Economista ciudadano

Volvamos a los Bancos Centrales o la banca nos hunde

La situación del sistema financiero en general, y en España en particular, está arrastrando a la mayor parte de economías a un callejón sin salida. El bucle que se ha generado es de tal calibre, que las alternativas a una solución a la sueca o la islandesa ya están desechadas y solo se discute quién y cuánto dinero se inyectará a las entidades financieras, aunque por el camino se abandonen a muchas personas.

En este sentido, en el caso de España, las alternativas que se manejan son dos. Por un lado apelar al denominado Mecanismo de Estabilidad Europeo (ESM) o el FMI. En el caso del ESM, lo que en realidad es un tratado de deuda, El capital autorizado será de 700.000 millones de euros. Esta cifra no es baladí y responde al montante que EE.UU. inyectó en el TARP en 2008. Este mecanismo, al margen de las dudas financieras, tiene unas connotaciones escasamente democráticas para los países que suscriben. Por ejemplo, en el artículo 9, se dice :«… los miembros del ESM irrevocable e incondicionalmente se comprometen a pagar sobre demanda cualquier requerimiento de capital realizado sobre ellos dentro de los siete días siguientes a la notificación de dicha demanda». Si el ESM necesita dinero, se dispondrá de siete días para pagar. Pero ¿qué significa ‘irrevocable e incondicionalmente’? ¿Qué pasa si tenemos un nuevo parlamento, uno que no quiera transferirle dinero al ESM.

Las alternativas de intervención financiera son el ESM o FMI, Ambas suponen una regresión democrática para los países miembros.

En esencia, el tratado establece una nueva organización intergubernamental a la que estamos obligados a transferir activos ilimitados en un plazo de siete días si así lo solicita; una organización que puede demandarnos, pero que es inmune a todas las formas de investigación y cuyos administradores gozan de la misma inmunidad. Por su parte, el FMI podría ser otra opción y convertirse en prestamista de última instancia para España e Italia, con unas cantidades estimadas de 110.000 miil€ para España y 220.000 mill€ para Italia.

Pero todo esto es fruto de un proceso de bancarización de la deuda soberana y del arrinconamiento de los Bancos Centrales como financiadores netos de los Estados, frente a la Banca Comercial que está esquilmando los recursos públicos. El caso del BCE es palmario. El 21 de diciembre, el BCE ‘prestó’ 489.000 millones de euros a los bancos europeos a la extremadamente generosa tasa de apenas 1% durante 3 años. El dinero fue absorbido casi instantáneamente por un total de 523 bancos. El BCE espera que los bancos hagan algo útil con él, como prestarle a los griegos, quienes actualmente están pagando un 18% a los mercados de bonos para obtener dinero. Pero no existe absolutamente ningún compromiso. El uso de estos fondos está sirviendo para financiar la deuda de los Estados, como es el caso de España o Grecia. Pero el dilema que surge es claro. ¿Por qué no prestarle el dinero al gobierno griego directamente? ¿O al gobierno portugués, que en la actualidad tiene que pedir dinero prestado a un 11.9%? ¿O al gobierno húngaro, que en la actualidad paga el 8.53%?. ¿O al gobierno irlandés, que paga 8.51%? ¿O al gobierno italiano, que tiene que pagar el 7.06%?. La principal objeción a esa alternativa es que el artículo 123 del Tratado de Lisboa impide que el BCE preste a los gobiernos.

La banca comercial desplazó a los Bancos Centrales de la financiación de los Estados, auspiciado por los lobbys.

En lugar de ratificar el draconiano tratado del ESM, los europeos estarían mejor aconsejados en revertir el artículo 123 del Tratado de Lisboa. A continuación, el BCE podría emitir crédito directamente a los gobiernos que lo integran. Por otra parte, los gobiernos de la zona euro podrían restablecer su soberanía económica con la reactivación de los bancos centrales de naturaleza pública y emplearlos en la emisión del crédito de la nación para beneficio de la misma, efectivamente libre de interés. Esto no es una idea nueva, pero se ha usado históricamente con muy buenos resultados, por ejemplo, en Australia a través del Commonwealth Bank of Australia y en Canadá a través del Banco de Canadá.

Deuda Nacional en Canadá

La pendiente de la curva se convirtió en exponencial a partir de 1974, llegando a la vertical en 1981, cuando los tipos de interés en EE.UU. alcanzaron el 20%. A estos tipos compuestos, la deuda se duplica en cuatro años, algo que está ocurriendo en Grecia y en menor grado en España o Italia. En estos momentos, Canadá paga casi un trillón (dólar canadiense) por su deuda federal, casi el doble que el principal. Si se financiase con cargo al Banco Central, tendría superávit, dados los tipos actuales. 

La financiación de los Estados vía Bancos Centrales es mucho más barata y racional que la banca comercial. Eso se ve muy claro en el caso de Canadá.

Esto es el gran debate que se debería abrir en la actualidad. Si se vuelve a los orígenes en la financiación de los Estados, incluido el BCE, o seguimos bajo el yugo de la banca privada que nos está provocando una situación de recesión sin parangón.


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