Economista ciudadano

2013: Otro año para olvidar

La política económica europea, dictada por Alemania y la escuela neoclásica más conservadora, ha vuelto a fracasar a la hora de devolver a la eurozona al crecimiento sostenible.

En conjunto, el año 2013 ha sido el de la asimetría en el crecimiento y la posición del ciclo entre la Eurozona, EE.UU y Japón, el año de la desinflación, de una nueva burbuja en los mercados de deuda soberana y de crédito en China y del gran fracaso de la Unión Bancaria en la UE.

El año 2013 ha sido el de la asimetría en el crecimiento, incipiente deflación y el fracaso de la Unión Bancaria en la UE

La consecuencia intelectual de este balance es que, en primer lugar, la política monetaria expansiva en un contexto de trampa de la liquidez es inocua y genera desigualdad en la distribución de la renta. El resultado ha sido palmario. La expansión monetaria de los grandes bancos centrales sólo ha mejorado los resultados de los grandes mercados bursátiles, es decir, de los agentes que tienen capacidad de ahorro que son las rentas más altas.

Esta asimetría se ha visto más acentuada en la Eurozona donde se ha conjugado una política fiscal contractiva, en un momento de desapalancamiento privado, y una política monetaria expansiva, especialmente en lo que se refiere al volumen de fondos transferidos a los bancos comerciales. Estos han utilizado estos fondos para la compra masiva de deuda pública soberana y también para el 'trading' bursátil que ha provocado subidas artificiales de los índices, especialmente el español, que en nada reflejan la posición del ciclo económico de las distintas economías. Esta política monetaria expansiva tampoco ha generado la expansión de los precios, como los más ortodoxos monetarios preconizan. Es más, en algunos países de la UE se ha coqueteado con la deflación, fruto de las políticas de contracción deliberada de la demanda interna en un proceso de recesión de balances. Estos resultados son un fiel reflejo de un cierto fracaso de la teoría económica tradicional, y también del cierto desprecio intelectual a lo que supone una crisis de deuda privada en colisión con un ajuste fiscal. A esto hay que añadir el fracaso institucional de los bancos centrales en generar inflación moderada incluso con el uso de métodos no convencionales, lo que en conjunto da pie para que se pudiese abrir paso una gran revolución en el pensamiento económico y pudiesen cambiar los planes de estudio en las Universidades.

La política monetaria expansiva ha sido inocua para generar crecimiento e inflación moderada

Otra de las grandes conclusiones del año ha sido que los políticos se han impuesto a los economistas heterodoxos en muchos aspectos. Uno de ellos ha sido el debate sobre la viabilidad del euro, tan extendida cuando se generó la crisis griega. Aquí la hipocresía alemana ha sido palmaria. En el momento del estallido de la crisis de deuda soberana, los bancos alemanes tenían una gran parte de dicha deuda en balance, por lo que negaron la posibilidad de una quita de deuda, temiendo las pérdidas para su sistema financiero. La imposición de una política drástica de ajuste fiscal, junto a medidas de oferta de dudosa efectividad, solo buscaba ganar tiempo para endosar el riesgo griego al BCE. Una vez solventado este problema, y hundida la economía griega, el debate nacional e internacional sobre la viabilidad del euro se ha difuminado y los mercados financieros se han normalizado, volviendo la inversión extranjera a los países del Sur. Estas presiones políticas también se han visto claramente en los episodios acaecidos en EE.UU. cuando el Gobierno tuvo que cerrar unos días por la falta de acuerdo sobre endeudamiento. Se demostró que ante unas encuestas políticas demoledoras para el Partido Republicano, se cerró un acuerdo que en nada tenía relación con el riesgo económico. Finalmente, el supuesto acuerdo sobre unión bancaria en la UE vuelve a mostrar el aspecto más necio de la política. Se ha cerrado, por imposición alemana, sin que haya una verdadera unión y supervisión, con un proceso de resolución de conflictos esencialmente político y poco relacionado con la realidad económica.

La política se ha impuesto a la economía en todos los frentes: salida del euro, unión bancaria y cierre del Gobierno en EE.UU.

En tercer lugar, los llamados BRICS también han sufrido sus episodios de deterioro económico, después de disfrutar de fases alcistas del ciclo empujadas por los precios de las materias primas, lo que han retroalimentado burbujas crediticias, tanto en Brasil, como en China. La previsible ralentización del crecimiento afectará en 2014 a los países más dependientes del consumo de estas economías, especialmente Alemania y EEUU.

Globalmente, y en resumen, nos encontramos con grandes riesgos de estancamiento económico global, una vez que EEUU relaje los estímulos monetarios, con alzas de tipos a largo plazo y pérdidas en los mercados bursátiles. La desigualdad de la distribución de la renta se ha instalado en la mayor parte de economías desarrolladas y en vías de desarrollo y el ajuste fiscal y la política monetaria expansiva, aunque en menor grado, seguirán siendo los ejes de acción económica fruto de la presión de los grandes lo lobbys bancarios y financieros. No se vislumbran quitas de deuda suficientes para poder aligerar la carga financiera de los hogares y empresas. El crédito se mantendrá seco, en parte por la incapacidad de acometer más carga financiera a los agentes privados, pero tampoco públicos. Por todo ello, 2014, será un nuevo año perdido para lograr la recuperación económica, que solo se logrará cuando se recuperen los niveles de crecimiento y empleo anteriores a 2007. Largo me lo fiais amigo Sancho.


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