Economista ciudadano

¿A qué llaman salir de la recesión?

El concepto de recesión económica tiene diversas acepciones, según estemos en Europa o en EE.UU. En este campo no hay consenso entre la academia para definir exactamente cuándo una economía entra en recesión y cuándo sale de ella. En el viejo continente se ha instalado la idea, errónea a mi entender, que una economía entra y sale de una recesión cuando acumula dos trimestres consecutivos de caída del PIB, y por tanto simétricamente  sale de ella cuando encadena dos trimestres consecutivos de crecimiento positivo.

El concepto de recesión del NBER americano es mucho más adecuado a la realidad del ciclo económico

Esta formulación, ya extendida entre la clase política y periodística europea, nos lleva a un camino sin retorno que puede ser paradójico, porque la casuística nos puede deparar un país con una tasa de paro del 30%, el consumo y la inversión cayendo, y además muy por debajo de los niveles previos a la crisis y una tasa de empleo del 50%, pero con una coyuntura breve de mejoría en algunas de las variables que configuran el PIB y que permitan mínimos crecimientos.

Por esta razón, en EE.UU, el NBER, un estamento privado, es el que fecha y data las entradas de las recesiones en EE.UU, de forma mucho más científica, asemejándose su medida a lo que en realidad es un ciclo  económico. Para ello, utiliza una serie amplia de variables que incluyen empleo, consumo, producción industrial, pedidos y encuestas opináticas para evaluar los puntos de giro, tanto desde el máximo, como desde el mínimo. Esta técnica evita, de forma mayoritaria, las falsas alarmas o datos espurios que pueden confundir a los agentes económicos. Un ejemplo reciente es el caso de España en el 2011 que cerró con un mínimo crecimiento, recientemente revisado, del 0,1%, pero todas las principales macromagnitudes mostraban una tendencia negativa, especialmente inversión, empleo y consumo.

El espejismo de utilizar solo el PIB para medir la entrada y salida de la recesión nos lleva a errores, como el caso del año 2011 en España

Con estas premisas, y aprovechando esta laguna metodológica, los principales responsables económicos del Gobierno se han lanzado a una operación cosmética y de propaganda, aireando que ya hemos salido de la recesión, simplemente porque sus cifras marcan ya un registro del PIB cercano a 0. Sin embargo, cualquier economista serio e independiente no puede validar este análisis, dada la tendencia de las principales macromagnitudes.

En particular, las últimas cifras de consumo son concluyentes. Las ventas minoristas hasta julio encadenan tres años de retroceso. La última cifra es un 3,9% anual ajustado por calendario y estacionalidad. Las ventas de automóviles en 2013, hasta agosto, también caen más de un 10%, el número de hipotecas se ha desplomado y lo más importante los precios de los activos de capital mantienen la tónica deflacionista. Esto es fruto de la fuerte caída de renta disponible a lo largo del último bienio, más de un 15% acumulado. Si a esto añadimos la evolución de las ventas de grandes empresas, descenso del 4,6% en junio, y el espejismo de la temporada turística, las pernoctaciones han descendido en el agregado del año sobre el año anterior, tenemos una situación muy alejada de la salida de la recesión.

Las cifras de consumo, producción, inversión y precios de los activos de capital muestran una economía aún en recesión y con riesgo de estancamiento longevo

Pero más llamativo es el análisis de la inversión y producción industrial. La tasa de inversión privada sobre PIB se encuentra un 40% por debajo de los valores anteriores a la crisis, lo que da idea de la magnitud del deterioro del mercado laboral, y sobre todo indica cuánto tiempo habrá de pasar para recuperar las cifras de crecimiento potencial de la economía española. Esta brusca caída de la inversión de identifica con la restricción financiera de hogares y empresas, con un descenso del crédito del 10% anual en junio, sin parangón en la UE, y también con unas expectativas de crecimiento muy por debajo de las que se supondrían para un país en fase de recuperación. Sin acceso a la financiación y con el consumo tan deprimido, la supuesta bonanza del sector exterior, apenas tiene impacto en las decisiones de la gran mayoría de empresas españolas. Por mucho que invadan los telediarios controlados, las decisiones  de consumo e inversión no van a cambiar. Esto se deja notar en la producción industrial que también acumula ya más de tres años de caídas  ininterrumpidas. Por ello, y aplicando la metodología del NBER,  España estaría muy lejos todavía de alcanzar el punto de giro y por tanto salir de la recesión.

Según la metodología del NBER, y especialmente mirando el empleo y la participación laboral, España no está saliendo de la recesión.

Las variables de empleo y actividad son otra señal de que no hay visos de recuperación. Con una tasa de empleo que apenas llega al 50% y una de actividad ya por debajo del 60%, España se encamina a una situación similar a la japonesa, es decir un estancamiento de largo plazo, con un gap de crecimiento respecto al potencial, si es que éste es posible medirlo de forma rigurosa, cada vez mayor, lo que nos hará perder el tren de los principales países de nuestro entorno.

En suma, solo desde una interpretación muy laxa y propagandística, se podrá hablar de salida de la recesión en España. Probablemente solo lo notarán quienes tengan que diseñar un presupuesto normativo alejado de la realidad, como es el caso de Montoro y De Guindos. Las revisiones de los datos del PIB recientes confirman que no se están midiendo bien ciertas variables, curiosamente aquellas que se utilizan para las soflamas de recuperación: consumo y exportaciones. Menos mal que los que estamos en la economía real ya no les hacemos caso.  


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