como podrían ser los impuestos ambientales, cambiar algunos tipos de IVA manifiestamente injustos o eliminar algunas deducciones más en el Impuesto de Sociedades.

No hay vocación de cerrar el gap en ingresos tributarios sobre PIB respecto a nuestros colegas del centro y norte de Europa

No hay vocación de cerrar el gap en ingresos tributarios sobre PIB respecto a nuestros colegas del centro y norte de Europa. Por tanto, la actuación de Rivera se asemeja a la de cualquier lobby que juega a conseguir clientes (votantes) entre estos jóvenes mileuristas urbanos que podrían engrosar las filas de sus votantes, arrebatándolos de las pérfidas garras socialdemócratas de Montoro. Es otra forma de capitalismo clientelar que tantos ejemplos tenemos en España, como ya alertó en su día Joaquín Costa. A la postre no deja de ser el comportamiento tradicional de los partidos bisagra, defensores de intereses corporativos a cambio de un puñado de votos, sin importarles realmente el interés general.

El deterioro de los servicios públicos afectará de forma significativa a los supuestos destinatarios del ahorro fiscal

La pregunta que surge es clara. ¿Por qué no se han sentado a cambiar drásticamente un modelo fiscal que recauda 8,3 pp de PIB menos que la media comunitaria? ¿Qué intereses ocultos hay para no hacerlo? Estas son las grandes incógnitas que nadie pregunta y por ende nadie responde. Si asumimos que el capitalismo es cíclico, sabemos que las políticas contraciclicas son imprescindibles para cumplir el principio de prudencia. Por eso no parece muy coherente vaciar, trocear y agujerear el sistema impositivo para llegar mejor a las próximas elecciones, ya que cuando llegue la próxima recesión, que no anda muy lejos, volveremos a experimentar la caída en el abismo que vivimos a partir de 2009.

El déficit de recaudación y la inequidad del modelo fiscal es histórico y a nadie le importa

Las consecuencias de esta irresponsabilidad las veremos pronto cuando los servicios de salud sigan empeorando, la justicia no se desatasque o los centros educativos sigan con las carencias actuales. La solución será, como ahora, más endeudamiento y una tasa de paro que, en el mejor de los casos, no bajará del 15%, lo que seguirá favoreciendo los salarios de miseria.

El efecto final de esta irresponsabilidad fiscal será más deuda y más pobreza para las clases populares

El corolario para los supuestos perceptores de esta limosna fiscal es que los servicios públicos seguirán empeorando, habrá menos recursos para el desempleo y la dependencia, aunque la ilusión monetaria a lo mejor nos permita salir a cenar una vez al mes a un chino. Pero mientras eso ocurre, los garantes de la inequidad fiscal podrían ir contestando algunas preguntas. ¿estamos simplemente ante la elevación del mínimo exento de 12.000 a 14.000€?, ¿qué ocurrirá cuando tenga dos o más pagadores? En resumen, cuando escuchen la palabra populismo acuérdense de estas medidas y no se dejen engañar por cantos de sirena. Los pobres de verdad saldrán perdiendo, eso no lo duden.


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