Economista ciudadano

¿Es creíble el Banco de España?

La credibilidad de una institución se mide por su trayectoria, por su grado de transparencia y también por su capacidad de asumir sus propios errores, siempre que haya demostrado un grado de independencia suficiente que le garantice que su actuación siempre busca el interés general.

Atendiéndonos a esta acepción tan simple, la credibilidad de una institución, como el Banco de España, está en estos días en entredicho, lo cual no es ninguna novedad, ya que la mayoría de bancos centrales del mundo pasan por sus horas más bajas. El estallido de una crisis financiera sin parangón, fundamentalmente bancaria, y sus repercusiones sociales está poniendo en cuestión gravemente la capacitación profesional de la figura de los bancos centrales para poder vigilar el funcionamiento de sus, supuestamente supervisados, y sobre todo su independencia real respecto a los poderes políticos, y especialmente frente a los lobbys bancarios.

La credibilidad de la mayoría de bancos centrales, y especialmente la del Banco de España, se han desplomado por su inacción en esta crisis

Si uno analiza el origen sistémico del problema, las ya famosas hipotecas basura, no puede sino asumir que la cadena regulatoria y de supervisión en EE.UU., cuna de la ingeniería financiera, ha fallado. Las grandes firmas de inversión y aseguradoras han campado a sus anchas, primero generando productos financieros sofisticados sin ningún control sobre riesgos, ni posibles estafas, pero luego ignorando la bola de nieve que supuso la comercialización de dichos productos de forma industrial y global. Lo que sorprende es que en el Reserva Federal anidan la flor y nata de la academia norteamericana, cantera de premios Nobel en los últimos años, muchos de ellos dedicados a la ingeniería financiera que, incluso fueron los causantes de la quiebra de un fondo de inversión muy conocido, pero que no es óbice para que se sigan estudiando sus modelos de valoración en lo que queda de industria financiera.

La Reserva Federal ha sido un claro ejemplo de complicidad en el saqueo del sector financiero y bancario a una buena parte de consumidores internacionales

Esta espiral de inacción ante la creciente financiarización de la economía internacional, desgraciadamente, no ha venido acompañada de un reforzamiento de las labores de inspección, ni tampoco por el triunfo de las tesis más duras en materia de regulación financiera global. Más aún, lo que se inició en los 80 con Reagan, sigue vivo, y solo algunos tímidos intentos de mejorar la solvencia bancaria con las distintas versiones de Basilea, han puesto coto a lo que ha sido un autentico saqueo por parte de muchas entidades a los, desgraciadamente, consumidores confiados y parcialmente analfabetos en materia financiera. Este virus, en España, tiene además una variante perversa, y ha sido la connivencia entre el poder político y los últimos gobernadores, Caruana y Ordoñez, dos figuras que han dado al traste con el prestigio de la institución alcanzado, especialmente, por la personalidad y talento de Luis Ángel Rojo (DEP).

La connivencia de los dos últimos gobernadores con el partido gobernante, a diferencia de Rojo, añade más dudas de la independencia real de la institución

Esta desviación se produce a pesar de las evidencias empíricas, y las llamadas de atención que tanto el Servicio de Estudios, como el servicio de inspección hicieron a los dos máximos responsables, sin que fuesen escuchados. La razón última podría explicarse porque ambos, desde sus afinidades partidistas diferentes, coincidían en que el modelo de crecimiento era el adecuado y no había que cortar el grifo del crédito ilimitado y sin control, porque el mercado es soberano y acabaría ajustando la oferta y la demanda. Todavía recuerdo cómo en los documentos de trabajo del banco estaba prohibida la palabra burbuja, y siempre había que expresar el término con el eufemismo de sobrevaloración de activos, y nunca expresarlo públicamente.

Solo desde la dejación de ciertas funciones básicas, por motivos difíciles de entender, se pueden llegar a comprender cómo teniendo toda la información disponible, se llegaron a autorizar operaciones como las realizadas por multitud de entidades financieras, especialmente cajas de ahorro. O cómo se autorizaron los avales cruzados entre personas de perfil de riesgo elevado, como el colectivo inmigrante. Pero también sorprende que aceptaran y consintieran la comercialización de preferentes y deuda subordinada entre inversores poco cualificados, a la luz de una ley, MIFID, que dejó tantos flancos abiertos, que acabaron colándose empresas financieras cuyos consejos y labres de consultoría les han proporcionado pingues beneficios, gracias a la ignorancia de la ciudadanía.

No se explican que se hayan permitido actuaciones, inversiones por parte de cajas de ahorro y la comercialización de preferentes

Todo ello ha supuesto que, aparentemente, el modelo de supervisión ha fallado, pero no las personas que lo debían ejecutar en última instancia. Es por ello, que el banco ahora se saca de la chistera un nuevo modelo, vendiendo como estrictamente nuevas, algunas de las mejoras, como los inspectores en cada una de las entidades, no solo las más grandes, etc. Este remake solo trata de lavar una imagen deteriorada, con razones objetivas, pero no entra en el fondo de la cuestión y es que las instituciones siguen copadas por personas muy cercanas a los partidos políticos y con promesa de servidumbre, no tanto a un partido, sino a un modelo de crecimiento y a unos lobbys que acabarán dando cobijo laboral a muchos de los que hoy están inspeccionando a las entidades. Esto también pasa en el campo fiscal y se observan puertas giratorias entre inspectores fiscales y las entidades fiscalizadas, lo cual explica algunas de las grandes lagunas que hay en España entre el sector público y privado que acaban perjudicando siempre al más débil, el consumidor, que incluso les recompensa con su voto y sus impuestos.

El supuesto cambio de modelo de supervisión no es más que un remake. Falta cumplir el que había

En resumen, nada nuevo bajo el sol. El virus de los grandes lobbys se ha incrustado de forma tan potente entre las estructuras de las grandes instituciones fiscales, de supervisión y regulatorias, que ni los enésimos planes de cambio, ni los lavados de cara podrán cambiar la inercia que nos lleva a la desaparición de instituciones verdaderamente independiente del poder partidista.


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