Economista ciudadano

El mercado laboral nos lleva a la quiebra

La complacencia de una parte de la sociedad, especialmente la opulenta, con los registros del mercado laboral puede mostrar dos cosas. Por un lado, un desconocimiento de cómo analizar estos datos, o una cierta resignación cristiana con la plaga divina que supone tener un país con estas cifras de paro, pero también de actividad y ocupación.

Por eso sorprende la euforia de una parte de la clase política, en este caso el Gobierno de Rajoy, pero también los grandes medios de comunicación que jalean una supuesta recuperación de la ocupación, básicamente en la hostelería. En estos casos, sólo se puede achacar a su dependencia financiera de los grandes bancos y al esfuerzo que hace este Gobierno por no dejarles caer, a pesar de su situación. Son una pieza esencial del sistema, como es la gran banca. Pero la oposición mayoritaria, efímero titulo que todavía ostenta el PSOE, apenas puede balbucear críticas, ya que su paso por el ejecutivo también ha dejado sus huellas en los estigmas que padecemos.

Sorprende la complacencia política y mediática con la grave situación del mercado laboral

Por eso es necesario hacer un mínimo esfuerzo por poner en valor la realidad de la economía española, y especialmente de su fuerza laboral y su capital humano, esencial si se quiere hacer viable un país en el largo plazo, no en el ciclo electoral. En esencia, el mercado laboral en España presenta unos síntomas que cualquier economista sensato o  cualquier demógrafo inteligente los calificaría de muy graves y cuyas consecuencias son dramáticas si no se corrigen. Tal vez, al igual que se hace con otras grandes crisis en ciernes, se prefiere anestesiar a la población y contarles tras la publicación de cada dato de la EPA que lo peor ha pasado y que el ejercito de camareros, que ya no camareras, que todavía están en paro, nos sacarán de la profunda crisis laboral y demográfica en la que nos encontramos.

El primer elemento que hay que analizar es la situación de la actividad, es decir qué volumen de población busca activamente empleo, en comparación con la población potencialmente empleable. Esto nos ayuda a entender la fase del ciclo en la que nos encontramos, ya que es una variable procícilica y también nos señaliza en qué nivel está nuestro crecimiento potencial. Un país con unas tasas de actividad muy elevadas revela un mercado laboral robusto y con expectativas de encontrar empleo elevadas, y además potencialmente su crecimiento también debería ser elevado, amén de poco segmentado. Por el contrario, tasas de actividad bajas demuestra un mercado laboral deprimido y normalmente segmentado por cohortes de edad o género, como es el caso español. Las cifras son concluyentes: España tiene 15,6 millones de inactivos, 5,4 millones de parados y más de 8 millones de pensionistas. Es decir, casi 28 millones de personas que están fuera de la ocupación, pero también en gran parte de la actividad. Con estas cifras es muy difícil que se pueda sostener todo un sistema de Seguridad Social en los términos que conocemos actualmente.

Los niveles de actividad y ocupación no permitirán sostener la Seguridad Social

La tasa de actividad es del 59,43%, y cayendo, lo que equivale a que en el último año más de 240.000 personas han abandonado el mercado laboral, fruto de la emigración de capital humano eminentemente joven, y especialmente el efecto desánimo lleva a mujeres, mayores de 45 años a darse por vencidos y asumir que, en muchos caso, su vida laboral se ha terminado. La tasa de empleo global apenas supera el 57%, pero en el caso de las mujeres no llega al 40%, es decir el 60% de la fuerza laboral española femenina está o desempleada o inactiva.

La pregunta clave es, si la población pulsase que de verdad hay expectativas de empleo robustas, con salarios dignos y con serias posibilidades de durabilidad, ¿por qué se abandona la actividad? La respuesta es sencilla, porque la demanda de empleo que existe es realmente de bajísima calidad, efímera, mal pagada, con pérdida creciente de derechos y con coste de oportunidad muy bajo respecto a la situación de muchos desempleados e inactivos. Hay una clara discriminación por razón de sexo y edad a la hora de cubrir los escasos puestos de trabajo que las empresas ofrecen. Se puede ver cómo las mujeres siguen perdiendo empleabilidad, así como los mayores de 45 años, cuya tasa de empleo y actividad sigue descendiendo a marchas forzadas. Las consignas de Mónica de Oriol y el Círculo de Empresarios, ayudados por el gran concejal del PP en Madrid, siguen criminalizando la maternidad y con ella la sostenibilidad del sistema.

El mercado laboral está segmentado en contra de mujeres y mayores de 45 años

Desde la óptica de los flujos de empleo, este trimestre se ha saldado, tras un supuesto verano espectacular, en 151.000 empleos, la mitad en el sector de hostelería, con un aumento de la temporalidad que ya supera el 24% del total, y cuya vida contractual ya habrá terminado al finalizar este artículo. Esto, junto a la pérdida de activos ya comentado, ha permitido que la tasa de paro se reduzca, básicamente por pérdida de activos, por debajo del 24%. En esencia, se crean empleos de baja calidad, en sectores de escaso valor añadido, mal pagados, centrados en los hombres y con cotizaciones a la Seguridad Social cada vez más bajas.

Pero el gran ejército de reserva sigue creciendo y va sumando efectivos que se van quedando fuera del reducido circuito de la producción de servicios, ya que la industria se abandonó hace tiempo, y la agricultura no puede absorber a los nuevos parados. Como no hay sectores  que puedan emplear a este gran ejercito, aliviado eso sí por la salida de extranjeros que vuelven arruinados a sus países de origen, tenemos ya un 61% de parados de larga duración y más de un 40% ya no cobra ninguna prestación, es decir son carne de exclusión social. La consecuencia inmediata es el déficit de la Seguridad Social se cronifica, por falta de ocupados y por la reducción de cuotas, dado el carácter temporal y a tiempo parcial de los nuevos entrantes.

Los parados de larga duración y sin prestación ya suman el 61% del total

Lo que sí se puede considerar un éxito es la Reforma Laboral que buscaba precisamente abaratar la fuerza laboral, primar la rotación y la flexibilidad de entrada y salida. Esto se puede constatar con el análisis de la estadística de flujos de la EPA. En el tercer trimestre hubo una transición neta de 66 mil personas a la ocupación, es decir 1,35 millones entraron a la ocupación y 1,28 salieron de la ocupación, de los que más de 800.000 fueron al desempleo y 472 mil fueron a la inactividad. Estas cifras escenifican lo que es el mercado laboral español. Enorme rotación, contratos efímeros y baja cualificación de los ocupados, lo que conlleva salarios que no permiten crear hogares, ni salir de la pobreza a muchos ocupados.

La Reforma Laboral ha sido un éxito en fomentar la sustitución de empleo indefinido en temporal

En suma, hay tres grandes problemas que nos asolan y que nos pueden llevar a la quiebra como país. Por un lado, una demografía regresiva que permite sostener el sistema público de pensiones. Una baja cualificación agregada de la población activa y finalmente, y de forma consecuente, una estructura de producción que solo demanda trabajadores poco cualificados, baratos y sin derechos. Con estos mimbres, o nos tomamos en serio estas cuestiones con visión de largo plazo, o caeremos en una profunda sima de la que será imposible salir.


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