Economista ciudadano

La crisis solo es una excusa para empobrecernos

Esta crisis, pero también las anteriores, sirven para afianzar un relato que desde los púlpitos financieros, y también religiosos pretende cambiar radicalmente el modelo social que Europa se ha había dotado desde la II GM.

La presunta eficiencia de los mercados financieros, las teorías del

“too big to fail” y el mantra del todo para el accionista han saltado por los aires con el estallido de los más grandes en EEUU

La presunta eficiencia de los mercados financieros, las teorías del “too big to fail” y el mantra del todo para el accionista han saltado por los aires con el estallido de los más grandes en EEUU, arrastrando a la banca europea, presa del apetito por la compra de basura financiera, eso sí disfrazada de I+D. La codicia de los CEOs, avalada por los Consejos de Administración y la búsqueda permanente de valor por parte de Fondos de Inversión y de Pensiones, ha terminado por destruir una gran parte del aparato productivo y social que una gran parte de países centrales en Europa mantenían, con la única excepción de Francia.

Todos los paradigmas sobre la eficiencia de los mercados financieros se han caído en esta crisis

El objetivo es claramente la reducción de buena parte de los programas públicos que sostienen un modelo que, para algunos, es insostenible, caro e ineficiente, pero que para otros, supone una garantía de estabilidad y cohesión que atempera los ciclos económicos. No hay que olvidar que, ahora, son los ciclos financieros los que provocan los ciclos económicos, y no al revés, lo que sin duda, complica mucho más tanto la previsión, como las acciones de política económica a implementar.

Las viejas políticas, fiscales, presupuestarias o monetarias, ya no tienen el efecto que antaño tuvieron, en ausencia de ciclos financieros como los actuales. En un mundo globalizado y obsesionado por el valor del accionista, las políticas redistributivas pierden eficacia, ya que la posibilidad de escape es cada día mayor. Los flujos de capital apenas tienen interferencias para financiar principalmente a sus accionistas, dejando a un lado el objetivo final del capital que es alimentar proyectos de inversión y garantizar el bienestar, siempre como un mero instrumento. Lo único que es noticia es la evolución de los mercados bursátiles o de renta fija, y todos los gobiernos asumen su papel subsidiario en este magma financiero, como lo prueba que la mayoría de dirigentes políticos en el área económica en Europa, pero también en EEUU, provengan de la banca de inversión, algo impensable hace no muchos años.

Las viejas políticas fiscales y monetarias ya no sirven en la era de la maximización del valor del accionista

El resultado en la UE es bastante clarificador. Según Eurostat, una gran parte de países han visto reducido su porcentaje de gasto público sobre el PIB en el periodo 2009-2013, en parte por la caída del PIB, pero también por el brusco recorte en partidas muy sensibles. Los países que han elevado la ratio lo han hecho por dos razones muy diferentes. Hay un núcleo como Grecia o Eslovenia que reflejan el gasto público necesario para inyectar fondos al sistema bancario, prácticamente en quiebra. Por otro lado, Francia o Finlandia han entendido la crisis de forma diferente y han apostado por crear un colchón adicional para mitigar el declive económico, pero principalmente en el caso francés para invertir el signo de la pirámide de población encarando un futuro mucho más sostenible que el resto.

La táctica es clara: degradar el servicio público para que los servicios privados vayan captando cuota de mercado, algo que legalmente es posible gracias a las sucesivas normativas aprobadas

En el caso español la radiografía del encargo estaba clara. Hay que desvirtuar el concepto de educación y sanidad pública universal y abrir el melón para la entrada de nuevos actores en su gestión, como ya se intuye con al aprobación del TTIP. Los principales recortes se han dado precisamente en estas dos partidas, un 4% en educación y un 1,4% en sanidad, lo que sorprendentemente ha generado un aumento de la facturación de seguros privados de salud. La táctica es clara: degradar el servicio público para que los servicios privados vayan captando cuota de mercado, algo que legalmente es posible gracias a las sucesivas normativas aprobadas por el PP y mantenidas por el PSOE.

El objetivo es desmantelar el sistema público de bienestar y transformarlo en beneficencia

Donde también se ha reducido drásticamente el gasto ha sido en materia de vivienda. Aquí se nota cómo la única política de vivienda llevada a cabo era la de construcción de vivienda protegida, medida diseñada para épocas pretéritas en las que la entrega de llaves por parte de Alcaldes y Presidentes Autonómicos era sinónimo de voto. Pero nadie pensó en políticas que incluyen estabilizadores automáticos para casos de depresión o recesión económica y social como las actuales. La carencia de un parque público de vivienda que garantice soluciones habitacionales para casos de desahucios, las políticas de ayuda directa, como en la UE para sufragar alquiler social, y la inexistencia de una política efectiva de control de precios de alquiler social, como pasa en Alemania, ha dejado al descubierto el fracaso de los dos grandes partidos en materia de vivienda.

España lidera los recortes en sanidad, educación y vivienda

El resultado de este nuevo paradigma es que la desigualdad crece por doquier y provoca ineficiencias económicas que hasta el FMI, después del Papa Francisco, se ha atrevido a denunciar ya con cifras en la mano. Esta desigualdad está en niveles máximos en los países desarrollados, algo que se explica por el desmantelamiento de los sistemas de corrección, y no por el propio efecto de la crisis. Parte de esta desigualdad, también proviene, del enorme desarrollo de los mercados bursátiles, es decir de la obsesión por la maximización del valor del accionista.

La desigualdad es un arma de destrucción inducida, no un accidente

La desigualdad social no es un mero accidente, como proclaman muchos, sino que es fruto de una política deliberada y que ha llegado para quedarse 

Esta deriva en la desigualdad social no es un mero accidente, como proclaman muchos, sino que es fruto de una política deliberada y que ha llegado para quedarse. La aparición del hambre en capas sociales inimaginables hace no mucho tiempo, la exclusión social de bienes públicos de calidad, como sanidad o educación para amplios colectivos, junto a la exclusión financiera fruto de las malas políticas públicas de vivienda, son algunos de los retos que tienen los gobiernos en los próximos años. Pero nada de esto tendrá éxito, sin un cambio de paradigma empresarial, político y financiero. No hay señales de que después de este terremoto nada vaya a cambiar en el sistema financiero mundial.


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