OPINIÓN

La formación no interesa a nadie

el sistema de formación a todos los niveles sigue sin funcionar. Da igual que lo gestionen los sindicatos o la patronal, que lo haga las grandes corporaciones multiservicios. España seguirá muy atrasada y no podremos dar el gran salto que todo el mundo anuncia.

La formación no interesa a nadie.
La formación no interesa a nadie. EFE

En España sigue sin abrirse un verdadero debate nacional sobre la formación de los trabajadores que supere el despreciable jolgorio sobre la supuesta corrupción de los responsables en los últimos años. Curiosamente esta falta de interés por la formación se une a los graves problemas que asolan a la Universidad, y a la educción en general, sin que nadie ponga coto en el patio de vecinos/as que se ha convertido la política en España.

El gran debate nacional sobre formación y educación sigue sin llegar y la sociedad lo acusa

Con estos mimbres, la economía, y la sociedad, española sestean los problemas creyendo que todo se soluciona con nuevas leyes educativas, con un supuesto consenso sobre la clase de religión y con quitar a sindicatos y patronales el control del pastel de la formación. Esta reducción al absurdo, tan latino y español, nos aboca a tener una sociedad cada vez peor formada, en su sentido amplio, no en número de titulados, y con menores habilidades.

El problema arranca en la propia infancia en la que el sistema educativo, y también la inercia familiar, solo inculca la señal de que lo relevante es el título académico

El problema arranca en la propia infancia en la que el sistema educativo, y también la inercia familiar, solo inculca la señal de que lo relevante es el título académico en cuestión, sin ninguna mención que es el placer del aprendizaje lo que hace crecer a un ser humano. La educación memorística, la pésima formación de muchos docentes, y la rigidez de los centros, convierten las aulas en fábricas de seres mediocres, en los que el aburrimiento y la abulia sobresalen sobre el placer del saber y la búsqueda de la excelencia.

En ninguna fase educativa se busca la excelencia y la equidad

El paso por la escuela, a diferencia de las experiencias docentes de la Institución Libre de Enseñanza, se considera un tránsito de dolor que hay que terminar sí o sí, para luego seguir una carrera universitaria donde se terminarán de fijar los criterios y la modelización para ser un ciudadano sumiso, mal formado y mal pagado, anhelo de tantos políticos y del sistema en general. Un sistema universitario endogámico, mediocre, pobre en todos sus sentidos, que solo aparca jóvenes durante un número de años, hasta que ya no se sostiene más y lanza al mercado laboral hordas de parados potenciales, que acabarán participando en el juego perverso que necesitan las empresas: universitarios para servir mesas, distribuir alimentos o conducir coches de Uber o Cabify. Esto nos lleva a la cifra terrible que nos dice que el 42% de los universitarios consideren que están infrautilizados en sus respectivos empleos precarios.

El sistema educativo en su conjunto crea individuos sumisos, mediocres y poco productivos

Pero, para no ser menos, seguimos lanzando como economistas una máxima peligrosa: estudiar una carrera universitaria sigue siendo rentable para el que la cursa, porque acaba obteniendo un salario mayor que los que no la cursan. Este señuelo, que, con buenas estadísticas, se relativizaría, sigue alimentando un sistema docente alejado de cualquier lógica, tanto en calidad, como en número.

La lógica y la realidad económica global ha dictado una sentencia inapelable. No hay empleos para todos

Pero esta tónica se ha instalado en una sociedad que tarda demasiado en reaccionar a los cambios estructurales que se avecinan y que, por tanto, no se prepara convenientemente. La lógica y la realidad económica global ha dictado una sentencia inapelable. No hay empleos para todos, y menos para todos los universitarios que salen de las Facultades todos los años. Ni en las familias, que temen que sus hijos se desclasen, pero tampoco entre los poderes públicos y educativos se atreven a ser sinceros con la propia comunidad y falsean diariamente una realidad que es muchos más dura que la se planeta en los mítines diarios. Los medios de comunicación de masas, tan ávidos de fondos públicos para sobrevivir, sirven de correa de transmisión y esconden también esta dura realidad. Y, por último, los economistas ortodoxos también alientan que nada cambie, más allá de cómo se financie la educación, para seguir publicando Papers que solo leerán entre la academia y así podrán sustentar un modelo educativo caduco y tramposo.

