OPINIÓN

El mito de la regulación en la creación de empleo y la segmentación

No cabe seguir ahondando en el desmantelamiento del marco de relaciones laborales en cierto equilibrio para dejar un solar detrás de la negociación colectiva.

El mito de la regulación en la creación de empleo y la segmentación.
El mito de la regulación en la creación de empleo y la segmentación. EFE

Uno de los mayores mitos que trasciende países, economistas y políticos de toda índole es el papel de la regulación (básicamente la protección) en la creación de empleo y el fomento de la segmentación. Así, se pueden encontrar numerosos artículos académicos que supuestamente lo demuestran, pero también existen otros en sentido contrario. El problema es que las instituciones que llevan a cabo recomendaciones de política económica, o incluso imposiciones legislativas, léase la Comisión Europea, OCDE, FMI, o el Banco Mundial, solo leen y se apoyan en una parte de la literatura, demostrando un sectarismo impropio de este tipo de organismos.

Desmontar el mito del impacto de la regulación en el empleo y la segmentación del mercado es imprescindible

En este sentido es muy útil y sano leer y analizar lo que no se cuenta dentro del mainstream económico en este campo para poder comparar los resultados, y así tener todos los instrumentos para actuar en política económica. Para ello es imprescindible bucear en la monografía que sobre este tema ha publicado ETUI (Instituto Europeo de Sindicatos en sus siglas en inglés), editado por Martin Myant y Agnieszka Piasna. En él, se compilan los estudios realizados sobre nueve países de la UE, mostrando unos resultados muy diferentes al mantra que se ha instalado en el ideario colectivo: la protección al trabajador es mala para el empleo y la propia regulación es la causa de la excesiva segmentación, especialmente en Italia y España.

Existen numerosos estudios que así lo demuestran, pero no ven la luz

La primera gran conclusión a la que lleva el libro es que la regulación en el mercado laboral no es la principal variable que interfiere en la creación de empleo. En consecuencia, las medidas puestas en marcha por los diferentes gobiernos para remover la legislación que, supuestamente limitaba la creación de empleo se han sobreestimado. El experimento de Eslovaquia es paradigmático. Los cambios sucesivos en la protección de los trabajadores, siempre a peor, no han cambiado apenas las decisiones de contratación de los empresarios, quienes se mueven siempre bajo el prisma de la demanda efectiva y expectativas de futuro, algo que no acaban de entender los que legislan a golpe de consejos de laboratorios académicos que, por supuesto, jamás han contratado.

Destaca el compendio de trabajos coordinados por el ETUI (Instituto Europeo de Sindicatos)

La segunda conclusión tiene que ver con la correlación entre segmentación y protección de los trabajadores indefinidos. El fuerte aumento de la contratación no indefinida en los países donde más se ha reducido la protección, Italia y España, iría en la dirección contraria. El entusiasmo de los empresarios en el uso de contratos precarios, con fuerte presencia de la causalidad, revelaría que esta tendencia tiene más que ver con la estacionalidad y con las condiciones de la demanda, que con el grado de protección del trabajador. Esta forma de contratación acarrea graves costes sociales, pero también económicos. Esto incluye los efectos psicológicos de la inseguridad, la emigración de personal cualificado, la pérdida de interés del empleador por la formación de su fuerza laboral, restricciones en el acceso al crédito y por ende el debilitamiento de los sistemas públicos de pensiones y la incapacidad de ahorrar de la gran parte de los trabajadores. En suma, lo único que se ha conseguido es inclinar la balanza de forma descarada hacia el empleador, dejando al empleado sin ningún poder de negociación, salvo honrosas excepciones.

Logran demostrar que no hay correlación entre reducción de protección laboral, empleo y segmentación del mercado

Yendo al caso particular español, podemos encontrar todas las contradicciones apuntadas que deberán hacer pensar a los que siguen apostando por mayores dosis de desregulación y pérdida de derechos laborales. No hay que olvidar que la Reforma Laboral en España es como la novela de Michael Ende: una historia interminable. Nunca es suficientemente radical para calmar la sed de los que pretenden desmontar el frágil equilibrio entre capital y trabajo. Pero también coincide con Ende en el símil fantasioso que generan los efectos de la misma.

No hay que olvidar que si analizamos el índice homogéneo de respuesta a las reformas creado por la OCDE (con un valor de 0,55, solo por debajo de Grecia, Portugal, Irlanda y Estonia). Esta sensibilidad a las reformas no se ha visto compensado por drásticas reducciones en el desempleo en España, pero tampoco en las principales economías. Este fracaso no ha hecho recular n un milímetro a los hooligans de las reformas por el lado de la oferta, y así en el último informe de la OCDE: “Going for Growth interim report  2016”, vuelve a recomendar a España que reduzca aún más la protección de los trabajadores indefinidos y aumente la flexibilidad de la formación de salarios, eliminado de facto la negociación colectiva sectorial. De hecho, lo que están proponiendo es que desaparezca el Estatuto de los Trabajadores y que cada empresa disponga de plena libertad de horarios, horas extras, así como eliminar el salario mínimo, las vacaciones o financiar parcialmente las bajas por enfermedad y por maternidad.

España es uno de los mejores ejemplos de esta falta de correlación entre empleo y reducción de protección laboral lograda tras la reforma del 2012

En suma, después de analizar todas las sucesivas reformas laborales desde 1984, cuando Solchaga abrió el melón de la precariedad, se puede decir que han fracasado en el objetivo de reducir drásticamente el desempleo estructural, o en eliminar la segmentación del mercado. El porcentaje de trabajadores temporales se mantiene entre los mayores de Europa, y si sumamos el número de trabajadores que trabajan menos horas que las deseadas, nos llevaría a una cifra real de desempleo cercano al 30%, como apunta el BCE. Adicionalmente, la participación de los salarios en la Renta Nacional no deja de reducirse, con una fuerte presión deflacionista al perder el trabajador, de facto, el derecho a la negociación colectiva, al generalizarse la negociación individual en las pequeñas y medianas empresas.

La demanda efectiva y las expectativas es lo que lidera las preferencias de los empresarios para la contratación temporal y no la excesiva protección de trabajadores.

La deflación salarial también es otro gran logro de la desprotección laboral y ha venido para quedarse

Todas estas prácticas han logrado dos objetivos colaterales. Por un lado, desactivar por completo el papel de los sindicatos de clase, fomentando las agrupaciones sectoriales, sin apenas poder de negociación, y siempre fomentando la desunión del mundo del trabajo, como si eso fuese sinónimo de mejora en la productividad. Por el otro, favorecer la reducción de salarios de forma estructural, incluso en épocas de bonanza aparente como el actual, al mantener un ejército de reserva tan amplio como el actual.

En conclusión, no cabe seguir ahondando en el desmantelamiento del marco de relaciones laborales en cierto equilibrio para dejar un solar detrás de la negociación colectiva. Si queremos construir un país mejor, solo cabe reforzar las instituciones que siempre han generado mejoras en las condiciones de trabajo y con ello la productividad. No hay que olvidar que la causalidad no va de la productividad hacia el salario, sino al revés. Son los incrementos salariales, y sus mejoras sociales, las que generarán las ganancias de productividad. Y de esto también hay evidencia empírica.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba