Economista ciudadano

De la histéresis a la exclusión social

La Encuesta de Población Activa sigue arrojando nueva información que deja en muy mal lugar a los que tratan de convencer de la bondad de los datos de empleo coyunturales, que claramente están influidos por la estacionalidad típica de la economía española. Que los políticos hoy en el Gobierno, como los que ayer gobernaron, se dediquen a emitir juicios de valor que rayan en la propaganda es, desgraciadamente, lógica, pero sorprende que algunos economistas y analistas lo corroboren.

La euforia sobre el mercado laboral en España queda siempre empañada cuando se va conociendo la EPA en profundidad

La realidad del mercado laboral, si se analizan con cierto rigor y con calma los microdatos, muestra una realidad muy grave, que va a condicionar la cohesión social, el crecimiento potencial y especialmente la supervivencia de una parte de la población no desdeñable. Esta situación muestra que el fenómeno de la histéresis, el desempleo de larga duración, ha alcanzado una proporción del total, 21%, que lejos de disminuir, como el más coyuntural, sigue aumentando y se acerca a las cifras de los años 80.

El 21% de los parados son de muy larga duración, sin ningún ingreso público

En concreto, el 62% del total de parados lleva más de un año en paro y el total de los parados que llevan más de tres años en desempleo, alcanzó 1,275 millones de personas, colectivo que solo incluye a los que tenían experiencia previa, número que aumentaría mucho más si se incorporasen los que no han tenido experiencia laboral previa. Esta estadística ha experimentado un incremento del 22% en 2013 respecto a 2012, algo inferior al 40% que crecía en los años anteriores. Por poner un ejemplo,  en 2007 sólo un 13% del total era parado de muy larga duración, lo que indica el deterioro económico y social, y especialmente el drama social que va a suponer para buena parte de estos parados de muy larga duración. La distribución de este paro de larga duración dice mucho de lo difícil que va a ser revertir esta situación, y particularmente el daño que va a hacer a la recuperación del crecimiento potencial de la economía española. El 38,8% del total de parados de muy larga duración tiene más de 55 años, el 27,8% más de 45 y el 21% en el umbral de los 35 años. Es decir, el 86% del total está en la franja de edad 35-55 años, lo que sin duda supone una condena para este colectivo.

Más del 85% de los parados de muy larga duración están en la franja de edad 35-55 años, con empleabilidad que tiende a cero

Los distintos estudios empíricos que se han realizado para medir la probabilidad de volver al mercado laboral a un colectivo que lleva más de tres años en desempleo, y que además, supera en un gran porcentaje la edad de 45 años, se reduce a un 15%. Esto implica que gran parte de este colectivo se va a cronificar en el desempleo y un porcentaje no desdeñable llegará a la exclusión social.  Este fenómeno de histéresis va a ser sin duda, la peor herencia de esta crisis junto al desmantelamiento del magro Estado del Bienestar que habíamos alcanzado, a pesar de algunos gobiernos, tanto conservadores, como socialdemócratas. Lo peor de esta situación es que tanto el Gobierno actual, como los Think Tank que les apoya, incluso la Fundación Alternativas, como una gran parte de la comunidad académica, aboga por restringir, reducir, y algunos incluso abolir, las prestaciones por desempleo y los subsidios. Se acusa a los parados de no buscar activamente empleo y utilizar fraudulentamente dichos ingresos.   

Este drama cuantitativo, también se complementa con otro dato cualitativo absolutamente demoledor. Más de 24 millones de personas en este país tiene una formación básica, es decir igual o inferior al bachillerato. De este cohorte de población, el 32% está en desempleo, lo que indica que la probabilidad de ser empleado es muy reducida, dada la estructura económica del país y los sectores que podrían crear  empleo en los próximos años. Es decir, España tiene un grave problema de histéresis, pero también arroja una situación de infraeducación en la población activa  que, sin duda, va a lastrar para muchos años a la economía española.

El drama laboral se complementa con la escasa formación en más de 24 millones de personas en edad de trabajar

Frente a esta realidad, que apenas nadie hace hincapié, qué soluciones se proponen desde el sector público, o desde la academia o las instituciones supranacionales. Prácticamente las mismas recetas, independientemente de la idiosincrasia de los distintos mercados laborales. Las medidas neoclásicas de oferta, es decir bajar salarios, desregular el mercado laboral, reducir o eliminar subsidios y entregar a los excluidos a las instituciones religiosas o de caridad para que les cuiden.

Frente a esto, lo único que se propone es reducir salarios, eliminar o reducir subsidios y el salario mínimo

En suma, estamos ante un mercado laboral dual entre los ocupados, no solo porque hay una dicotomía entre trabajadores fijos y temporales, sino también entre los desempleados. Hay desempleados de corto plazo, y cuya entrada en el mercado laboral es algo más fácil, y desempleados de larga duración, que apenas tendrán opciones de volver al mercado laboral. Por supuesto, esta grave problema tampoco se soluciona con el contrato único, o bajando los salarios aún más, o incluso eliminando el salario mínimo. Además, de todo esto, la descapitalización del mercado laboral es alarmante, puesto que únicamente otra burbuja de trabajos de escaso valor añadido podrá devolver a una parte de este colectivo a la empleabilidad. Pero lo que está claro es que una gran bolsa de los afectados por la histéresis nunca más volverán a trabajar. Pero el drama de no recibir ningún ingreso apenas será una reseña para la euforia gubernamental y de los lobbys financieros y económicos, cuya explicación de este fenómeno es el mismo que en los grandes conflictos bélicos: daños colaterales.  


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