La Universidad se ha convertido en un centro avanzado de parados estructurales y trabajadores sobrecualificados

Pero una vez que la gran masa está en el mercado laboral, una masa menguante como lo prueban las cifras de participación, llegamos al último eslabón de la cadena. La formación ocupacional, o aquella que permite reciclarse a los trabajadores y así elevar su productividad, y supuestamente el salario. Esta formación ha sido objeto de la discordia durante los últimos años básicamente por las supuestas tramas de corrupción de toda índole que han crecido al albur de los enormes fondos que se manejan. Pero curiosamente, muy típico español, no se ha cuestionado la calidad de los cursos, ni su son efectivos para las empresas o si aumenta la empleabilidad de los parados que la cursan. Nada de eso importa en una sociedad acostumbrada a los ecos de sociedad, a las gacetillas y a los escándalos de toda índole. Es decir, nada de esto tendría sentido si los fondos se hubiesen administrado correctamente y especialmente, si no se hubiesen mezclados los sindicatos por medio, verdadera bestia negra para el conservadurismo más rancio y para los modernos liberales-progresistas, marca blanca de la derecha en España, como lo fueron en el Reino Unido.

No hay nadie que se atreva a explicar a la sociedad que no hay empleo digno para todo el mundo

Para solventar esto, el Gobierno se hizo eco de las grandes empresas multiservicios y decidió aparcar y expulsar a los agentes sociales, el cáncer según ellos, del sistema para darle el pastel a estas empresas que, por supuesto, son más honradas y eficientes. Pero no se crean que el sistema ha cambiado de contenido, que ahora los cursos son realmente útiles para empresas y trabajadores y que la empleabilidad ha aumentado, tras el penoso paso de los agentes sociales. Ahora ya tenemos el primer año completo del nuevo modelo de formación, y los resultados son, incluso peores, que los anteriores, aunque seguimos sin buenas estadísticas cualitativas. 

El gráfico 1 muestra los principales resultados.

Estadísticas de formación en 2016.
Estadísticas de formación en 2016. A.I.

La formación para el empleo en las empresas, y para los parados, sigue un fracaso a pesar de la ausencia de sindicatos y patronal

Los datos proporcionados por FUNDAE revelan un panorama desolador. En 2016 hubo menos empresas que formaron a sus trabajadores, destacando las micropymes, y tampoco mejoró el número de trabajadores formados. En el caso de las micropyemes, mayoritarias entre el conjunto de empresas del país, apenas el 18% de las empresas formó a sus trabajadores, por lo que gran parte de los fondos disponibles no se utilizan, algo que los trabajadores no son conscientes. Aquí hay que hacer un apunte, sin duda, clave. En las empresas más grandes, y por tanto más sindicalizadas, es donde el índice de formación es más elevado, al menos cuantitativamente, lo que da idea de la importancia de la negociación colectiva en la oferta formativa por parte de las empresas, como se ha demostrado en el caso del conflicto de Eulen. Con todo, en 2016 el número de empresas que formó a sus trabajadores disminuyó un 16% respecto a 2015, es decir solo algo más de 367.000 empresas dieron algún tipo de formación a sus trabajadores. Esto hizo que el porcentaje total de empresas que formó a sus trabajadores alcanzase un mínimo desde el año 2012, un 22%. 

Con el nuevo sistema, el número de empresas que forman a sus trabajadores disminuyo un 16% en 2016

Con todo esto, las empresas se dejaron de gastas el 16% del dinero disponible para formación, frente a un 10% en 2015, de un total de 610 millones disponibles. Hay que indicar que este dinero no es público, sino que nos lo retienen de la nómina todos los meses, por lo que los grandes perjudicados son los trabajadores, pero también las empresas que aportan una parte a la caja común.

El peor resultado se da en micropymes con solo un 18% de empresas formando a sus trabajadores

En resumen, el sistema de formación a todos los niveles sigue sin funcionar. Da igual que lo gestionen los sindicatos o la patronal, que lo haga las grandes corporaciones multiservicios. España seguirá muy atrasada y no podremos dar el gran salto que todo el mundo anuncia, y que no se logrará, aunque nos pongamos de acuerdo con las horas lectivas de religión. Repito el título de este artículo, la formación no le importa a nadie.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba