Economista ciudadano

El espejismo del rebote del PIB

Las elecciones en España tienen un efecto bálsamo que reduce, aún más, el funcionamiento de las neuronas de los equipos de gobierno y despierta el germen de las ocurrencias en la oposición. Un ejemplo de este virus lo hemos podido ver en las recientes elecciones en Andalucía, y lo seguiremos viendo en el año horribilis que nos espera en esta materia.

El año electoral esconde la ausencia de proyecto político y económico serio

El espectáculo de la reciente campaña electoral en Andalucía se estudiará, previsiblemente, en las facultades de Ciencias Políticas y servirá para enseñar a los alumnos lo que no se debe hacer nunca en política, salvo que se quiera hundir una formación política. Eso ha sido lo que ha hecho el Presidente Rajoy que realmente ha sido el verdadero candidato del PP, ya que el delegado figurante simplemente hacía de telonero. El mensaje que ha repetido por los grandes mítines, es cierto que no se ha acercado a las poblaciones más pequeñas, es que España ya ha superado la crisis gracias a él y que el porvenir está despejado para alcanzar el pleno empleo en unos añitos.

El espectáculo de la campaña electoral en Andalucía se estudiará en las facultades de Ciencias Políticas y servirá para enseñar lo que no se debe hacer nunca en política, salvo que se quiera hundir la formación política

Este mensaje, además, lo ha lanzado en una Comunidad Autónoma, en la que el desempleo supera el 30%, el abandono escolar el 20% y cuyo crecimiento (si es que estuviera bien medido) apenas superó el 1% en 2014. Un territorio ahogado por un fatalismo de mala gestión en el que conviven experiencias únicas en materia de investigación y avances tecnológicos, con episodios de pobreza extrema, fruto del subdesarrollo ancestral impuesto por el franquismo, que nadie se ha encargado de superar.

El mensaje de recuperación de Rajoy ha sido letal para su delegado

El latiguillo del presidente Rajoy ha sonado a muchos andaluces a desprecio, a burla y han optado por darle mayoritariamente la espalda, dejando, eso sí, un parlamento tan plural, como complejo de manejar para una fuerza como el PSOE, tan hegemónica, como incapaz de sacar a Andalucía de la situación en la que está. Ello da idea de la mala calidad de los políticos en España, y en Andalucía en particular, uniéndose así al bajo nivel también de empresarios, lo que profundiza la sima en la que está inmersa la economía española.

Todo este mensaje de recuperación sólida, irreversible en el tiempo, aireado por economistas y periodistas acríticos, indica el grado de manipulación que asola la opinión pública

Todo este mensaje de recuperación sólida, irreversible en el tiempo, aireado por economistas y periodistas acríticos, indica el grado de manipulación que asola la opinión pública, pero que cada vez más encuentra recovecos por los que surgen opiniones solventes que tratan de orientar mejor a los lectores. Para ello es imprescindible que cambien los planes de estudio en las universidades y que la nueva camada de economistas que aparezcan incorpore otras técnicas de estudio y previsión, que internalicen otras disciplinas en su quehacer cotidiano, como sociología o ciencias políticas, y que por supuesto, tengan soporte riguroso y científico.

La propaganda de la irreversibilidad de la recuperación económica es un atentado contra inteligencia

En este impase, lo que hay que profundizar es en desmitificar y desmontar la teoría de la felicidad en la que pareciese que hemos entrado al producirse el efecto rebote en la economía española. Tras una caída agregada oficial del 7,5% desde 2009, estaríamos en un claro efecto de compensación, en parte de dicho agujero. Por supuesto que falta que el INE decida a su tiempo cuándo revisará el PIB de 2013 (caída del 1,2%). Esta es la mayor caída desde la Guerra Civil y no solo ha afectado a la coyuntura, sino que ha producido un verdadero agujero en la estructura productiva del país. Es más, la entelequia llamada “crecimiento potencial” indica que España tardará más de un lustro en lograr alcanzar los niveles de actividad anteriores a la crisis, que ya de por sí, eran endebles.

Nadie habla de que el paro estructural en España ya supera el 15%, que la población activa real apenas supera el 50% del total y que el sistema público de pensiones, con las tendencias demográficas, de natalidad y empleo es una bomba de relojería. Si el crecimiento potencial ahora se estima que puede estar en el umbral del 1%, frente al 3% hace una década, al margen de que no es observable y sus cálculos solo producen escenas de júbilo en los laboratorios, ello nos estaría diciendo que el exceso de capacidad instalada es cada día mayor.

Los factores estructurales apoyan la idea de un estancamiento secular para una década

Todos los cantos de sirena que nos venden los guardianes de la ortodoxia económica no hacen referencia a por qué hemos empezado a crecer, poquito eso sí. Básicamente se resume en factores exógenos (caída del precio del crudo y reducción artificial del coste de financiación de la deuda), desviación de comercio en el sector turístico (atentados en países competidores) y una vuelta el endeudamiento externo, unido al dopaje electoral. Todos estos factores juntos nos aportan un 90% de explicación del rebote experimentado, tras años de profunda recesión. Lo que tampoco cuentan es que esta aparente salida del suelo de la recesión se produce sin mejorar ninguna de las variables que podrían cambiar el panorama de la economía española.

Por un lado, el desempleo estructural aumenta. Se incrementan los colectivos que no volverán a trabajar en España, la desigualdad entre regiones se dispara, los salarios, y por ende las cotizaciones a la Seguridad Social, no aseguran el mantenimiento de las pensiones públicas. Tampoco se vislumbra un cambio de patrón de crecimiento, ni una mejora real de la financiación de proyectos de inversión, el peso de la inversión en la economía española y europea sigue descendiendo y el stock de deuda sigue siendo inmanejable.  

Si todo esto lo metiéramos en el modelo que pudiese predecir el crecimiento potencial, nos daría un estancamiento secular en una década, con pequeños rebotes ficticios, que además podrían ser alterados por la variable clave en todo esto: los mercados de riesgo. Cuando esta burbuja actual estalle, y todas lo hacen a pesar de algunos economistas, volveremos a citarnos en el drama que supone la asimetría entre economía real y financiera. Mientras tanto, disfruten lo votado. 


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