Economista ciudadano

Nos acecha la deflación

El dato de enero del IPC en España ha añadido más sombras alrededor del debate  sobre si en España, pero también en la UE, pudiéramos estar inmersos en un proceso de deflación. Tanto el IPC general, como el subyacente, es decir aquel que excluye los alimentos frescos y la energía, han arrojado una tasa del 0,2%, muy próxima a cero. Con ello, la probabilidad de observar una inflación negativa en febrero es del 65%.

Con el dato del IPC de enero, el más bajo de los últimos 50 años, la probabilidad de deflación aumenta

Siendo puristas, la mayoría de economistas, así como el Gobierno, se han apresurado a declarar en tromba que en ningún caso estamos ante una situación de deflación a la japonesa, y especialmente algunos de ellos ensalzan las bondades de una reducción tan drástica de la inflación en aras de ganar competitividad precio. El análisis pormenorizado del dato de enero muestra cómo por primera vez en cincuenta años, los precios de los servicios han descendido en enero, un 0,1% respecto a 2013, lo que da idea de la magnitud de la caída de la actividad en dicho sector, lo que corrobora la mala temporada navideña.

La reducción de la actividad explica la caída de los precios de los servicios

Sin embargo, el análisis de la situación de la inflación en España no se hace de forma completa, pues no se están incluyendo los bienes de capital, ni los bienes duraderos, como la vivienda. El pensamiento neoclásico otorga un gran predicamento a la evolución de precios relativos, siendo éstos lo que  ajusta la oferta de factores productivos, léase el factor trabajo o el factor capital. En un contexto como el actual, es sorprendente que se ensalce el hecho de que los precios de los factores, o de de consumo, caigan o se sitúen en valores cercanos a cero, curiosamente en una fase del ciclo en la que la expansión de la política monetaria es notable, tanto en términos de cantidades, como en términos de precio, tipos de interés. Esto indica que la política monetaria, en un contexto de recesión de balances, como es el actual, es irrelevante, ya que lo que se produce es un descenso en la velocidad de circulación del dinero, así como una disfunción en el canal del crédito que anula el efecto del incremento en la cantidad de dinero en circulación.

Es imprescindible analizar la deflación uniendo los bienes de capital y la vivienda

Por tanto, en la coyuntura actual estamos ante una caída de los precios fruto de dos factores clave. Por un lado, la atonía de la actividad y el consumo interno, y por otro la presión que ejerce el exceso de endeudamiento de los agentes que imposibilita la inversión y por tanto la inflación de activos. La política económica procíclica ha posibilitado, junto al recorte del gasto público en inversión y la devaluación salarial, un desplome de los precios de consumo e inversión, lo cual choca aún más en un país poblado de oligopolios y monopolios. Donde más se nota es en los bienes de consumo, y especialmente en los servicios que, a pesar del incremento de los impuestos y la reducción de salarios, muestra una gran debilidad en la demanda agregada.

En los bienes de inversión también es notoria la deflación que ayuda a explicar la reducción de la inversión privada, a lo que hay que unir la escasez y carestía del crédito interno. Esta ausencia de crédito se explica fundamentalmente por el exceso de apalancamiento de las empresas no financieras y financieras en España (más de 3 billones), lo que unido al nivel de morosidad bancaria hacen imposible la apertura del canal de crédito. Si no hay crédito es también porque los bienes de inversión muestran una caída en sus precios y por tanto su rentabilidad futura, lo cual hace muy complicada la salida del estancamiento en el que estamos inmersos. Por tanto, es indispensable un repunte en los precios de los activos de capital para que se reactive el crédito. Esto se entiende mucho mejor en el caso de los bienes inmuebles. El mercado inmobiliario es por naturaleza un mercado de stocks, por lo que son los precios los que determinan la demanda y no al revés. Por tanto, un aumento de los precios aumenta la demanda y reactiva el crédito, mientras que una caída de precios, reduce la demanda y contrae el crédito, es decir lo que está ocurriendo en la actualidad.

Sin aumento de precios de los activos de capital, la inversión y el crédito no se recuperarán

En suma, los que pensamos que es la demanda efectiva la que lidera el crecimiento y que no tenemos un problema de precios relativos, la caída y atonía de la inflación, tanto de consumo, como de activos, indica que estamos inmersos en un serio problema de riesgo de deflación. Si a esto añadimos el grave problema de deuda total, especialmente privada, algo que el mundo neoclásico ignora, tenemos un escenario perfecto para que cualquier shock adicional desencadene un proceso deflacionario que podría perdurar mucho tiempo.

La existencia de un volumen de deuda tan elevada facilita la deflación por deuda

Si a esto añadimos los problemas de medición de precios que tiene el INE, tanto en consumo, como en vivienda, podríamos estar ante una situación de sobrestimación de la inflación, es decir, la realidad podría ser mucho más negativa. Pero para algunos, entre los que se encuentra el Gobierno, esta situación es perfecta para ganar competitividad, lo que indica que no han entendido la dinámica perversa de la deflación por deuda. Tímidamente el Banco de España lo empieza a analizar en algunos de sus últimos documentos. Por tanto, cuidado con la complacencia de los economistas de oferta ante una situación como esta. Lo malo es que son los que salen por la tele y ocupan el Ministerio de Economía y Hacienda y los lobbys que apoyan al ejecutivo.  


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba