Economista ciudadano

No hay crecimiento en el horizonte

La economía española, al igual que el resto de países de nuestro entorno, no son entes autárquicos que tienen vida propia y son capaces de actuar, legislar y por ende, crecer de forma endógena al margen del resto. Esta capacidad, que ha sido el eje de la última campaña electoral en España, pero que se repite de forma mimética a lo largo de todos los países cuando celebran elecciones generales.

En un mundo globalizado, como es el que hoy hemos creado, cada vez tiene más importancia la parte de crecimiento exógeno que configura la descomposición de las variables de crecimiento, por lo que es el crecimiento mundial, y en especial el europeo, el que es verdaderamente clave para el devenir de la economía española. Es cierto que España ha alcanzado un grado de apertura económica notable, pero en ningún caso suficiente para mitigar los graves desequilibrios de la parte de crecimiento endógeno que presenta.

Con estos mimbres, el nuevo gobierno, que vendió humo durante estos años y  que ahora tiene un poder institucional y mediático como ningún otro gobierno tuvo, se ha estrellado contra la realidad. Esta realidad le dice que el modelo de crecimiento endógeno iniciado a finales de los 90 se ha acabado,  y además ha generado unas externalidades negativas tan potentes, en materia de déficit educativo y formativo, amén de insostenibilidad medioambiental, que es materialmente imposible retomarlo. Este  modelo basó su éxito efímero en materia de empleo en una acumulación de deuda privada insostenible, basado en la expansión urbanística, baja productividad por unidad producida, salarios muy bajos en actividades productivas, en relación a las actividades poco cualificadas, destrozo urbanístico y renuncia expresa a un cambio progresivo de modelo productivo. En conjunto, mucho crecimiento endógeno, alentado también por fondos de cohesión, los llamados pedigüeños, FEDER y Fondo Social Europeo. En suma, típico crecimiento de país en vías de desarrollo, dentro de la propia UE.

El modelo económico perpetuado por el PP y el PSOE ha tenido un grave impacto negativo sobre la estructura económica en España

Fuimos algunos los que recomendamos al gobierno de Zapatero que la caldera se fuera enfriando de forma progresiva,  pues era insostenible un crecimiento de más del 3% anual, con incrementos del crédito de más del 25% anual y apenas cambios en la productividad por ocupado. Sin embargo, la política se hace muy miope cuando se está en el punto álgido, cuando se vende todo lo que se construye, cuando el empleo, de baja calidad, fluye y se destroza todo el entramado industrial, para que no pare la máquina de hacer viviendas. El consumo de bienes y servicios no paraba de crecer y la supuesta felicidad se había instalado en el subconsciente social. Se bajaron los impuestos para las rentas más altas y las grandes empresas se instalaron en el dorado. Estas lograron expandirse en todo el mundo, dejaron de pagar impuestos de sociedades y se convirtieron en oligopolios de servicios esenciales en las grandes ciudades y se aprovecharon de la expansión irracional del crédito a nivel interno e internacional.

Este modelo de crecimiento endógeno, basado en actividades de bajo valor añadido, endeudamiento y destrozo urbanístico y medioambiental, contó con cooperadores necesarios, las administraciones locales, regionales y las Cajas de Ahorro.   Los Ayuntamientos, en parte por la falta de una financiación estable, creyeron que el urbanismo era su tabla de salvación, lo cual les hizo vender compulsivamente todo el suelo disponible, eso sí sin obtener la totalidad de la plusvalía de la venta de suelo, como rige en el Reino Unido. Las CCAA se involucraron en una selva de operaciones urbanísticas y de infraestructuras de nula o dudosa rentabilidad social y económica, mientras las Cajas de Ahorro jugaron con los ahorros  de muchos ciudadanos, con el beneplácito del Banco de España, tanto de Caruana, como de Fernández Ordoñez.

Las Administraciones locales, regionales, financieras y el Banco de España han sido cómplices del destrozo urbanístico, junto a la legislación sobre el suelo, han facilitado un nivel de deuda insostenible.

Junto a esto, la Administración Pública creció de forma desordenada, fundamentalmente por abajo, sin que las elites, las que verdaderamente gobiernan, introdujesen ningún elemento de racionalidad, pues es conocida la connivencia entre los dos grandes partidos a la hora de repartirse el poder de forma florentina, cuando uno de los dos acede al poder.

La realidad actual, la que tendrá que gobernar Mariano Rajoy, es realmente preocupante. El crecimiento endógeno está constreñido por una gran masa de población desempleada, y cuya empleabilidad es muy limitada, pues un 60% apenas ha superado la educación obligatoria. La industria está muy debilitada y los servicios, con el nivel de consumo tan deprimido, apenas puede crecer. Sin flujo de crédito, ni las empresas existentes, pero tampoco las que se pudiesen crear, podrán acometer proyectos de inversión, pero tampoco hacer frente a problemas de tesorería. Es decir, seguiremos inmersos en un proceso de ajustes de balances, intentando repagar la deuda existente, lo cual deprimirá aún más el crecimiento.

Con la escasa empleabilidad de una buena parte de la población parada, sin flujo crediticio y con la UE paralizada, el crecimiento esperado será nulo o negativo a corto y medio plazo

Sin un cambio fiscal en el horizonte, el grueso de la recaudación recaerá en asalariados, pensionistas y las PYMES y autónomos que paguen impuestos, a todas luces insuficiente para sostener el gasto social. El Estado se retirará absolutamente como ente inversor, abandonando incluso obras ya existentes, lo cual supone un despilfarro aun mayor, que terminar la obra, algunas de las cuales son esenciales.  La merma de servicios públicos y el hundimiento del tercer sector, deprimirá los pocos yacimientos de empleo existentes, servicios sociales, cultura o medio ambiente.

En suma, estamos ante un grave problema estructural cuyos responsables son los dos grandes partidos, PP y PSOE, pero también las Administraciones Publicas y el sistema financiero. Con la UE paralizada, ya no se puede esperar que nos llegue ningún maná, y si la UE entra en recesión, nuestro crecimiento exógeno se resentirá, especialmente el turismo.  Por todo ello, es bueno que la población sepa que no hay salvadores, y quien lo vendió y compró así, no deja de reflejar que todavía estamos lejos de ser una sociedad madura y políticamente avanzada. 


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