OPINIÓN

Vuelve la islamofobia

Hoy nos llenamos de dolor, de rabia y de solidaridad, pero mañana volveremos a la rutina de la venda, y seguiremos asistiendo al circo de mentiras y medias verdades que hay detrás del terrorismo internacional. 

Vuelve la islamofobia.
Vuelve la islamofobia. EUROPA PRESS

Es difícil ponerse a escribir con tanto dolor en el alma. Lo sucedido en Barcelona, sin embargo, no deja de ser un pequeño grano de lo que diariamente sucede en multitud de países musulmanes, pero a lo que apenas prestamos atención. Todos los días vuelan por el aire miles de musulmanes asesinados por los yihadistas, financiados eso sí por nuestros aliados en Arabia Saudí, quienes veneramos y agasajamos cada vez que los Reyes u otras autoridades necesitan jugosos contratos para nuestras empresas.

Los terribles atentados en Barcelona no son más que una mínima expresión de lo que ocurre todos los días en el mundo árabe

Esta circunstancia refleja perfectamente la hipocresía de Occidente, esa sociedad opulenta que usa su supuesta posición dominante para ejercer de policía y vigía de las esencias de nuestra cultura y modo de vida. Bajo este falso paradigma se han vuelto a reabrir el tarro de los mejores valedores de la cultura occidental, frente al islamismo opresor que pretende arrebatarnos nuestro sagrado elixir de sociedad blanca, pura y sin mestizajes. Este alarde de ignorancia, racismo y xenofobia ha tenido momentos estelares en las redes sociales, con actores de reparto tan reprobables como el pseudo cantante José Manuel Soto o periodistas como Alfonso Rojo o Isabel San Sebastián que incluso han llamado a la guerra santa contra los árabes que viven en España.

El 80% de los muertos por terrorismo yihadista son musulmanes

Esta falta de conocimiento de la historia, mezclado con odio visceral es un coctel mortal para una sociedad que se dice democrática y que trata de preservar la sangre fría ante el horror indiscriminado. Las falsas acusaciones de que estos terroristas tratan de aniquilar a Occidente cuando el 80% de las muertes en atentados yihadistas se producen entre población musulmana debería hacer reflexionar a quienes la bilis y la falta de cerebro les nubla la vista a la hora de soltar soflamas sobre el inicio de la guerra santa.

La falsa idea de que tratan de aniquilar el modelo occidental solo busca crear un sentimiento islamófobo

Este fenómeno es complejo y tiene muchas aristas, por lo que no cabe reducirlo al simplismo de quienes utilizan las redes y los micrófonos públicos para encender las vísceras ciudadanas al calor de los muertos heridos por tamaña barbarie. Por un lado, hay cierto consenso que gran parte del terror que vivimos hoy se origina en los errores de las invasiones de Irak y Afganistán. Aquí los responsables son conocidos, y las consecuencias de tener un Estado fallido en dichos países explicaría una parte de lo que hoy es el mal llamado Estado Islámico. El sueño de un califato que aglutine a todo el islam, incluido Al-Ándalus ha podido encumbrar a jóvenes a lanzarse a la guerra contra el invasor, y aquí estamos casi todos, pero no parece suficiente explicación para subvertir todo el frágil equilibrio que existía en la zona.

El fenómeno es muy complejo y puede tener su origen en la política internacional de invasión de Irak y Afganistán

Es precisamente la parte económica la que menos se analiza, ya que los actores involucrados son poderosos y seguramente ayudan a Occidente a mantener la opulencia. Una de las pruebas de todo ello es que Arabia Saudí no es atacada nunca, porque probablemente es la que, junto a otros estados de la zona, financia a Daesh, mientras que el resto de países Occidentales, entre los que nos encontramos, engordamos los arsenales, haciendo bueno el dicho de Felipe González:  gato blanco o negro, lo importante es que cace ratones.

El apoyo económico de Arabia Saudí es clave para entender su extensión y sostén

En este silencio participan todos los países occidentales, pero también los grandes medios de comunicación, incluidos los públicos, que prefieren tener en nómina a personas que exaltan la islamofobia, que denunciar e investigar quién financia a los terroristas que acaban matando a occidentales, en una pequeña minoría, pero sobre todo a musulmanes en casi toda la tierra.

Hoy nos llenamos de dolor, de rabia y de solidaridad, pero mañana volveremos a la rutina de la venda, y seguiremos asistiendo al circo de mentiras y medias verdades que hay detrás del terrorismo internacional. Volveremos a vender armas a los supuestos buenos, que acabarán en manos de los malos, las empresas más grandes, con apoyo de Gobiernos y Casas Reales, seguirán haciendo pingues negocios con la monarquía saudí, incluyendo comisiones sospechosas, hasta que llegue el próximo zarpazo. Entonces se activará, de nuevo, el protocolo que nos tienen escrito y que nosotros compramos. Lloraremos a nuestros seres queridos, sentiremos pena por nuestros semejantes unos días, se alzarán voces contra el islam, y el circuito económico no parará.

La hipocresía occidental es manifiesta, llorando a los muertos y apoyando su financiación mediante alianzas con los saudíes

Lo más triste, junto a la muerte de inocentes por supuesto, es la sensación de que no hemos aprendido nada sobre nuestra historia, no sobre nuestro origen, que seguimos mirando al diferente con odio, tal vez por miedo a ser engullido por la globalización. Es cierto que es una minoría la que alza la voz y recuerda la supremacía aria, pero muchas de estas voces tienen altavoces muy potentes, lo que podría desencadenar en una epidemia entre tanta gente que apenas lee el Marca o se informa en redes sociales.

En suma, hay que llorar a los muertos, hay que solidarizarnos con tantos inocentes, aquí y en Bagdad o Yemen, pero también hay que alzar la voz ciudadana contra los que se están lucrando haciendo negocios con la dictadura saudí y que son protegidos por el velo de lo políticamente correcto que invade nuestra sociedad. Tengamos memoria y fuerza para cambiar el relato que se nos impone desde las alturas, y despreciemos a quienes nos lo falsean diariamente. El terrorismo lo cometen las personas, no las religiones, pero éstas siempre tienen un apoyo económico y logístico, y este apoyo está muy cerca de nosotros y tiene nombre y apellido. Solo hay que tener el valor de denunciarlo y boicotear su consumo.


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