Economista ciudadano

Tarifazo eléctrico para cerrar un pésimo año

El año 2013 que ahora acaba se puede catalogar como nefasto en materia de política económica, con un gobierno sin rumbo y sin coherencia política. El colofón a este esperpéntico ejercicio ha sido el espectáculo dado en la resolución del grave problema con la tarifa eléctrica cuya responsabilidad es compartida por este y los anteriores gobiernos.

El año 2013 cierra con un episodio más de volatilidad y ausencia de criterio en materia económica: el tarifazo eléctrico.

La primera cuestión a dilucidar es por qué las compañías eléctricas siguen manipulando y dictando la normativa eléctrica, negando cualquier gobierno a mostrar la huella legislativa que alumbraría, nunca mejor dicho, quién y cómo se legisla en materia energética en España. El ejemplo palmario de esta mala praxis del lobby eléctrico es la norma que impide y arruina a quienes buscamos el autoconsumo en hogares y empresas.

Las compañías eléctricas siguen manipulando a los gobiernos dictando la regulación y normativa

En segundo lugar es muy relevante observar la situación de la oferta y la demanda. Fruto de la crisis y del empobrecimiento de los hogares, la demanda eléctrica ha caído a los niveles de 2005, siendo el año 2013 uno de los peores ejercicios de los últimos años con un descenso del 2,3%. Por el lado de la oferta tenemos una capacidad instalada de más de 101.000 megavatios de potencia, frente a una demanda de apenas 43.000 megavatios dada la coyuntura económica y del brusco descenso especialmente de la actividad industrial. Esto consagra la ausencia manifiesta de una planificación energética acorde con un país desarrollado. En un país eminentemente de servicios, con hogares cada vez más pequeños en tamaño y con unas necesidades energéticas muy diferentes, parece un contrasentido que el mix energético sea el mismo que en 1997. Únicamente la irrupción de la energía eólica, con un 21% del total de la generación, ha roto el establisment de las viejas compañías de ciclo combinado y plantas hidroeléctricas, trufadas de las añejas centrales nucleares que todavía resisten la marea internacional de cierre y revisión.

Existe un exceso de potencia instalada y un mix energético que  deberían ser objeto de planificación para mejorar la eficiencia del mercado

Este resultado, solo alterado por un desarrollo rápido y poco planificado también de las energías renovables, ha desembocado en un mercado eléctrico muy intervenido, poco y mal regulado y con ausencia total de competencia, tras una liberalización y privatización hecha a la medida de compañías y ex ministros y ex presidentes de Gobierno. Por ello, no cumple con ninguna de las premisas que se le supone a un mercado. Transparencia, eficiencia en la asignación de recursos y fijación de precios y equilibrio permanente entre oferta y demanda de productos.

Donde se pone de manifiesto con gran notoriedad estas disfunciones es la retribución de las distintas fuentes  energéticas. Cuando se diseño este mercado se pensó en los ciclos combinados de gas natural iban a ser los protagonistas. Por ello, se vinculó la retribución de las instalaciones nucleares e hidroeléctricas, en su mayoría amortizadas, al precio del gas o al del carbón, lo cual no ha hecho más que acentuar la distorsión en este mercado, especialmente tras la brusca subida de los últimos años.

La retribución de las distintas fuentes energéticas es el ejemplo palmario de la distorsión de este mercado

El cambio en la fijación del precio, yendo hacia un mercado marginalista ha añadido mayor incertidumbre y un encarecimiento ficticio del precio del megavatio. Como es conocido, una gran parte del coste variable de la generación nuclear, hidráulica, eólica o solar es cero, siendo el coste fijo su ítem más relevante. Esto ha elevado el margen de las grandes compañías generadoras de forma significativa a costa de los consumidores y empresarios que venimos sufriendo este abuso y hasta cierto punto esta estafa en la provisión de un bien esencial.

El mercado marginalista choca contra un mercado en el que lo relevante es el coste fijo agrandándose la inflación de precios

El siguiente punto que choca con la lógica económica es la incapacidad para que los cambios en las compañías suministradoras supongan de verdad una modificación de los precios efectivos que pagan los consumidores y empresas. La trampa de la tarifa TUR y la broma del bono social son elementos que en cualquier país serio estarían penados por la autoridad independiente de la competencia, es decir del regulador. Aquí en España, el Gobierno actual cerró con nocturnidad la Comisión Nacional de la Energía para englobarla en un único regulador, en el que no hay expertos en energía, aunque en la anterior no hubiese muchos, lo que prueba el escaso interés por la vigilancia efectiva de la competencia.  Todo esto nos ha llevado a que la regulación sea espasmódica y alcance límites insostenibles que permite la cancelación de primas a las renovables con efectos retroactivos, o que la distribución y el transporte de la energía no cubran los costes de capital, algo inaudito en Europa.

El último episodio ha sido el de la anulación de la última subasta, sin justificación y solo movidos por la alarma social que podría generar un 11% de subida de la luz en enero, tras un encarecimiento de más del 70% desde que se inició la crisis. Un episodio más de las lagunas en conocimiento del Ministro, del miedo que les da la calle y de la ausencia de coraje para imponer un nuevo marco legal transparente y eficiente en el que las renovables y el autoconsumo sean la bandera de un nuevo modelo energético.

La anulación de la subasta energética demuestra que el Gobierno solo se mueve por espasmos de miedo a la calle 

Con todo, la sociedad española seguirá sufriendo la avaricia de las compañías eléctricas, la ausencia de competencia, el oscurantismo y el dictado de la normativa a cualquier partido que llegue al Gobierno. El verdadero poder está en las eléctricas que ya han conseguido la titulización del déficit tarifario. Así nos va.


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