Economista ciudadano

¿Quién se cree el Plan de Estabilidad?

El Gobierno ha remitido a Bruselas, como todos los años por estas fechas, la actualización del Plan de Estabilidad, 2013-2017, y como nos tiene acostumbrado en los últimos ejercicios,  ha vuelto a realizar un ejercicio de ciencia ficción.

Las grandes cifras macroeconómicas indican que, según el escenario ficticio del Gobierno, el PIB crecerá este año más del 1%, y la economía acelerará hasta alcanzar el 3% en 2017, un ejercicio de simulación fuera de todo rigor, máxime cuando la tasa de paro apenas bajará del 20% y la población activa se habrá dejado casi 1,5 millones de activos.

Las previsiones de crecimiento a corto y medio plazo son difíciles de cumplir, en un contexto de elevado desempleo y pérdida de activos

El escenario que dibuja el gobierno solo lo comparte el mismo ejecutivo, y presenta algunas lagunas e incongruencias realmente notables, que alejan cualquier viso de cumplimiento, máxime en el contexto de mantenimiento de una elevadísima tasa de desempleo y un desplome del crecimiento potencial de la economía española por la pérdida de capital humano y reducción de la capacidad instalada.

Dentro de las novedades más relevantes, y más ideológicas, destaca la evolución del gasto público, déficit público, remuneración de trabajadores públicos, pensiones públicas y especialmente el origen de los ingresos públicos. Para cuadrar el Programa de Estabilidad, por supuesto sin dar a conocer las estimaciones y simulaciones de crecimiento y el modelo macroeconómico que hay detrás, si es que hay alguno, el gasto público sobre PIB desciende del 44,9% en 2013, hasta el 40,1%. Esta recorte, que no eficiencia como quieren hacer ver, se asienta en una reducción notable de la remuneración de asalariados públicos, 6.517 mill€ en el periodo 2013-2015 y 3.432mill€ de consumos intermedios. Es decir, al consumo directo le drenan más de 6.000 mill€, lo cual puede aportar al PIB una reducción de 0,2-0,3 p.p de PIB, dada una propensión al consumo de 0,8 en el caso de los empleados públicos. Esta contingencia, junto al mantenimiento de una elevada tasa de desempleo, la reducción de renta disponible de los hogares, y las posibles nuevas figuras de copago, hace muy discutible la apuesta por la mejora del consumo,  lo cual invalidaría la previsión de crecimiento de la demanda interna.

El gasto público se reduce casi un 4% del PIB, al reducirse relativamente las prestaciones, salarios públicos y gasto en pensiones

El siguiente aspecto que sorprende, y hará mucho daño, es la pérdida de peso de las prestaciones sociales en el conjunto del PIB. Aquí se hace un ejercicio de voluntarismo y se defiende el hecho de que habrá menores prestaciones de desempleo, casi 6.000 mill€. Pero no se explica si esto se produce por agotamiento de las prestaciones y por consiguiente una caída en la exclusión social, algo que ya está ocurriendo con casi 2 millones de hogares, lo que reduciría aún más el consumo y por ende el PIB. No hay que olvidar que hay más de 3 millones de parados de larga duración, y especialmente parados de más de 45 años, para los que no hay ninguna medida en el horizonte.

La gran pérdida de activos, por el efecto desánimo y también por la salida hacia el extranjero o la vuelta a sus países de origen en el caso de extranjeros, deprimirá el crecimiento potencial y restará capacidad de innovación, dado el perfil formativo de buena parte de los que emigran. Pensar que la propia inercia del escaso crecimiento, muy trucado en algunas cifras podrá reducir el desempleo vía creación de empleo cualificado, es una quimera que apenas se sostiene.

El ejecutivo ha elevado la cifra de 600.000 empleos lo que sueña con que se creen en los próximos dos o tres años, pero tampoco especifica, porque no lo sabe, ni lo sabe calcular, si serán empleos a tiempo completo, si serán empleos a tiempo completo o simplemente contratos que se firman. Tampoco se atreve a  especificar en qué sectores se podrá crear empleo a corto plazo, máxime en un contexto de reducción cuantitativa del crédito y una fuerte inflación en el precio del escaso que se concede. Hay entidades formando pólizas de crédito al 17%, lo que da idea de la saña con la que se está tratando a muchos consumidores y pequeños empresarios.

La apuesta por la creación de empleo es solo numérica y no incluye ninguna explicación del origen sectorial, tipología o duración del mismo

Por tanto, y según se puede leer entre líneas, nos esperan años de nuevas reducciones de servicios y prestaciones públicas, disfrazadas de ejercicios de eficiencia, especialmente en el campo de la dependencia, sanidad y educación. A esto hay que sumar el aumento del IVA en algunos productos, como los sanitarios, y no son descartables nuevas figuras impositivas. A Bruselas se ha mandado un texto en el que figura la imposición sobre la imposición como atenuante de la supuesta rebaja de impuestos para algunos percentiles de renta, especialmente los de mayor renta. Esto quiere decir que la recomendación de los expertos fiscales, todos fieles a la doctrina del Director de la Oficina Económica de Moncloa, de incorporar el gravamen sobre la propiedad de inmuebles puede ir adelante. Pero también se ha colado, sin que casi nadie haya reparado, es que se abren nuevas oportunidades para el copago en servicios públicos, página 90 del extenso Programa de Estabilidad, lo que sin duda hará temblar a las rentas medias y bajas, verdaderos enemigos atávicos de este Gobierno, al margen de algunos economistas.

Se abre la posibilidad de nuevos copagos y la imposición sobre la propiedad de inmuebles.

En resumen, el Programa de Estabilidad no contempla ninguno de los riesgos que subyacen a la economía española. Exceso de endeudamiento público y privado, el coste de la deuda acelera a pesar del descenso de la prima de riesgo, el abultado desempleo crónico, la exclusión social, la reducción de la renta disponible de los hogares, la falta de empleabilidad de amplias capas de  población, tanto por formación, como por edad. Lo que se ha mandado Bruselas es un sueño que solo persigue destrozar a los grandes perdedores de la crisis, las clases medias y bajas. Curiosamente quienes votaron en masa a Rajoy huyendo del nefasto Zapatero. Qué ironía. 


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