Economista ciudadano

Todo por el accionista, pero sin el cliente ni el trabajador

La última junta de accionistas de Telefónica, celebrada en un clima de tensión laboral, volvió a mostrar cuál es el único motor que mueve a las grandes multinacionales, la rentabilidad para sus accionistas. El Presidente Alierta ha prometido un aumento de la rentabilidad por acción del 40% en los dos próximos años. Nada dijo del pésimo servicio que ofrece su empresa, o el trato que da a los trabajadores de las subcontratas que diluyen cada día más, con la aquiescencia de las autoridades públicas, la responsabilidad de la actividad de esta empresa.

Telefónica promete mejorar la retribución del accionista, pero descuida el servicio

Lejos está aquella era en que las direcciones empresariales velaban por el buen servicio a los clientes, o la creación de un clima laboral que permitiese a los trabajadores hacer una carrera digna dentro de la empresa.

Este cambio comenzó a gestarse, de forma significativa, a partir de 1997, y algunos como el directivo norteamericano Jack Wealch, nombrado ejecutivo del siglo XX, han calificado este paradigma como la idea más absurda del mundo.

Bajo la hipótesis nada plausible de un mercado eficiente, los precios de las acciones son la mejor estimación de los ingresos futuros

El origen teórico del concepto es el trabajo seminal de Arrow-Debreu (1950): “en presencia de mercados completos y mercados perfectos, es eficiente que todos los actores económicos actúen en defensa de sus propios intereses". También se identifica con Friedman (1970) que preconizaba que la única responsabilidad social del empresario es utilizar sus recursos y actividades para obtener sus propios beneficios. En suma, bajo la hipótesis nada plausible de un mercado eficiente, los precios de las acciones son la mejor estimación de los ingresos futuros, por los que los gerentes maximizando el valor bursátil, maximizan la riqueza de los accionistas. El argumento utilizado es sencillo: hasta que los gerentes no impongan un sistema retributivo que incluya pago variable, ligado al comportamiento en bolsa, por resultados, las empresas y los accionistas tendrán un comportamiento pobre.

El nuevo paradigma de la maximización del valor del accionista es la idea más absurda del mundo (Jack Wealch)

Un ejemplo de este cambio puede ser IBM. Cuando Tony Watson, hijo del fundador de la compañía enumeró los objetivos de la empresa, respeto por los trabajadores, maximizar la calidad del servicio al cliente y búsqueda de la excelencia, en nada se asemejaba a lo que es hoy la práctica de los que dirigen la empresa. Esto se puede ver en un gráfico ilustrativo.

La secuencia temporal es clara. Mientras mantuvieron la política gerencial clásica, búsqueda de satisfacer al cliente y al trabajador, su comportamiento en bolsa fue pobre, lo que cambió de forma drástica cuando los sucesivos gerentes cambiaron el objetivo por la retribución del accionista como elemento primordial. Sin poder ser un ejercicio del todo científico, sí que existe bastante evidencia del deterioro de variables cualitativas y cuantitativas en la función empresarial, a raíz del cambio de paradigma.

Dos tercios del salario de los mismos están ligados a acciones u opciones, lo que sin duda condiciona de forma significativa el comportamiento de las compañías para con clientes y trabajadores

Este cambio se plasmó, en esencia, en un cambio de retribución de los gerentes de las grandes multinacionales. En esta nueva era, a diferencia de la anterior, dos tercios del salario de los mismos están ligados a acciones u opciones, lo que sin duda condiciona de forma significativa el comportamiento de las compañías para con clientes y trabajadores. Este cambio de modelo de gestión ha traído también una reducción de la vida media de las empresas y la permanencia de los gerentes en las empresas. Ello obliga a intentar maximizar la extracción de renta de las empresas, con ratios de salarios de gerentes sobre la media de la plantilla que hoy puede llevar a ser de 300 o 400 veces.

El cambio de retribución de los CEOS está detrás de este cambio de paradigma empresarial

Los daños más importantes que ha provocado esta forma de gestionar las grandes multinacionales están tasados. Por un lado, una reducción en la tasa de inversión empresarial. Por otro, un aumento de la desigualdad y finalmente una reducción de la participación del factor trabajo en la renta nacional.

Gráficamente lo podemos ver:

La búsqueda de la maximización del valor del accionista explica la reducción de la inversión, empleo y aumento de la desigualdad

En resumen, la estrategia empresarial basada en la maximización del valor del accionista explica una parte sustancial del declive de la inversión y el empleo, además de elevar la desigualdad entre los mayores tenedores de activos bursátiles, y el resto de la población. España no es ajena a esta moda y las grandes corporaciones, de las que dependen servicios básicos como gas, electricidad, pero también telefonía y banca, acumulan la mayor parte de denuncias por mal servicio y abusos laborales. Urge un cambio de paradigma y una vuelta a la maximización del valor de la empresa en función de otros parámetros, como son la excelencia del producto o el servicio y el cuidado del capital humano al servicio del cliente. Esta utopía solo se logrará si se rompe la coalición entre accionistas y gerentes de las empresas. Para ello, hace falta regulación o que la propia sociedad ejerza sus derechos como consumidores y logren hundir a estas compañías.

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Fotografía: La Bolsa de Valores de São Paulo, de Rafael Matsunaga.


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