Economista ciudadano

Sin burbujas no hay crecimiento

Estamos asistiendo a una lucha descarnada entre economistas por convencer a la ciudadanía que los economistas en realidad no han fracasado en este episodio de crisis. Ahora la mayor parte de ellos argumentan que ya lo vieron venir, y otros que no se les hizo caso. Muchos han escrito libros relatando lo que ha pasado y los más mediáticos se lanzan a la carrera política.

Recordando la necrológica de Keynes a Marshall, la profesión de economista quedaría definida de forma sublime así: “El gran economista debe ser una mezcla de matemático, historiador, estadista y filósofo. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario, tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista y, sin embargo, en algunas ocasiones tan cerca de la tierra como el político”  Juzguen Uds. si alguno que aparece los sábados con la pizarra se parece en algo a un verdadero economista.

Se ha desatado una cierta guerra entre escuelas de pensamiento económico

Estamos pues ante una guerra entre escuelas, o lo que es lo mismo entre ortodoxia o heterodoxia, y también entre escuela neoclásica o escuela neokeynesiana. Estas disputas, que recuerdan mucho a la vieja separación entre izquierda y derecha política, están aflorando más en los medios que las Universidades, al menos en Europa, aunque algunas de las nuevas figuras estelares sean europeas, como es el caso de Francia con Piketty, Duménil (La crisis del neoliberalismo) o Levy (La gran bifurcación). Pero también hay otros economistas brillantes como Varoufakis, Galbraith hijo, Holland, Blyth o el coreano Ha Joon Chang que están abriéndose camino para intentar dar la vuelta al pensamiento único neoclásico, algo que solo ocurrirá cuando en las mejores facultades del mundo triunfe la corriente alternativa y se abran espacios de disenso en el endogámico mundo del academicismo económico.

Las nuevas corrientes cuestionan el paradigma neoclásico y especialmente las bondades de la austeridad expansiva

En este sentido, el coreano Joon Chang, cuyo nuevo libro “Economía: manual del usuario (Debate) está a punto de llegar a las librerías, desarrolla la tesis de que es muy complicado predecir las grandes crisis porque se oculta el gran debate que subyace al capitalismo financiero: la cultura de las burbujas.  La historia de la euforia financiera (un maravilloso libro de Galbraith padre) es un compendio de los mecanismos que nos llevan a caer siempre en los mismos errores. Es decir, la cultura del apalancamiento financiero, sobre la base de un activo que sirve de colateral, para impulsar el crédito y con él, el crecimiento ficticio. Una vez explotan se liquidan progresivamente derechos adquiridos, se recortan rentas salariales, y se va consolidando el gran objetivo del sistema: sociedades duales que permiten la apropiación de rentas, recursos naturales por parte de las grandes multinacionales y oligopolios creados al uso.

Lo que se ha escondido al debate es que sin burbujas no hay crecimiento

Un ejemplo es en la actualidad el modelo de crecimiento en EEUU tras la enésima crisis financiera. El modelo impulsado por Obama y aplaudido por los seguidores de la llamada tercera vía, consagra un nuevo estadio de sobreendeudamiento, que alienta la nueva burbuja de los mercados de bolsa y deuda. La política monetaria de tipos cero ha engendrado este nuevo monstruo que tiene visos de explotar en el corto plazo. La contrapartida a este modelo es la creación de empleo vigorosa y el crecimiento robusto que algunos pregonan en televisiones y medios de comunicación varios en España.

¿Qué se esconde tras este modelo supuestamente milagroso? Pues elementos tan preocupantes como que la participación de los salarios en la renta nacional está en mínimos históricos, la tasa de participación en el mercado laboral en niveles de los años 80, la tasa de inversión más baja de las últimas décadas y un nivel de subempleo sin parangón. Todo ello adornado con un crecimiento de los beneficios empresariales que recoge la perversión de estas políticas, con el único objetivo de marcar máximos en los mercados de bolsa aunque sea a consta de un endeudamiento masivo.

Gráfico 1. Participación de las rentas salariales en la Renta Nacional

Caminamos, pues, hacia un abismo económico y social que solo podrá ser corregido si hay un verdadero cambio de rumbo en los paradigmas estudiados y si en el subconsciente humano se asienta la idea de que así ya no se puede seguir. La pobreza en países grandes de Occidente es ya una imagen cotidiana, incluso en colectivos que están ocupados. Solo en EEUU hay 46 millones de personas que reciben ayudas alimentarias (food stamps) porque sus salarios no alcanzan a cubrir las necesidades básicas, ni tampoco las de sus hijos/as. La caída de la empleabilidad en grandes colectivos, la ausencia de coberturas sanitarias en muchos países, la ruptura y quiebra de los sistemas públicos de pensiones auguran periodos largos de migraciones y conflictos raciales y bélicos que tratarán de reducir la presión social.

El milagro en EEUU esconde que sólo mediante endeudamiento y sostenimiento artificial de la bolsa se puede crecer

En suma, los economistas clásicos y las nuevas tendencias deben darse prisa en corregir todo aquello que se ha demostrado falso y tendencioso, lo cual debe servir también para romper el oscuro y endogámico mundo de la academia, abriendo las ventanas para que puedan penetrar nuevas ideas, y sobe todo nuevos métodos de medición y observación de la realidad, más allá de fórmulas matemáticas.  


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba