Economista ciudadano

Para la banca Sí, para la minería No

Es tradicional en España apoyar a sectores en peligro de extinción, antes de planificar la transición hacia nuevos yacimientos de empleo, como lo prueba ahora el conflicto minero que tiene a grandes comarcas en peligro de inanición. Esta situación ya se vivió hace unos años con la siderurgia, el naval, el textil, y otros, que perecieron por la madurez de dichos sectores, o por la obsolescencia y dumping social de países como Korea o más recientemente China. El cementerio de empresas y sectores que se arrastró a través del INI, tiene hoy en la minería, probablemente el último episodio de este calibre.

La minería es el último eslabón de la gran cadena de reconversiones industriales hechas sin planificación y con resultados de mayor pobreza

El objetivo del Gobierno es, sin duda, acabar con las minas de carbón, incumpliendo el plan que nos llevaba a 2018 para un desmantelamiento progresivo, pero la excusa de la crisis económica ha obligado a cerrar el grifo de las ayudas públicas, por otro lado muy presentes en otros países de nuestro entorno, como Francia o Alemania. El origen de este conflicto, que traspasa la frontera de lo económico puesto que comarcas enteras, e incluso casi provincias y alguna Comunidad, están en peligro de cierre global, se asienta en la minería española no es rentable económicamente, produce un carbón de mala calidad y genera parásitos sociales que viven únicamente de subvenciones públicas. Es curioso que estos mismos argumentos no se apliquen a otros sectores que también están fuertemente subvencionados, como el automóvil, o la propia construcción o por qué no decirlo, ahora el sector financiero.

El Gobierno, de manera unilateral y caprichosa, quiere romper los acuerdos establecidos para la reconversión pactada

La sociedad debe saber que el sector eléctrico es un sector enormemente intervenido y también muy ineficiente, pues produce la energía eléctrica al mayor precio de toda la UE. Además, es un sector que limita y desincentiva el ahorro energético, influye decisivamente en las decisiones políticas y arrastra a los consumidores a una pérdida de bienestar, al operar en régimen de oligopolio, algo que sin embargo no se hace notar a la hora de criticar y criminalizar al sector de la minería. Los ciudadanos debemos saber que estamos pagando la moratoria nuclear, que estamos pagando infraestructuras hidroeléctricas ya amortizadas, por lo tanto, el carbón no es la única especificidad del sector eléctrico que no se rige por los principios de eficiencia.

En el sector eléctrico hay ineficiencias y sobreprecios que pagamos todos, que nadie denuncia, salvo ahora para el carbón

Sin embargo, la diferencia estriba en que la minería es un monocultivo industrial para una población que puede llegar, entre empleos directos e indirectos, a rozar el millón de personas. Además, supondría que toda esta población se debería deslocalizar, sin que su empleabilidad sea en estos momentos fáciles. A esto hay que añadir que existen familias enteras dedicadas a la mina, lo que agrava el problema social. Por ello, ningún gobierno sensato, sensible y responsable puede tratar a toda esta población con el desprecio que está demostrando el Ministro Soria, y no digamos el Presidente del Gobierno que en el pasado, insinuó que podía inaugurar Rodiezmo, ante el abandono de la minería que también demostró el Gobierno anterior. Por supuesto que condeno todas las formas de violencia que algunos mineros están ejerciendo en su legítima lucha por defender su empleo y su supervivencia.

El cierre de las minas, no es un fenómeno solo económico, sino social, pues supone la caída de comarcas enteras en la pobreza

Si el problema es la insostenibilidad de sostener sectores enteros con ayudas públicas, cabe preguntarse qué otros sectores reciben ayudas de forma sistemática, y sin embargo, no son caldo de escarnio mediático y social. Pongamos por ejemplo el automóvil. Cuánto dinero directo o indirecto recibe el sector desde que se convirtió en un sector estratégico. Las cifras hablan de casi un 20% del PIB acumulado en los últimos diez años, amén de otras ayudas como créditos blandos, en algunos casos cesión del terreno público, que luego revenden y se llevan la plusvalía. Y además, si entramos en el tema medioambiental, es verdad que la minería contamina, pero también lo hace el gasoil que ahora se ha revelado como un factor cancerígeno notable, pero de todo ello no se habla.

El sector más obsoleto e ineficiente, que solo puede vivir del dinero público, es el financiero, que sin embargo no se achatarra.

Tal vez, el aspecto más sangrante sea ahora el sector financiero. Si hay ahora un sector poco eficiente es el financiero, que sin embargo hay que salvar íntegramente, sin achatarramiento, a pesar de todos los estudios empíricos rigurosos que demuestran que en España sobra el 50% de la dimensión bancaria. Pero aquí no se escatiman los fondos para recapitalizar las entidades, mientras que para otros sectores se es implacable con la normativa comunitaria, y también con el consejo audiovisual de muchos de los asesores áulicos que tiene este Gobierno en las ondas.

En suma, lo que se debió hacer hace tiempo es preparar el terrenos para la migración profesional hacia otras profesiones. Parte de los fondos mineros se debieron utilizar para esta transición, como hicieron en su día Suecia o Dinamarca con el sector naval. Mediante salario- formación, a los trabajadores se les debió ir preparando para nuevos sectores de producción, y así ahora no estaríamos ante la mayor crisis social y económica que pueden vivir León y Asturias si finalmente el Ministro Soria obra en consecuencia y ejecuta este mazazo, sin ni siquiera recibir a las partes implicadas.

Estamos pues ante la enésima reconversión sin planificación, lo que aboca a las prejubilaciones, la inactividad y una clara pérdida de riqueza y de crecimiento potencial. Sin duda que hay culpables en el sector, algunos sindicalistas muy famosos cuyas amistades peligrosas son muy sospechosas, pero ahora toca fijar principios de equidad y de eficiencia también. Si queremos recortar y quitar privilegios, empezamos por la repatriación gratuita de dividendos de las grandes compañías, la desgravación del fondo de comercio o de las emisiones de deuda, entre otras. Pero sobre todo, hagamos una transición suave para que no haya quebranto social, ya que el remedio será mucho peor que la enfermedad.


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