Economista ciudadano

¿Un banco malo para renovables?

La fiebre por las instalaciones de energías renovables, especialmente fotovoltaica, ha generado en España una supuesta burbuja, cuya ruptura está dejando en la cuneta miles de millones de inversión y un desempleo creciente. Este tipo de energía, clave para que España pueda competir en igualdad de condiciones con otros países, no ha logrado calar entre la ciudadanía, y aún menos entre los gobernantes, a pesar de ser el sector que podría generar un volumen de empleo similar al de la construcción.

Los gobiernos de Zapatero promovieron inicialmente su expansión, mediante la subvención en forma de primas muy generosas, pero luego en la última parte del mandato, sucumbió a la presión de las eléctricas y, con efecto retroactivo, generó el desplome del sector. El nuevo Gobierno del PP ha mantenido la tónica, por lo que el sector acumula pérdidas de ingresos en algunas plantas de hasta el 40%. Estas caídas pueden ser aún mayores, ya que el último decreto se desacopla la evolución de precios con la inflación, lo que sin duda hará aumentar la caída de potencia instalada.

Los gobiernos del PP y Zapatero han propiciado el desplome del sector renovable en España

Lo curioso es que el sector de renovables es el responsable último, por ejemplo, de la última bajada del precio de la luz y, dado el año meteorológico que tuvimos en 2012 y también en 2013, la producción de energía de los sectores renovables supuso, en algunas fases del año, más del 50% del total. Esta mejora en la producción conlleva una reducción de la factura energética y dependencia del exterior, pero ello no gusta en algunos segmentos políticos muy ligado a las eléctricas. Asimismo, todo el proceso de ahorro energético, autoconsumo o balance neto de los hogares es boicoteado sistemáticamente por el oligopolio eléctrico

La energía renovable genera mucha reticencia entre el oligopolio eléctrico y petrolero y por ello boicotean su desarrollo

El principal problema de estas empresas, como en la mayoría de las empresas y sectores de este país, es el sobreendeudamiento. Adicionalmente, con la desindexación de precios y los recortes en las primas, las empresas ya están empezando a tener problemas de liquidez y caja, por lo que las entidades financieras podrían empezar a ejecutar garantías, que radican en la propia central eléctrica. Por ello, los bancos, al igual que en el caso del sector inmobiliario, se van a encontrar con activos, plantas termosolares y fotovoltaicas, cuyo valor residual tiende a cero, al no querer nadie invertir en España, dada la inseguridad jurídica que supone tener en el Gobierno a los representantes del sector eléctrico y petrolero.

El efecto inmediato tendrá que ser la reestructuración de la deuda de buena parte de estas compañías, y tal vez un banco malo, al estilo de la Sareb, como ya ha planteado el ministro Soria, idea que espanta a Montoro y De Guindos. Esta manía persecutoria hacia las renovables nace del error inducido por las propias eléctricas que culpan a estas empresas del déficit tarifario, cuando es conocido que eso no es cierto, y que el verdadero problema energético español es la dependencia del petróleo que explica el 86% de nuestro déficit comercial.

La quiebra del sector fotovoltaico puede provocar la creación de un banco malo para albergar toda la inversión ociosa disponible

De hecho, hay países con una capacidad instalada en energía renovable muy superior, como Alemania o Italia, y allí no hay déficit de tarifa, por lo que hay que mirar hacia los gastos de distribución, la retribución de instalaciones amortizadas, el transporte o la insularidad, como elementos que pueden explicar mucho mejor el abultado déficit de tarifa, y que hay que resolver cuanto antes, seguramente mediante una quita ordenada de deuda.

Las renovables no son responsables del déficit de tarifa y sí de la reducción del precio de la luz y la mejora de la balanza energética

El futuro para este sector pasa, inexorablemente, por la restauración de la seguridad jurídica, por la ruptura del oligopolio eléctrico en materia de ahorro energético y por el autoconsumo y balance neto en los hogares. Este nicho de mercado podría suponer casi el 20% del total de consumo en algunas zonas de España, lo que nos desengancharía de las compañías tradicionales, lo que haría aumentar aún más el déficit tarifario. Es por ello, por lo que este gobierno, y el anterior también, no quiere regular esta actividad de forma clara y transparente. No hay que olvidar que la energía renovable en general, y la fotovoltaica en particular, es el futuro para grandes zonas del planeta. Es limpia, barata y ahorra combustible. Tal vez por ello, no se apoya desde el oligopolio eléctrico y petrolero.


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